lunes, 17 de febrero de 2014

RECUERDOS DE LA GUERRA DE ESPAÑA. George Orwell

No es la primera vez que al glosar la personalidad literaria de George Orwell (1903-1950) intento resaltar su aspecto más auténtico, la decisiva relevancia de la experiencia personal en toda su obra (véase  Rebelión en la granja; agosto-2012). En particular, su paso por España y la participación como reportero y miliciano en nuestra guerra civil le dejó una profunda impresión que reflejó en dos de sus escritos y marcó de forma indirecta otros más. Así, cuando en 1937 fue herido en el frente de Huesca y evacuado de regreso a Inglaterra, publicó un año más tarde Homenaje a Cataluña un relato testimonial donde describe en primera persona, con estilo de crónica periodística, sus vivencias y la vida en la Barcelona republicana durante la inicial etapa revolucionaria hasta las jornadas de mayo del 37, cuando las milicias anarquistas y trotskistas  del  POUM fueron reprimidas y desarticuladas por el gobierno con el apoyo de los estalinistas. No he tenido oportunidad de leerlo aún pero si ha llegado a mis manos  este segundo libro, un ensayo corto publicado tres años después del final de nuestra contienda ya en plena segunda guerra mundial.
         Recuerdos de la guerra de España (1942)  no es solo, como sugiere su título, un relato de anécdotas personales. Alguna se cuenta al principio y sirve para ilustrar las  miserables condiciones de vida en el frente como contraste y desmitificación de esa visión épica de la guerra que tan a menudo ofrece la literatura. En los últimos capítulos se refieren otras que destacan la solidaridad humana en ese ambiente de violencia. Pero en su esencia este ensayo es un conjunto de reflexiones personales de Orwell sobre nuestra guerra civil. En principio no debemos buscar novedades en las mismas. No hay nada que no haya sido analizado sobradamente en multitud de estudios. Lo que  llama la atención aquí es la clarividencia del autor a pesar de su implicación real y emocional en los hechos narrados. Porque a priori consideramos necesario un cierto distanciamiento personal y temporal que aporte la adecuada perspectiva y refuerce la objetividad del análisis histórico, y por esto nos sorprende la penetración y el justo discernimiento en las opiniones del escritor británico a tan solo tres años del final del conflicto bélico.
Las primeras consideraciones de Orwell se dirigen a denunciar las atrocidades de la guerra. Después analiza la manipulación de la verdad histórica no solo por parte de los bandos contendientes sino por los gobiernos, los políticos, y la prensa europea, en función de sus intereses pragmáticos, partidistas o ideológicos. En particular se muestra especialmente crítico con las mentiras interesadas de la prensa británica y de la propaganda nazi-fascista, y también denuncia la cobardía de los intelectuales de izquierda que se limitaron a “ver los toros desde la barrera”. Termina su reflexión mostrando pesimismo por la conservación de la memoria histórica para futuras generaciones cuando la historia escrita por los vencedores prevalezca sobre el testimonio de los testigos. Un pesimismo que a la luz de la actualidad nos parece totalmente justificado.
En España, Orwell asistió tanto a la represión fascista como a la llevada a cabo por los estalinistas y en este ensayo advierte contra los peligros de los totalitarismos de uno y otro signo. Una denuncia que años más tarde mantendría en sus dos novelas más populares, Rebelión en la granja y 1984.  Se analiza también el papel  de las potencias europeas en la guerra española; la cobardía de la no intervención anglo-francesa; la mínima y desconcertante, por contradictoria, ayuda rusa; el decisivo y claro apoyo de Alemania e Italia. Todo lo cual le lleva a decir que “el resultado de la guerra civil española se determinó en Londres, en París, en Roma, en Berlín, pero no en España”. Y a pesar de criticar la desunión de los partidos republicanos, la ineficacia y mala preparación de su ejército, y los abusos y crueldades cometidos por ambos bandos, concluye con dos juicios de valor que en mi opinión mantienen aún su validez; que la legalidad y razón de estado estaba de parte del gobierno republicano. Y que la guerra fue justa en tanto la clase obrera española estaba en su derecho de defender y conquistar la igualdad de oportunidades y la vida digna que el sistema político le había negado hasta entonces.
         El relato se desarrolla en primera persona, con un lenguaje sencillo, directo y mesurado pero con cierto toque de emotividad, y todo esto refuerza en el lector la impresión de  autenticidad, de estar ante otra versión histórica, la del testimonio de un testigo cualificado que no por subjetiva deja de ser veraz y participar de  la objetividad que se supone en los estudios históricos. A fin de cuentas, el concepto de historia es demasiado amplio y nos conviene conservar un moderado escepticismo ante esos criterios que definen el rigor histórico, en todo caso deseables, pero  casi siempre puestos en cuestión en esta ciencia tan contaminada por la literatura y la ficción. En mi opinión estos recuerdos de Orwell merecerían alcanzar en el  futuro el valor y la categoría de fuente histórica.    



1 comentario:

  1. Estupendo comentario. Desde siempre he sentido una gran curiosidad y deseo de conocer la verdadera historia de la guerra civil española. Sobre todo porque los vencedores han manipulado burdamente la verdad, con la carga de injusticia y agravio que ello conlleva. Durante un tiempo busqué y leí mucho sobre esta etapa apasionante y conmovedora de nuestra historia y llegué a la conclusión de que no se ha hecho justicia aún, de que aún prevalece el desconocimiento de la verdad.

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