lunes, 23 de julio de 2012

CAUSAS DE LA GUERRA DE ESPAÑA. Manuel Azaña


No pretendo en este comentario glosar la notable figura política de Manuel Azaña Díaz (1880-1940) porque al hacerlo rebasaría la finalidad y los límites, no declarados pero sí implícitos, fijados en la evolución y el conjunto de las entradas de este blog. Y aún así  resulta francamente difícil  separar en el personaje las facetas política y literaria ya que su obra, no muy abundante pero de gran calidad, está compuesta en su mayor parte por ensayos, diarios, o memorias autobiográficas en los que expresa sus ideas sobre el Estado y su visión de España en la década de los 30. En otro sentido, la enorme y decisiva dimensión política de este auténtico estadista, quizás el único de nuestra reciente historia, ha sepultado y relegado, entre la admiración y la difamación, su importante faceta como escritor. No obstante sus ensayos, escritos en una prosa elegante, culta, y trascendida de oratoria, son fundamentales para comprender y asimilar un periodo convulso de nuestro pasado, el devenir de la Segunda República española  y su epílogo sangriento.
          El presente libro, “Causas de la guerra de España” es una colección de once artículos de prensa publicados en Francia durante los casi dos años de exilio que transcurrieron hasta su muerte en Montauban el año  1940. El primero de ellos, que da título al libro, es un detallado análisis de las causas de la guerra, lo que equivale a decir, del fracaso de la República; los fuertes contrastes sociales de España, las fuerzas políticas opuestas y disgregadoras, la discordia entre las clases sociales, la cuestión catalana, la necesidad de reformas radicales como la agraria etc. En los siguientes artículos o ensayos se estudian otros muchos aspectos de la guerra civil tales como la intervención de ejércitos extranjeros, la política de no intervención, el papel de  la Sociedad de Naciones, la revolución abortada, la organización del ejército republicano, entre otros.
          Lo sorprendente  en este conjunto de artículos  no es qué dicen  sino quien y cuando lo dice. Me explicaré mejor si digo que cualquier historiador actual, con la perspectiva del tiempo pasado y los abundantes testimonios y fuentes, hubiera podido  analizar este periodo histórico con un  máximo de objetividad y rigor. Lo inusual es que un político tan profundamente implicado en los hechos como Azaña, hundido emocionalmente por el fracaso de sus ideales, recién terminada la guerra y en la amargura del exilio, fuera capaz de reflexionar  de forma tan lúcida y objetiva sobre los mismos.  No encontraremos en estos artículos  ni odio, ni reproches, ni afán revanchista hacia los enemigos de la República. En  todo momento hace gala de moderación, objetividad y neutralidad, la de un político obsesionado por una utopía irrealizable en aquellos tiempos, a saber, un régimen democrático formado por ciudadanos, no por súbditos, plenamente conscientes de sus derechos y deberes, que tienda a la justicia social y asegure el bienestar de los mismos. Como intelectual y auténtico filósofo de la política no oculta la responsabilidad de los políticos republicanos al tiempo que está presto a reconocer sus propios errores. Tampoco oculta un cierto grado de amargura que pienso en relación a lo que yo llamo el síndrome de Casandra porque, igual que la sacerdotisa  troyana que profetizaba desgracias y no era escuchada, Azaña con su  clarividencia  y capacidad de análisis  presintió  el fracaso de la República y el desastroso final de la guerra pero sus  recomendaciones al respecto no fueron escuchadas por unos  políticos  eufóricos, frívolos, enardecidos por la revolución, que a principios de la guerra creyeron que  ésta sería corta y el alzamiento militar sería aplastado con prontitud.
          En cuanto al estilo literario  de estos  escritos  es sencillo  al tiempo que culto, de un clasicismo castellano que recuerda a los escritores conceptistas de nuestro siglo de oro, capaz de expresar  conceptos políticos  con claridad y brevedad. Se le puede reprochar un cierto abuso de términos franceses y de galicismos quizás influenciado por la publicación en la prensa francesa. No me extenderé más, salvo para recomendar la lectura de este breve libro a los que quieran comprender mejor nuestra historia reciente.  Para terminar  recordaré una anécdota histórica. Manuel Azaña murió en Montauban el 3 de noviembre de 1940. El régimen colaboracionista francés del mariscal Pétain le negó el entierro con honores de  Jefe de Estado y prohibió que su féretro fuera cubierto con la bandera republicana. El embajador de México, presente en mismo, dijo en un discurso dirigiéndose al prefecto francés: “Lo cubrirá con orgullo la bandera de México. Para nosotros será un privilegio, para los republicanos una esperanza, y para ustedes, una dolorosa lección”

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