miércoles, 25 de septiembre de 2019

MORAS Y CRISTIANAS. Ángeles de Irisarri- Magdalena Lasala


Las escritoras zaragozanas Ángeles Irisarri Magdalena Lasala suman entre ambas una producción narrativa de cierta entidad centrada principalmente en la novela histórica. La primera enmarca sus novelas en los reinos cristianos durante la transición entre Alta y Baja Edad Media (siglos X, XI). La segunda en el Califato cordobés y los incipientes reinos de taifas durante el mismo periodo. En esta colección de relatos han colaborado para aunar e ilustrar, bajo un enfoque  complementario, la convivencia de dos culturas aparentemente enfrentadas; el esplendor del Al-Ándalus musulmán a las puertas de su decadencia, y los embrionarios reinos del norte peninsular que iniciaban ya la reconquista bajo el estandarte de la cruz. Dos mundos en absoluto estancos sino más permeables de lo que a veces nos hizo creer la historiografía oficial.
Moras y cristianas (1998) indica, ya desde el propio título, la clara intención de hacer visible a la mujer medieval en sus ilusiones y frustraciones, en sus miedos y alegrías, pero también en la valentía para enfrentarse a la adversidad y en el decisivo papel de algunas de ellas en la política o el arte de su época. Pero más allá de eso, los cuentos resultantes nos ofrecen en su ambientación un fresco bastante verosímil de esos dos mundos, islámico y cristiano, aún no definitivamente enfrentados por el fanatismo religioso, donde fue posible la tolerancia y la convivencia de mozárabes, muladíes, moriscos y judíos como minorías aceptadas. 
La estructuración de los relatos nos recuerda las Vidas paralelas de Plutarco al emparejar a las protagonistas, moras con cristianas, pertenecientes a variadas profesiones y tipos, desde esclavas, prostitutas y campesinas, ascendiendo en la escala social hasta intelectuales, nobles y reinas. De algunas historias se puede entresacar una moraleja; el ansia de libertad, el orgullo castigado o la avaricia que arrastra a la muerte. La mayoría de las protagonistas son ficticias, aunque se las rodea de personajes reales secundarios que refuerzan la ambientación sin que sus actos se ajusten exactamente a la realidad. Algunas, como Wallada la princesa poeta, Ende pintora de miniaturas, o la reina Toda de Navarra son figuras históricas recogidas en las crónicas, aunque también en ellas se destacan aspectos más literarios que rigurosamente históricos. A fin de cuentas, la historia, si además es antigua, tiene siempre un importante componente legendario y subjetivo, elementos imprescindibles de todo buen cuento.
En los relatos de cristianas se aprecia bien la buena formación histórica de Ángeles Irisarri. Por el contra, en los de Magdalena Lasala predomina más lo poético y literario, hasta el punto de recordarnos los cuentos de Las mil y una noches. Se ha criticado en ambas que sus protagonistas femeninas son en cierta forma antagónicas del prototipo de mujer medieval. Yo no diría tanto, pero es cierto que sus habilidades y deseos de liberación superan en mucho lo previsible en esa época. También lo es que, en muchas ocasiones, ponen en boca de sus personajes dichos o reflexiones intimas que son más propias de la mujer actual.
En referencia a la ambientación, me parece un tanto excesiva en destacar los tópicos históricos que todos tenemos asumidos sobre la superioridad cultural y técnica de los musulmanes de Al-Ándalus. Demasiada opulencia en éstos frente al atraso de los cristianos.
Se trata en definitiva de una colección de relatos breves, con bastantes aciertos en amenidad y en lo divulgativo frente unas pocas carencias relativas al rigor histórico y algún exceso en el refuerzo de ideas preconcebidas. Agradables de leer, pareja por pareja, de forma discontinua a ratos perdidos. 

lunes, 9 de septiembre de 2019

MOMENTOS ESTELARES DE LA HUMANIDAD. Stefan Zweig


No me queda mucho por añadir sobre la biografía de Stefan Zweig (1881-1942) que en anteriores entradas he intentado resumir a grandes rasgos. Solo insistiré en mi admiración por la obra de este escritor austriaco, extensa, variada y de estilo inconfundible, que fue muy popular en el primer tercio del siglo XX para ser luego progresivamente olvidada. Por suerte, parece que de nuevo renace el interés por sus novelas y relatos breves que actualmente están siendo reeditados. Y eso me ha permitido descubrir al que, hasta hace poco, era para mí sólo un nombre memorizado en los estudios juveniles, junto a uno o dos de sus títulos más significativos. El encuentro con él que quizás sea el último de los grandes clásicos de la literatura.
Se dice que Momentos estelares de la humanidad (1927) la escribió Zweig a lo largo de veinte años. Me parece totalmente justificado si consideramos que el texto resultante evidencia, ya desde las primeras páginas, una minuciosa documentación y un alto grado de refinamiento en la elaboración literaria. El mismo subtítulo nos lo sugiere cuando considera esos momentos como miniaturas históricas, aunando en el nombre la idea de obra pequeña y de primorosa factura.
Se trata de una colección de catorce relatos breves que son pura historia novelada y nos hacen evocar a aquellos historiadores antiguos, como Tito Livio (Ab urbe condita) o Plutarco (Vidas paralelas), para los que la historia era, ante todo, literatura y lección moral. Son episodios históricos que el autor considera decisivos desde su punto de vista. Algunos son reconocidos como tales por la historiografía. Tal es el caso de Cicerón, el último defensor de la republica romana frente al naciente imperio, o La conquista de Bizancio que narra el angustioso asedio de Constantinopla por el sultán Mehmet II en 1453, de tan alto valor simbólico en Occidente que es considerado como la fecha que señala el cambio de época a la Edad Moderna.  En otros relatos se ponen en evidencia grandes paradojas históricas. En La Marsellesa se cuenta la creación de un himno que simbolizó universalmente la revolución mientras su compositor, el músico y militar Rouget de Lisle, era injustamente olvidado. La historia de J.A Sutter, pionero suizo que se enriqueció en California durante la colonización del Oeste americano, evoca la del rey Midas cuando se arruinó por el descubrimiento de oro en sus tierras. También encontramos relatos de grandes errores individuales que provocaron la caída de un imperio, como en Waterloo porque un general subalterno y rígido seguidor de órdenes superiores fue la causa del error táctico que derrotó a Napoleón. O el fracaso del presidente norteamericano Woodrow Wilson en su idea de imponer una paz justa para la derrotada Alemania en la Gran Guerra, lo que a la larga conduciría a la Segunda Guerra Mundial. Incluso se narra la tenacidad de individuos que provocaron cambios fundamentales como Cyrus W. Field que consiguió unir Europa y América mediante un cable telegráfico submarino. Y heroicas gestas como la de Núñez de Balboa o Scott, el explorador inglés del Polo sur, que tuvieron un dramático final.
Todos los relatos son rigurosamente históricos pero el escritor los hace amenos ocultando deliberadamente su erudición mediante un estilo elegante y atractivo que evita la frialdad del relato estricto de los hechos, o el análisis de causas y efectos, e incide en lo poético, en los aspectos emotivos y éticos de la historia hasta elevarla a las cumbres de la épica. El destino juega en aquellos un papel decisivo que nos recuerda vivamente la tragedia griega y el caprichoso papel de los dioses que elevan a los mortales a la fama para después dejarlos caer en el infierno.
         Para terminar, una obra impresionante. Mucho más que historia, es ante todo literatura en estado puro.
         Una nota final para quien se decida leer este libro. Buscar la edición cuya portada se reproduce arriba, traducida por Berta Vias Mahou. En mis manos tuve otra edición con una traducción tan lamentable que desvirtúa el texto hasta hacerlo incomprensible