martes, 20 de marzo de 2012

EL JUEGO DE ENDER. Orson Scott Card


La ciencia ficción no es uno de mis temas preferidos y en mi biblioteca son escasas las novelas  de este género. Rechazo por igual  aquellas obras que dan excesivo predominio al elemento fantástico, en mundos imposibles habitados por seres grotescos,  como las llamadas de “ciencia ficción  dura” en las que predominan los aspectos científicos y técnicos tratados con el máximo rigor aparente. Entre éstas últimas salvaré, desde luego, “2001: una odisea del espacio” de Arthur C. Clarke, todo un clásico de este grupo. En general prefiero  novelas que pueden encuadrarse en la conocida como “ciencia ficción blanda” que incorporan puntos de vista derivados de las ciencias sociales tales como antropología, sociología, o psicología. En ellas  se suele evitar la fantasía desmesurada sin renunciar por esto a describir una humanidad futura, propicia a los avances tecnológicos e inmersa en la conquista del espacio. A éstas yo las llamo “ficción científica creíble” y el paradigma de las mismas es la saga de la “Fundación”  de Isaac  Asimov  de la cual he leído tres novelas.
          “El  juego de Ender” (1985), del  norteamericano Orson Scott Card pertenece también a este tipo. Fue muy premiada en su momento y se ha convertido ya en un clásico. El propio autor ha reconocido la influencia que la saga de Asimov tuvo en  la génesis de su obra.  También ésta ha sido el origen de una saga posterior de novelas centradas en el personaje de Ender; su popularidad ha propiciado muchas versiones en cómic, videojuegos, y creo que la película correspondiente se comenzará a rodar se este año.   
          Es obligado hacer referencia a la trama argumental y evitar el riesgo de desvelarla totalmente, por eso prefiero  hacer un resumen literal de la sinopsis de contraportada: “ La Tierra se ve amenazada por la especie extraterrestre de los insectores, unos seres que se comunican telepáticamente.... Para vencerlos la humanidad necesita  de un genio militar.... A los seis años, Ender es reclutado para  ser adiestrado en la Escuela de Batalla, una estación espacial  donde los niños superdotados son preparados desde su infancia para  dirigir la próxima guerra”. Con este resumen a modo de introducción, hay que decir que el relato mantiene  vivo el interés hasta el  sorprendente final  y el epílogo  que abre la posibilidad  de continuar la narración en entregas posteriores. Con esta misma intención el escritor  sometió esta novela a varias revisiones. Esto explica la referencia a  las  redes sociales cuando en 1985 (año de edición)  éstas aun no se habían creado en Internet, que por aquel entonces estaba en sus comienzos. La novela aborda la ciencia ficción desde perspectivas  diferentes  y relativamente originales, entre otras  la dimensión psicológica  y la filosófica o moral. Ender es un niño muy inteligente pero con graves carencias afectivas escindido entre el odio que siente por su hermano Peter y el amor y la protección de su hermana Valentine, consciente de su destino y determinado a cumplirlo, sometido a un duro entrenamiento conductista  que plantea una vez más el eterno dilema de si el fin justifica los medios. Se plantean además problemas como  la moral del vencedor, el aislamiento,  los límites entre defensa y crueldad. También una teoría: la tendencia  humana a considerar enemigos y exterminar posibles culturas  extraterrestres viene determinada por el miedo a lo desconocido y la incomunicación con las mismas.          
          Aunque pueda resultar  paradójico, el pasado y la historia también ha dejado su impronta en este relato del futuro. El escritor rinde tributo a la antigua Grecia cuando alude a la Hegemonía, la alianza mundial frente a los extraterrestres, y sus mandatarios, el hegemón, el polemarco, y el estratego. Las dos invasiones insectoras guardan paralelismo con las invasiones persas  de las guerras  médicas, los dos bloques o alianzas mundiales lideradas por norteamericanos y rusos recuerdan al  enfrentamiento  entre atenienses y espartanos  en la guerra del Peloponeso. Incluso en la figura de Ender encontramos sutiles semejanzas con  Alejandro.
          “El juego de Ender”  es en definitiva una gran novela de ciencia ficción que merece ser  leída y disfrutada incluso por lectores no aficionados al género. En cambio, no estoy seguro de querer leer las entregas posteriores de esta saga. No tengo razones que alegar para este negativa, son más bien intuiciones que pudieran ser tachadas de prejuicios y por tanto las omitiré.

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