martes, 14 de febrero de 2012

FASTOS. Ovidio


Publio Ovidio Naso (43 a.C.–17 d.C.) fue, junto con Horacio y Virgilio, uno de los poetas protegidos por Mecenas durante la época del emperador Octavio Augusto. Si el último puede ser considerado como el poeta oficial del nuevo régimen imperial, cantor de los orígenes y la gloria de Roma en su poema épico “Eneida”, Ovidio fue de alguna forma el poeta maldito. Adquirió fama y  prestigio con sus dos principales obras “Las metamorfosis” y “Arte de amar” pero ésta última le atrajo la desgracia y la proscripción.
 “Fastos” es una de las obras menos conocidas del autor latino. Se trata de lo que los romanos llamaban poesía didáctica, pero naturalmente con la traducción al castellano el poema pierde la rima y se transforma en prosa. El término latino fastus alude a cualquier división del tiempo, como meses o días. Los fastus eran también los días hábiles en que funcionaban los tribunales y se podían hacer negocios en el foro. Por contra, los días nec fastus eran los días que cerraban los tribunales por alguna festividad religiosa. De estos últimos deriva nuestra palabra “nefasto” cuyo significado actual (triste, funesto) contrasta con el original latino (día festivo).
En este tratado, el poeta mezcló elementos  diversos y heterogéneos como astrología, mitología, descripción de fiestas, ceremonias religiosas, y algunos episodios de la historia de Roma, todo ello en relación a los meses del año. La obra quedó incompleta y sólo se recogen los seis primeros meses. Parece que durante su elaboración Ovidio fue desterrado por Augusto a las costas del Mar Negro y después no pudo o no quiso continuarla. No se sabe a ciencia cierta el motivo del destierro. Se dice que pudo tener relación con la edición del “Ars amandi” que contravenía  claramente las estrictas normas de moralización que pretendía introducir el emperador en la sociedad romana. De nada le sirvió a Ovidio añadir en este poema frecuentes frases que glorifican la estirpe de Augusto, algunas de ellas descaradamente adulatorias.
De cualquier forma, los “Fastos” son de agradable lectura. A pesar de la pérdida de la rima, la poesía trasciende el texto y en ocasiones parece prosa poética. Es interesante además como fuente para el estudio del origen de fiestas, ritos religiosos, tradiciones romanas y, aquí de nuevo, Ovidio hace gala de su enorme erudición mitológica. En cambio, según han demostrado los historiadores que analizaron la obra, sus conocimientos astrológicos son bastante más limitados y comete frecuentes errores. Da la impresión de ser una obra hecha para entretener. En algunos momentos los relatos tienen cierto toque de ingenuidad y en otras ocasiones los elogios a la familia imperial parecen esconder un punto de ironía. Quizás dejó inacabada su redacción porque ya no se divertía escribiéndola, o quizás, quien sabe, fue su forma de vengarse del emperador. Augusto murió en año 14 d.C. pero el poeta fue olvidado en su exilio y le siguió al Averno (o al Eliseo) tres años más tarde. 

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