martes, 24 de noviembre de 2020

MISERICORDIA. Benito Pérez Galdós

El libro de hoy es la propuesta mensual de mi club de lectura ofrecida en un volumen de la editorial Anaya. Se trata de una edición de 1984 que incluye un prólogo del propio autor, con ilustraciones de Leonardo Alenza (1807-1845) y en el apéndice una colección de notas, biografía del autor y un extenso comentario al texto a cargo del escritor y crítico Pascual Izquierdo. Lo dicho sirve para indicar que mis propias opiniones sobre la obra serán escasas y resumidas, para no redundar ante mis compañeros de club en lo ya escrito con mejores palabras y conocimientos que los míos. A los demás lectores les remito a las ediciones de la mencionada editorial que sin duda recogerán todo o parte de lo señalado en esta antigua edición.

Misericordia (1897) está considerada por la crítica como una de las mejores novelas de Benito Pérez Galdós (1843-1920), junto a Fortunata y Jacinta (1866) y Doña Perfecta (1876). Narra las andanzas de la criada Benina que llega hasta la mendicidad para proteger a su señora doña Paca, una burguesa de clase media, arruinada por su frivolidad, derroche y necesidad de aparentar. Destaca en la obra la descripción del ambiente de miseria que aquejaba a las clases bajas y medias madrileñas y la profundidad psicológica en el retrato de los protagonistas principales, la propia Benina y el ciego Almudena, entre otros personajes. También es fiel reflejo del lenguaje popular, incluidas jergas y jeringonzas, de Madrid a finales del XIX.

La crítica literaria ha multiplicado los estudios sobre la abundante producción galdosiana y la ha dividido en varios grupos o etapas. El escritor canario tampoco fue ajeno a ese afán clasificador cuando agrupó sus novelas en dos grandes ciclos temáticos: Los Episodios nacionales y las Novelas españolas contemporáneas.

En cuanto a la taxonomía de la crítica señalar tres etapas. Sobre las novelas de tesis, cuyo ejemplo puede ser Marianela (1878), ya comenté algo en la entrada correspondiente. En cuanto al ciclo materialista (Miau- 1888), el naturalismo como exacerbación del movimiento realista es de sobra conocido en sus características. En esta ocasión he necesitado informarme en lo referente a Misericordia, considerada como novela de la etapa espiritualista del escritor.

En el vaivén de los movimientos del XIX, el espiritualismo literario surge como reacción al naturalismo, como éste último reaccionó contra el romanticismo precedente. Aparece en Rusia, con León Tolstoy, como corriente estética que considera agotado el naturalismo en sus temas y recursos. El movimiento se extiende por Europa y en España inspira a escritores como Leopoldo Alas “Clarín”, Armando Palacios Valdés y el propio Pérez Galdós. Frente a la cruda expresión de la realidad social, el positivismo racional o el materialismo dialéctico, predicaba un retorno al mundo interior o espiritual del individuo cuyos intereses imperativos deben ser morales, religiosos o estéticos. Desde el punto de vista sociológico aparece, a final de siglo, como reacción al fracaso del modelo burgués surgido de las revoluciones liberales frente a las cuales exige una redención civilizadora de inspiración cristiana. Por eso los héroes literarios espiritualistas se purifican mediante el sufrimiento y la aceptación de la adversidad hasta llegar a una especie de ataraxia o equilibrio mental que conduce a la felicidad e incluso a una especie de santidad.

Como siempre, las clasificaciones académicas no son compartimentos estancos. En el caso de las etapas de Galdós tampoco. En la novela que nos ocupa podemos ver claramente como naturalismo y espiritualismo no son excluyentes. Así en el prólogo, el escritor declara la intención de su novela en lo que parece todo un manifiesto naturalista: “En Misericordia me propuse descender a las capas ínfimas de la sociedad matritense, describiendo y presentando los tipos más humildes, la suma pobreza, la mendicidad profesional, la vagancia viciosa, la miseria, dolorosa casi siempre, en algunos casos picaresca o criminal y merecedora de corrección. Para esto hube de emplear largos meses en observaciones y estudios directos del natural…”.

Por el contrario, la psicología filantrópica de Benina es todo un paradigma de la heroína espiritualista. Se sobrepone al rechazo de sus antiguos protegidos y adquiere la serenidad de ánimo cuidando del ciego Almudena, mientras las beneficiadas por la herencia, Doña Paca y Juliana, caen en depresión e ideas obsesivas. La frase final de Benina, cuando aquella última la señala como santa, es muy significativa: “Yo no soy santa. Pero tus niños están buenos y no padecen ningún mal… No llores… y ahora vete a tu casa, y no vuelvas a pecar”. Rechaza la santidad, como Cesar la corona, pero la despedida es propia de milagro evangélico.

Una curiosidad final. El ciego Almudena es reconocido como moro por sus compañeros mendigos porque procede de Marruecos. Pero se llama Mordecai. Cuando se enamora de Benina canta pasajes del bíblico Cantar de los Cantares, habla un castellano aljamiado y pregona con insistencia que “hay un solo Dios” sin citar a Mahoma como su profeta. Queda claro que es semita pero no moro.

 

2 comentarios:

  1. Gracias por la reseña, Lope de Sosa. Me has despertado la curiosidad por leerlo. Y como siempre es mejor comentarlo después, voy a sugerir este para que lo leamos en el club de lectura de mi pueblo

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  2. Pérez Galdós siempre es un valor literario seguro. Os gustará. Un abrazo

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