lunes, 2 de mayo de 2016

EL FLORIDO PENSIL. Adaptación teatral. Small Cowns

A mediados de los 90, superada ya la agitada etapa de la Transición, Andrés Sopeña Monsalve, escritor y profesor de la Universidad de Granada, publicó El Florido Pensil subtitulado “memoria de la escuela nacional-católica”. Se trata de un ensayo novelado y un auténtico ejercicio de memoria histórica sobre la educación en la etapa del franquismo temprano que se prolongó hasta bien entrados los años 60. La obra fue un gran éxito editorial que provoco la sonrisa o la risa de los que recibimos aquella educación basada en la memorización antes que la comprensión, saturada de términos pomposos y vacuos e intensa en adoctrinamiento político y prejuicios religiosos. La popularidad que alcanzó el libro se sustentaba en la evocación de nuestra propia infancia pero también en el humor suscitado por la reproducción de textos escolares de la época –Enciclopedia Álvarez y otros- seguidos por comentarios irónicos del autor que nos hacían comprender, con la perspectiva que aporta el paso del tiempo, lo absurdo de aquella educación autoritaria y dogmática.
          Ahora, pasados otros veinte años, hemos asistido a esta representación teatral de la obra. Desconozco si la actual adaptación sigue la realizada por el grupo vasco Tanttaka en 1996, tan solo dos años después de la edición del libro. En cualquier caso no debe ser fácil pasar al teatro un texto literario con ausencia casi total de diálogos. Con este condicionante la adaptación tiene que ser por fuerza muy libre y el resultado puede ser dudoso. En esta ocasión, la versión aunque diferente no desmerece del original. Antes que la sonrisa irónica se ha buscado y conseguido la carcajada franca del espectador, mediante el recurso al histrionismo basado en la mímica y la hipérbole en la dicción. Algunos personajes me recordaron los tipos bufonescos de la comedia latina, en este caso el maestro autoritario e ignorante, el profesor de gimnasia mutilado de guerra, el cura obsesionado por el sexto mandamiento o el inspector escolar franquista. También las interpelaciones o provocaciones al público aportaron esa sensación de improvisación tan típica de la comedia atelana romana. Las actrices en el papel de alumnas estuvieron magníficas.
          La compañía teatral Small Clowns, que no hace mucho representó el drama La casa de Bernarda Alba, ha demostrado con esta adaptación que se desenvuelve también estupendamente en el escenario cómico. Estos grupos, entre amateur y profesionales, me parecen una buena escuela de actores y una esperanza para vivificar el teatro en nuestra ciudad. La representación fue un éxito de público que quedó muy satisfecho a la salida de la misma.

          Una vez más, gracias a esa cualidad selectiva de la memoria, nos hemos reído de nuestra infancia olvidando aquella amenazante palmeta que tanto nos la amargó en su momento.

3 comentarios:

  1. ¡Je, je! Risa la que nos va a dar cuando llegue el día en que el ministro de educación haya estudiado con la ESO… Lo siento, no he podido evitar el chiste.

    Saludos y un abrazo.


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  2. Llevas razón, la educación de la ESO tampoco es para tirar cohetes. Por esos movimientos pendulares de la historia hemos pasado de la memorización excesiva a la falta total de memorización. Los contenidos son cada vez más escuetos y superficiales. Bueno, que te voy a decir a tí. En realidad al poder político siempre le ha interesado o adoctrinar o empobrecer culturalmente al alumno. Es la única forma de no tener ciudadanos críticos. Un abrazo.

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  3. Si solo fuera cuestión de memoria… Lo peor de todo es la formación universitaria de los futuros maestros. Mi experiencia, sálvese quien pueda, con los alumnos/as que hacen las prácticas en los colegios es descorazonadora y desesperanzadora. No hablo de la incultura de la que hacen gala; Lamentablemente, y no es una hipérbole, hablo de analfabetismo, de ausencia de valores… ¿Por qué no hay una selección como ocurre en otras carreras universitarias?

    Un abrazo.

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