No hace mucho escuché en un coloquio radiofónico una frase lapidaria del periodista y escritor Juan José Millás, que me sorprendió por su aparente radicalidad. Decía que el 90% de los lectores prefieren las novelas de cuya trama se enteran y solo un 10% prefieren las que no se enteran. Después lo aclaraba con el siguiente razonamiento: a los que no se enteran les gustan porque estimulan su curiosidad para informarse sobre el tema, y completar mediante su propio esfuerzo lo que la novela deja solo implícito. Es una relación más justa, más equilibrada y deseable en la compleja relación entre autor y lector.
El hijo del aire (2001), de la escritora linarense Fanny Rubio (1949), puede ilustrar bien lo que se ha dicho. Tiene un tema bastante conocido, pero siempre interesante, y en mi opinión está muy bien escrita. No es tan antigua y, sin embargo, parece como descatalogada. Ninguna editorial la ofrece en formato electrónico y los pocos ejemplares disponibles se venden a bajo precio en el mercado de segunda mano. Es como si hubiera tenido un fracaso total de ventas después de su primera edición.
Mi personal explicación concuerda con las opiniones de Millás. Se trata de una novela muy exigente para el lector, por su complejidad estructural que luego explicaré. Pero además requiere de haber cumplido cierta edad para sentirnos emocionalmente implicados en ciertos momentos de la narración. También tener algunos conocimientos de la historia reciente de nuestro país y de los países del cono sur americano. Demasiados inconvenientes para tener éxito.
Sobre la linarense Fanny Rubio aportaré unos pocos datos biográficos. Un dilatado currículum académico: estudios de filología hispánica y doctorado en filología románica, experta en poesía española contemporánea. Labor docente en Granada, Fez, y finalmente catedrática de Literatura española en Madrid. En política vinculada a ideologías de izquierda y feminista. Como escritora ha publicado cinco novelas y cuatro títulos de poesía.
En cuanto a su novela, El hijo del aire, me interesa destacar distintos aspectos referentes a su complejidad temática y estructural. Utilizaré de entrada la reseña de la propia autora: “El punto de partida es el viaje de una abuela de mayo a Madrid en busca de su nieto” Habla pues de los desaparecidos de la dictaduras argentina y chilena, de los niños robados y adoptados ilegalmente. Pero también del exilio español en Argentina tras la guerra civil, y más tangencialmente de los comienzos de la transición española. Todas estas líneas argumentales se entremezclan a lo largo de la narración mediante sucesivos saltos temporales (analepsis y prolepsis). Conviene estar atento a las fechas que encabezan algunos de los capítulos para situarnos en los distintos ambientes en tiempo y espacio. También de otras como el golpe de Estado del chileno Pinochet en 1973, y el comienzo de la dictadura argentina en 1976.
La historia la cuenta una narradora testigo, en tercera y primera persona. Tiene algunas puntos en común con la biografía de la escritora, entre otros su carrera universitaria en Granada, la residencia en Madrid y su amor por la poesía. Si el relato es de por sí complejo, la narradora introduce en el mismo su propia historia y experiencias personales. Salpica la narración de profundas reflexiones poéticas, a veces difícilmente penetrables por el lector dado su carácter subjetivo e íntimo, y las alterna con escenas de crudo realismo e impregnadas de jerga local o profesional. De otra parte, profunda conocedora de los edificios históricos de Madrid los suele citar con el nombre de la calle donde se ubican o apodos tales como la Escalinata.
Estamos ante una novela coral con multitud de personajes. Los protagonistas son Huma Fierro, la abuela, y Daniel Lang, el nieto. Con ellos se relacionan una gran cantidad de personajes que a su vez tienen historias con otros aún más secundarios si cabe. Conviene estar atentos a un capítulo que, en la Granada de principios de los 70, reúne al hijo y la nuera desaparecidos de Huma Fierro con otros estudiantes españoles y una alemana. Todos con el idealismo de la juventud, se manifiestan contra el franquismo y corren delante de los grises que los reprimen. Después a lo largo del relato sus vidas divergen, pero ya adultos se irán interrelacionando de nuevo mientras la trama se encarrila al desenlace. En mi opinión es difícil y no necesario memorizar todos los nombres, pero sí la conexión entre ellos.
Al final la narradora testigo reconoce que escribió la ficción durante la convalecencia de una enfermedad. Es aquello de “cualquier parecido con la realidad…”. Sin embargo, tiene bastantes puntos de contacto con las experiencias personales de la escritora. La conclusión es una ficción verosímil.
Como dije, esta obra tiene un cierto carácter evocador para mí. Yo también fui un joven universitario idealista en la Granada de los 70. Pero es una novela muy difícil de leer. Solo asumí el reto por ser propuesta de mi club de lectura. Con humildad reconozco que un 10% de la misma aún se me resiste.

No hay comentarios:
Publicar un comentario