miércoles, 4 de febrero de 2026

EL ACCIDENTE. Blanca Lacasa

    Nuestra autora de hoy, Blanca Lacasa (1974), tiene larga experiencia como periodista, tanto en prensa como radio.  Su trayectoria como escritora es relativamente reciente: ha publicado una decena de cuentos infantiles, un ensayo y la obra que ahora comento.

    El accidente (2025) es lo que los franceses llaman una nouvelle (novelita en literal), un subgénero qué en castellano, para evitar ese tono de minusvaloración, hemos catalogado como novela corta, que por su extensión está a medio camino entre el cuento y la novela. Ésta cumple ese requisito de brevedad, entre 50 y 80 páginas según las ediciones.

    En esta obra, que recuerda vagamente al ensayo, se analiza el enamoramiento, ese proceso inesperado y disruptivo que poco tiene que ver con el amor y mucho con el deseo. Suele producirse en la juventud y ser ciego y sordo ante las evidencias externas a los implicados. El narrador utiliza una metáfora para ilustrar esa situación anímica, el ángulo ciego, ese rincón óptico del automóvil fuera de visión, que propicia el accidente. Los protagonistas del relato son Él y Ella. No tienen nombre porque se intenta mantener la atención del lector sobre el tema de fondo y alejarla un tanto de los protagonistas.

    Entrando en la cuestión, los seres humanos tienden a sublimar los aspectos naturales y fisiológicos del amor dotándolo de elementos platónicos y emocionales. Lo mismo ocurre con la ceremonia de la seducción. En la novela, Él y Ella sienten de principio una súbita atracción física, pero en el proceso de acercamiento encubren el deseo con la afinidad intelectual, lo de siempre: aficiones comunes, conversación interesante etc.

    En referencia a la figura del narrador tiene ciertas peculiaridades. Nos cuenta en tercera persona y es omnisciente pero enfocado en Ella, penetra en sus pensamientos y emociones, pero los de Él solo los conocemos a través de la protagonista. Estamos pues ante el enamoramiento visto desde la óptica femenina.

    En cuanto al estilo es sobrio y lineal, sin solución de continuidad por ausencia de capítulos, con frases cortas y mucho punto y seguido. Algunos dicen que recuerda el uso periodístico.

    Además del deseo ciego, en lo narrado trascienden sentimientos y emociones como la traición, la culpa, el complejo físico e incluso un cierto conflicto edípico. Aunque la historia es muy pobre en detalles sobre los personajes hay dos que son importantes. El primero, ambos protagonistas tienen pareja, pero se destaca con insistencia que Él es gay. Esto último no tiene importancia sobre posibles prejuicios éticos del lector, pero sí encierra su enamoramiento en ese ángulo ciego fuera de las sospechas del resto de personajes.

    El segundo son dos citas casi de pasada y desapercibidas. Ella tiene 16 años y en su infancia estuvo enamorada de un profesor que se parece a Él. Entendemos ahora el caos emocional de la adolescente. Pero esa misma inmadurez, propia de la edad, nos aporta una incongruencia, y es que sus pensamientos son profundos y certeros, más propios de la madurez. Mi sospecha es que la escritora habla por boca de la narradora y la confirmación viene en la dedicatoria previa al relato: “A las amigas y amigos que me auxiliaron en todos y cada uno de mis accidentes”.

    Para terminar, en literatura a veces lo importante no es lo que se cuenta sino como se cuenta. Todos hemos experimentado, total o en parte los deseos y emociones que definen el enamoramiento. Nos retrotrae a la juventud, a la intoxicación cerebral por hormonas y a sensaciones únicas, maravillosas y pasajeras. Lo original en este caso no es el fondo sino el punto de vista femenino y los elementos singulares en la forma.

    Me parece un acierto la estructura porque un desarrollo argumental más amplio agotaría sin duda el tema. En resumen, una novela corta que no encandila, pero gracias a su brevedad se deja leer.  

       

 

 

 

 

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