domingo, 16 de enero de 2011

LA PESTE. Albert Camus


Albert Camus, junto a Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, es uno de los representantes más destacados del existencialismo francés de postguerra. En su corta vida desarrolló una importante producción literaria, como novelista, dramaturgo, y ensayista, fuertemente impregnada de su pensamiento político y filosófico. En política abandonó su militancia comunista tras el  pacto germano-soviético de 1939, derivando  hacia el anarquismo, y en filosofía, partiendo de un existencialismo ateo, evolucionó hacia posturas nihilistas. Su principal originalidad dentro de este movimiento  fue la formulación de la llamada “filosofía del absurdo” mediante la cual rechaza la necesidad de encontrar un sentido o significado a la existencia del hombre dentro del universo. Es el racionalismo humano el que tiende a buscar relaciones de causa-efecto y cuando  fracasa en este intento se llega al  “absurdo” que, de forma paradójica, puede ser positivo ya que cuando ponemos en duda la necesidad racionalista de dar un principio o una causa a todo, hacemos al mismo tiempo que “lo absurdo” se desvanezca.

La Peste (1947) es quizás la novela más representativa de Camus. Escrita en un estilo sobrio al  modo de una crónica,  narra lo sucedido en la ciudad argelina de Oran durante una supuesta epidemia de peste que obliga al aislamiento de sus habitantes. El relato, las vivencias, y los diálogos de los personajes, dan pie al autor para manifestar sus ideas filosóficas, bien mediante el discurso o la alegoría. La epidemia  simboliza el sin sentido, el “absurdo”, no sujeta a reglas claras en cuanto a su transmisión y desarrollo, algo contra lo que apenas se puede luchar, un desafío al racionalismo que hunde al hombre en la angustia al tiempo que lo aísla, lo exilia de sus semejantes, y le hace perder la libertad, una cualidad esencial según el existencialismo ya que sin ella el hombre no puede desarrollar su existencia, hacerse a sí mismo, y en consecuencia pierde su esencia y no es.
La peste da motivo además para confrontar la actitud religiosa y atea frente al desastre. La crítica del autor es aquí  implacable. El cura Paneloux  que se enfrenta a la epidemia con sermones y rogativas y la justifica mediante el recurso a la expiación del pecado y los designios divinos, termina dudando cuando presencia la muerte de un niño inocente y se incorpora a la lucha activa y pragmática contra la enfermedad.
La narración es también una alegoría crítica de las ideologías totalitarias, en concreto al régimen nazi y sus efectos devastadores en la Europa ocupada durante la pasada guerra. Entre los personajes podemos distinguir sin confusión al resistente, al colaboracionista y a muchos otros, en tanto que las situaciones descritas en el relato aluden claramente a los campos de exterminio nazi, los hornos crematorios, a la victoria final sobre el nazismo y la represión de los colaboradores.
        La obra destaca la miseria del hombre pero también es un canto a sus virtudes, en especial a la solidaridad que, para Camus, debe de estar desprovista de sentido religioso (caridad) o moral (bien, deber), para ser una opción libre mediante la cual nos hacemos y formamos como hombres en el devenir de nuestra existencia.
El existencialismo fue en su momento, en España, una filosofía con algo de mala prensa, que se nos presentaba  como “políticamente poco correcta”, y eso por su ateísmo beligerante, la tendencia nihilista, y su exaltación del individuo frente a la sociedad. En los libros de historia de la filosofía de nuestra educación media era apenas un nombre, el de sus representantes, al tiempo que se destacaban sólo las connotaciones supuestas negativas, ateísmo, comunismo etc. En fin, podemos discrepar con algunos de sus postulados pero debe reconocerse su aportación como el último de los grandes movimientos de la filosofía occidental.
        La Peste es en resumen una obra rica en matices. En ella se nos presenta un Camus, quizás menos filosófico pero más humano y emotivo  Para mí era, junto con El extranjero, una especie de “asignatura pendiente” de lectura. Por fin, después de tantos años he descubierto a un autor y su obra. Me ha enriquecido y he conseguido liberarme de los prejuicios provocados por la etiqueta de “maldita” que le endosaron injustamente.

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