No se puede negar el éxito
actual de la novela histórica. Para un lector poco conocedor de la Historia es
muy agradable aprenderla edulcorada con la ficción. Pero la saturación actual
del mercado editorial no asegura la notoriedad de una novela ni el renombre de
un escritor, ante un lector desorientado por el exceso de oferta.
Ante la fórmula historia + ficción, este subgénero narrativo
oscila entre dos polos según la proporción de ambas: Entre la precisión de la
historia novelada de Santiago Posteguillo y la aventura histórica de Arturo
Pérez Reverte.
En cuanto a la lectura que hoy comento, el autor reconoce
honestamente que, salvo algunos nombres como Trajano, Adriano o Apolodoro de
Damasco, casi todos los personajes y eventos del relato son ficticios. Sin
embargo, me parece que la documentación histórica sobre la antigua Roma es
bastante rigurosa. Y ante todo, esa voluntad de exactitud se manifiesta en
aspectos concretos de la ingeniería romana.
Nada tiene de extraño lo antes dicho si consideramos que Blas
Malo Poyatos (1977) es ingeniero de caminos y apasionado por la
historia. Como escritor ha conjugado formación académica con esa afición, en
unas once novelas de las cuales esta que comento es la última.
La decisión del César (2025) tiene un marco temporal
y espacial muy concreto, el imperio de Trajano y la ciudad de Itálica. La
historia se desarrolla de forma lineal durante el reinado de este emperador, lo
cual no impide algún salto al pasado cuando se narra la fundación de Itálica por
Escipión el Africano. También se deslocaliza con los viajes del protagonista a
Córdoba o Roma.
El foco de la trama se centra en Cayo Mumio Secundo
eterno aspirante al cargo de duunviro, magistratura local y colegiada,
en competición con su hermano Mumio Cátulo. Su ambición le lleva
distinguirse al proponer una obra faraónica, un túnel que atraviese el Betis y
una las ciudades de Híspalis e Itálica. Un proyecto que nadie apoya frente a
los tradicionales puentes, pero entusiasma al propio emperador. El argumento se
desarrolla en torno a las traiciones, sobornos y sabotajes que desencadena la construcción del
túnel y también la rivalidad entre ciudades e intereses de los gremios locales.
En el antagonismo entre hermanos, Secundus es ambicioso pero honrado
frente al oportunista Cátulo.
Durante el desarrollo del relato aprendemos sobre
magistraturas locales y provinciales, instituciones políticas, costumbres
sociales y los equilibrios entre la administraciones imperial, provincial y
local en cuanto al reparto de gastos, algo que nos parece muy actual. Asistimos
también a las colosales obras que Trajano inició en Roma gracias al oro del
dacio Decébalo. Las descripciones sobre técnicas romanas de construcción son
muy frecuentes y extensas.
En cuanto a lo menos importante, decir que la edición de la
novela ha sido muy cuidada en cuanto a portada y contraportada, e incluye mapas
al principio y final de la misma. Más interesante es el estilo sencillo y directo del autor
que alivia un tanto la densidad documental de la obra. Se narra en tercera
persona por un narrador testigo que, al desenlace previsible en el epílogo,
resulta ser la crónica de la hija del protagonista. Al final unas notas del
escritor nos aclaran que en la actualidad se han presentado proyectos de
túneles bajo el río, factibles con los medios técnicos que disponemos, pero
igual de costosos que en la antigüedad romana.
Por último, la trama argumental adolece de cierta falta de
tensión narrativa, de una acción quizás más dramática. Volviendo a aquella polaridad
entre historia y aventura, podemos ilustrarlo con el dicho: “La caballería
se pasa y la infantería no llega”. De cualquier forma, estamos ante una
buena novela. Yo la recomendaría más a los aficionados “muy cafeteros”
que a los poco versados.