domingo, 8 de abril de 2012

DEBATES EN TÚSCULO. Marco Tulio Cicerón


Marco Tulio Cicerón (106 a.C.- 43 a.C.) fue uno de los grandes personajes de la república romana en su etapa final. Muy conocido como jurista, orador, y político,  dejó una abundante producción literaria. Menos conocida es su faceta como filósofo y sin embargo se dice de él que fue uno de los introductores de las principales escuelas filosóficas griegas en la literatura romana y que utilizó en sus escritos numerosos términos traducidos del griego convirtiendo de esta forma al latín en una lengua culta capaz de expresar los pensamientos más profundos. Aun así los escritos filosóficos tienen, en mi opinión, un valor secundario en la obra ciceroniana frente a los tratados políticos y los discursos forenses. Sus opiniones filosóficas no son originales sino eclécticas entre distintas escuelas con predominio de la nueva academia platónica. En ética tuvo una fuerte influencia de los estoicos, en la teoría del conocimiento manifestó ideas aristotélicas, y en general parece que rechazaba la filosofía de la escuela epicúrea.  
Los  “Debates el Túsculo” están datados en el 45 a.C. y el propio autor nos dice que los redactó para distraerse y ocupar su ocio tras ser apartado de la vida política activa  y retirarse a su finca en esta ciudad a 25 Km. al sur de Roma. Esta proximidad no era casual ya que en la urbe aún mandaba Cesar así que Cicerón se encontraba en una especie de stand by, que diríamos hoy, esperando acontecimientos alejado pero cerca y presto para retornar. Recientemente había fallecido su hija Tulia y quizás por eso en los debates se tratan temas como la muerte, el dolor, o la aflicción, y cómo debe el sabio enfrentarse a estas perturbaciones anímicas que es principalmente mediante la virtud, no como se entiende en la mentalidad cristiana sino al modo romano y de Cicerón, mediante la ataraxia estoica, es decir, la serenidad e imperturbabilidad del alma.
La obra está escrita como diálogo pero, fiel a su mentalidad ecléctica, Cicerón concibió una forma  mixta del mismo que los especialistas han llamado diálogo-tratado, una mezcla de diálogo platónico y tratado aristotélico. En realidad en éstos  el diálogo es un mero recurso literario porque en realidad no se pretende confrontar ideas antagónicas. Los interlocutores exponen de manera continua, sin interrupción del oponente, (oratio continua) una doctrina determinada lo que conduce en la práctica a una sucesión de monólogos. Además cada libro va precedido de un largo prólogo lo cual da al autor la posibilidad de introducir sus reflexiones filosóficas alternando como interlocutor y prologuista.  
Creo que el interés de la lectura de estos debates no radica en la originalidad de sus conceptos filosóficos sino más bien en disfrutar del estilo literario del escritor, de su gran erudición, de su elegante retórica, del carácter pragmático de sus concepciones éticas, en fin, en vislumbrar bajo los mismos al gran político y jurista que fue en realidad. Quizás mientras los escribía Cicerón presentía ya su próxima muerte, dos años más tarde, víctima de las proscripciones del segundo triunvirato y en particular del odio de Marco Antonio al que había criticado ferozmente en sus “Filípicas”. Estos escritos filosóficos y la temática que abordaban pudieron ser una especie de consolación espiritual para el autor.

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