lunes, 9 de enero de 2017

MALENA ES UN NOMBRE DE TANGO. Almudena Grandes

Hay libros difíciles de comentar y no precisamente por su complejidad sino, al contrario y paradójicamente, por su sencillez. Son historias lineales sin demasiada dificultad o artificio argumental, con giros y desenlaces a menudo algo previsibles, y personajes con matices éticos dualistas, dicho todo esto sin intención peyorativa. En estos casos, cualquier intento descriptivo de lo argumental puede ser demasiado explícito y comporta el riesgo de arruinar el relato a futuros lectoresEse miedo a destripar la trama -spoiler para los ingleses– lo tengo con esta novela, que fue la tercera de Almudena Grandes y todo un éxito editorial en su momento.
La escritora madrileña se dio a conocer en el panorama literario español con otro gran éxito de ventas, Las edades de Lulú (1989), ganadora del Premio La Sonrisa Vertical de novela erótica, que fue versionada al cine por Bigas Luna, como otras muchas de sus obras. Desde entonces se ha convertido en una autora muy mediática no sólo en el ámbito literario, también como columnista en prensa, contertulia radiofónica y por su reconocido compromiso social y de militancia política. En este último aspecto es una figura controvertida por sus opiniones, a veces radicales, pero siempre sinceras y espontáneas. En cuanto a la obra literaria, la crítica destaca su prosa realista de estilo galdosiano, con toques cervantinos cuando construye relatos complejos con pequeñas historias incluidas en los mismos. Yo no sabría valorar  en su justa medida la influencia de estos eminentes escritores como fuente de inspiración, pero esta es la tercera novela que leo de la autora y puedo decir que sus relatos son interesantes, de los que atrapan al lector, con cierta profundidad en el tratamiento psicológico de los personajes, sobre todo los femeninos, en los que parece volcar parte de sí misma, de sus propias vivencias y sensibilidad y así los reviste de una sincera emotividad. Su estilo narrativo es florido en lo descriptivo pero claro y directo. Como objeción, señalar la tendencia a los párrafos excesivamente largos que van enlazando oraciones sucesivas hasta hacer perder el hilo del relato cuando llega el ansiado punto y aparte.
Sobre Malena es un nombre de tango (1994) me parece apropiado copiar aquí el resumen de contraportada y no extenderme en mayores descripciones argumentales: “Malena tiene doce años cuando recibe, sin razón, y sin derecho alguno, de manos de su abuelo el último tesoro que conserva la familia: una esmeralda antigua, sin tallar, de la que ella nunca podrá hablar porque algún día le salvará la vida. A partir de entonces, esa niña desorientada y perpleja, que reza en silencio para volverse niño porque presiente que jamás conseguirá parecerse a su hermana melliza, Reina, la mujer perfecta, empieza a sospechar que no es la primera Fernández de Alcántara incapaz de encontrar el lugar adecuado en el mundo. Se propone entonces desenmarañar el laberinto de secretos que late bajo la apacible piel de su familia, una ejemplar familia burguesa madrileña. A la sombra de una vieja maldición, Malena aprende a mirarse, como en un espejo, en la memoria de quienes se creyeron malditos antes que ella y descubre, mientras alcanza la madurez, un reflejo de  sus miedos y de su amor en la sucesión de mujeres imperfectas que la han precedido”.
Con Malena, la escritora hace un ejercicio de introspección en la psicología femenina en distintas etapas de la vida de la protagonista; la confusa identidad y los celos de la infancia, el amor y el desengaño, la rebeldía reprimida o el sentimiento de culpabilidad en la adolescencia. En medio de esa tormenta de sentimientos encontrados, Malena se refugia en sus instintos y en conflictivas relaciones hasta alcanzar la madurez y la estabilidad emocional.
La acción se ambienta en el periodo que va desde el  franquismo tardío de los años 60 hasta la transición a la democracia, aunque en la evocación de historias familiares se remonta a la guerra civil. En este sentido la novela es además una crónica de la evolución de la sociedad española en este largo periodo, más enfocada en los aspectos sentimentales, desde la indisoluble relación matrimonial con la santa esposa, hipócritamente aliviada con la bigamia, más o menos encubierta, del amancebamiento, hasta el divorcio y la libertad en la relación de pareja.
Aunque esta no es una novela erótica, el erotismo es un elemento importante en el relato. Almudena Grandes nos demuestra una vez más su habilidad para mantenerse en ese espacio sin traspasar la tenue frontera que lo separa de lo pornográfico. Aunque las descripciones no rehúyen algunos vocablos coloquiales o vulgares, la insinuación predomina sobre lo explícito. Es además un erotismo intimista, narrado en primera persona por la protagonista, que nos muestra el amor, el deseo y la fantasía sexual desde una óptica femenina, algo que muchos hombres desconocen o se empeñan en ignorar.
En fin, una novela interesante y entretenida que, a pesar del éxito que tuvo entre el público lector, no supera en emotividad ni en intensidad narrativa a otras obras de la autora de menor repercusión mediática. Me sigue gustando Almudena Grandes y creo que muchas lectoras estarán de acuerdo conmigo.    

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