Con clara intención didáctica, la Historia de la Literatura insiste en categorizar los movimientos literarios y definir sus características. Ese empeño taxonómico se concreta en al menos tres movimientos importantes durante el siglo XIX: romanticismo, realismo y naturalismo. El segundo como reacción antagónica al primero y el tercero como evolución radical del segundo. Pero esa división artificial no está tan clara cuando nos referimos a escritores concretos y sus obras. En ellos encontramos a menudo la evolución entre diferentes estilos. Así, autores considerados los pioneros del realismo francés, como Balzac, Stendhal o Flaubert, también escribieron novelas de evidente inspiración romántica, o sus personajes muestran rasgos ambivalentes. Algo similar ocurre con el escritor y la novela que comento hoy.
