No hace mucho escuché en un coloquio radiofónico una frase lapidaria del periodista y escritor Juan José Millás, que me sorprendió por su aparente radicalidad. Decía que el 90% de los lectores prefieren las novelas de cuya trama se enteran y solo un 10% prefieren las que no se enteran. Después lo aclaraba con el siguiente razonamiento: a los que no se enteran les gustan porque estimulan su curiosidad para informarse sobre el tema, y completar mediante su propio esfuerzo lo que la novela deja solo implícito. Es una relación más justa, más equilibrada y deseable en la compleja relación entre autor y lector.
