viernes, 21 de noviembre de 2014

CONCIERTO SANTA CECILIA 2014

Este mes de noviembre está siendo inusualmente abundante en eventos musicales. En la tarde de ayer tuvimos oportunidad de asistir a un concierto de profesores y alumnos del Conservatorio de Jaén en ocasión de la festividad de Santa Cecilia, una virgen y mártir romana de curiosa historia ya que debe su tradicional patronazgo de la música a un error en la traducción de las actas latinas que cuentan su martirio.
El programa escogido era muy apropiado para los aficionados, porque incluyó las dos obras más populares del compositor George Gerswin (1898-1937). La Rapsody in blue (1924) es sin duda una de las obras más famosas del repertorio de música clásica. La hemos oído multitud de veces, no sólo en  conciertos sino en bandas sonoras de películas y en muchos otros espectáculos musicales. Su título alude tanto al género musical del blues como a su significado literal de melancolía o tristeza. La rapsodia es una pieza musical típica del romanticismo que mezcla dos temas libremente, uno lento y otro más rápido y dinámico, consiguiendo de esta forma una brillante composición. La de Gerswin, escrita para piano y orquesta, combina a la perfección la tradición pianística clásica con los aires de las bandas de jazz. La obra comienza con un solo de clarinete, conocido en el argot técnico musical como glissando, que se ha hecho célebre entre los clarinetistas por su dificultad. Después se añaden al mismo tema los trombones, trompetas y otros de viento para dar entrada al piano. El resto de la composición alterna los solos de piano con las partes orquestales para terminar en un apoteósico final. En nuestra representación, el solo inicial del clarinete sonó como dislocado o desacorde. Mis carencias musicales me impiden explicar porqué, pero el oído no engaña por más que sea un humilde aficionado. El pianista, Juanjo Mudarra, tuvo en cambio una actuación notable y al final de la interpretación nos regaló con una breve pieza, fuera de programa y desconocida para mí, aunque me atrevería a decir que por su estilo era del mismo compositor. La orquesta ofreció un buen contrapunto al solista.
         Un americano en París (1928) fue compuesta por Gerswin después de un viaje que hizo a esta ciudad para ampliar sus conocimientos musicales. Se trata de una pieza orquestal en la que el compositor intentó reflejar sus impresiones sobre la capital francesa con evocación de sonidos urbanos y sus paseos por los Campos Elíseos y la Rive Gauche del Sena, el barrio de los artistas y escritores. En ella se mezclan románticos solos de violín y aires populares franceses con sonidos de trompeta que recuerdan el ragtime de los años veinte, uno de los estilos musicales que más influencia tuvo en la evolución del jazz. Esta composición se presta especialmente al lucimiento de la orquesta al completo y la  nuestra supo aprovecharlo.  Resaltaron en ella tanto la cuerda como el viento, incluso la percusión tuvo un papel destacado.
         Las dos obras fueron interpretadas en un tempo más lento del habitual y esto en mi opinión puede facilitar su ejecución pero resta espectacularidad a la interpretación. De cualquier forma hemos disfrutado de una meritoria y agradable velada musical.
         
       


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