miércoles, 14 de enero de 2026

SU ÚNICO HIJO. Leopoldo Alas, Clarin

    Con clara intención didáctica, la Historia de la Literatura insiste en categorizar los movimientos literarios y definir sus características. Ese empeño taxonómico se concreta en al menos tres movimientos importantes durante el siglo XIX: romanticismo, realismo y naturalismo. El segundo como reacción antagónica al primero y el tercero como evolución radical del segundo. Pero esa división artificial no está tan clara cuando nos referimos a escritores concretos y sus obras. En ellos encontramos a menudo la evolución entre diferentes estilos. Así, autores considerados los pioneros del realismo francés, como Balzac, Stendhal o Flaubert, también escribieron novelas de evidente inspiración romántica, o sus personajes muestran rasgos ambivalentes. Algo similar ocurre con el escritor y la novela que comento hoy.

    Leopoldo Alas, Clarín (1852-1901) tuvo una importante producción de cuentos siguiendo la tradición de la narrativa rusa decimonónica. También de ensayos y artículos de crítica literaria. Sin embargo, consiguió fama postrera con La Regenta (1884) considerada como la obra cumbre del realismo literario español. Entre otros muchos aspectos destaca en la novela una aguda crítica de la alta burguesía provinciana española, heredera posrevolucionaria de la aristocracia del Ancien Régime francés.

    Su único hijo (1890), otra de sus escasas novelas es, comparada con la anterior, una obra menor, pero en los apenas seis años que separan ambas publicaciones ilustra muy bien la evolución del escritor desde el realismo al naturalismo.

    Está ambientada en una ciudad de provincias innominada, pero que se puede identificar con Oviedo. El personaje principal es Bonifacio Reyes, de familia humilde, hombre de escasas aptitudes, pero con un físico atractivo. De él se enamora y con él se casa Emma Valcárcel, rica heredera, orgullosa de su noble origen, caprichosa y derrochadora de su fortuna. Cuando sobreviene la apatía en la pareja, Emma ejerce sobre su marido un despotismo que éste acepta con resignación. Bonifacio se refugia en la música y la vida aburrida del matrimonio se interrumpe con la llegada de una compañía de ópera. A partir de ese punto la acción se dirige lentamente hacia el desenlace final que el lector presupone de antemano.

    Como en toda la literatura realista, las descripciones son muy precisas, lo cual refuerza la recreación de ambientes y el retrato físico y psicológico de los personajes. A veces el detalle excesivo de objetos y elementos no esenciales hace algo aburrida la narración.

    La obra es una feroz crítica de la alta burguesía provinciana y en eso sigue el patrón del realismo evidente en La Regenta: La hipocresía social basada en vicios privados y públicas virtudes. La corrupción de los políticos. La usura amparada por la legalidad. La ociosa holgazanería de los hidalgos pobres. Los matrimonios de conveniencia junto a las amantes no admitidas en sociedad, pero sí de general conocimiento.

    Pero la novela evoluciona al naturalismo en lo referente a las clases sociales pobres, obreros y campesinos. Ahí el relato refleja las situaciones más sórdidas y crueles, con recurso incluso al feísmo en las descripciones, tan exageradas que recuerdan al melodrama folletinesco. Todo eso dirigido a la denuncia política y social. No debemos olvidar la intensa inspiración del naturalismo en la filosofía marxista.

    En mi opinión, el protagonista principal del relato es Bonifacio Reyes en el que aprecio una fuerte discordancia. Mientras se le describe como inculto, incapaz y sensiblero, sus reflexiones no parecen superficiales sino profundas. Cuando repasamos la biografía del escritor, entendemos que son producto de sus propias ideas, entre las cuales podemos encontrar las siguientes: El determinismo, que predica que la vida del hombre está fatalmente condicionada por su herencia genética y el medio en el que vive. Una filosofía inspirada en el darwinismo y el materialismo histórico. De otra parte, Clarín era partidario del krausismo, una ideología con intensa implicación en la educación, y en lo religioso una mezcla de teísmo y panteísmo. Todas estas ideas aparecen sutilmente en el pensamiento del protagonista y concluyen en su escepticismo religioso.

    El desenlace de la novela es previsible pero paradójico, porque Bonifacio aprovecha la hipocresía social y la rigidez legal para dar sentido ético a su decisión.     

 

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