sábado, 5 de febrero de 2011

LA PERLA. John Steinbeck


El escritor californiano John Steinbeck  (1902-1968) pertenece  una generación literaria que, durante la primera mitad del siglo XX, llevó a cabo una profunda renovación de la narrativa norteamericana imponiendo un nuevo estilo y unas técnicas novedosas que aportaron una contribución decisiva en el desarrollo de la novela contemporánea.  El referente magistral de esta generación fue William Faulkner y otros miembros de la misma fueron Ernest Hemingway, John Dos Passos, y Scott Fitzgerald, por citar algunos de los más destacados. Entre las aportaciones técnicas de este grupo conocido como “la generación perdida”, está la ruptura del orden cronológico de  la  acción (“salto atrás”), o el llamado “monólogo interior” que  pretende reproducir el flujo de los pensamientos íntimos del personaje.
        En este contexto literario, la obra de John Steinbeck, considerada globalmente, destaca por su fuerte contenido social y creo que este aspecto fue decisivo cuando se le concedió el Nobel de literatura en 1962. Sus dos obras más famosas fueron “Las uvas de la ira” (1939) y “Al este del Edén” (1952), ambas llevadas al cine, pero también son muy conocidos títulos como “A un dios desconocido”, “Viva Zapata” o “La perla”.
Casi todas  las novelas de Steinbeck están ambientadas en su California natal y tienen como protagonistas las minorías sociales oprimidas; los emigrantes campesinos pobres (Las uvas de la ira), los peones itinerantes (La fuerza bruta), la emigración mejicana (Tortilla Flat), o la minoría india californiana (La perla). Sus personajes muestran la dignidad de los pobres atrapados en un mundo injusto, que luchan por sobreponerse a la miseria, humanos y casi heroicos a pesar de su derrota.
       
Volviendo a la novela que es objeto de este comentario, tengo que decir que “La Perla” es un claro ejemplo de como se puede contar una buena historia en menos de cien páginas. Y es que, a menudo, relacionamos calidad con extensión de la narración y esto no siempre es así. En este caso se trata de un argumento sencillo, escrito en una prosa igualmente sencilla y directa, narrada en tercera persona, escasa en diálogos, con economía y al mismo tiempo gran precisión en los aspectos descriptivos. Como dato curioso cabe destacar el uso repetitivo e intencionado de la conjunción “y” que en mi opinión sirve para dar mayor énfasis a la narración. Se podría decir que se utiliza el lenguaje cinematográfico propio de un guión, y en efecto la novela, como otras del autor, fue llevada finalmente al cine. El argumento y la acción mantienen sobradamente la atención del  lector, con  momentos especialmente intensos como la persecución por el desierto.
        La historia está basada en una leyenda escuchada por Steinbeck  durante sus viajes por la baja California, en  la zona del golfo del mismo nombre. Los personajes son una pareja de indios y su hijo de pocos meses, una familia humilde, de un pueblo indígena apegado a una cultura ancestral ligada a la naturaleza; seres felices en su pobreza, de una religiosidad sincrética entre el cristianismo y sus antiguos dioses y genios telúricos, orgullosos y al mismo tiempo recelosos del hombre blanco que durante siglos los ha dominado y humillado. El hallazgo de una perla  les cambia totalmente la vida por cuanto desencadena la ambición, la envidia  y el acoso de su entorno social que les procurará la desgracia sin conseguir la prometida riqueza. El relato encierra una moraleja: “no hay salvación posible para los pobres”, pero esto no implica un claro planteamiento ideológico por parte del autor sino una descripción de la situación de los humildes en la sociedad californiana, un mundo hostil donde la muerte, la miseria y la codicia forman parte de lo cotidiano, pero donde también hay lugar para el amor y la solidaridad.
        En fin, se trata de una gran novela a la cual se puede aplicar la máxima de Gracián: “lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

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