sábado, 25 de abril de 2026

EL BOMBARDEO DE JAÉN. José Laso e Isabel Pereira

    El 1 de abril de 1937, sobre las cinco de la tarde, un chaval de 16 años vagaba aburrido por las calles de Jaén junto a un amigo de correrías. En el cielo aparecieron unos aviones que comenzaron a echar como papelitos que brillaban al sol crepuscular. No se inquietaron, al parecer en alguna ocasión habían soltado propaganda nacionalista en la tranquila retaguarda republicana. Cuando empezaron a oír las primeras explosiones comenzaron a correr aterrados y no pararon hasta llegar a campo abierto en la carretera de Córdoba. Terminó el bombardeo y el chaval volvió aturdido a su casa en la plaza de la Audiencia. Atravesando calles aún humeantes vio espantado los efectos del mismo en distintos lugares; cadáveres desmembrados que hacían cola a las puertas de una carbonería y más muertos y metralla en la plaza de San Ildefonso. Siguió viendo esas imágenes el resto de su vida y las contaba a veces, quizás con la intención de escapar de esa pesadilla. Ese chaval era mi padre y solo la muerte lo liberó de aquel horror.

    Cuento esta historia porque acabo de visualizar una película titulada El bombardeo de Jaén. Se trata de un documental teatralizado o dramatizado por una gran cantidad de actores y figurantes de nuestra ciudad. Los responsables del mismo son la promotora y guionista Isabel Pereira y el director José Laso. Entre las imágenes en blanco y negro aparecen varios testigos presenciales que cuentan sus personales vivencias de aquel momento, entre ellos el desaparecido arquitecto Luis Berges.

    Como documentalista e historiador interviene en varios momentos Miguel Ángel Valdivia, responsable de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, como siempre en el tono equidistante y objetivo que le caracteriza, resaltando los abusos y represalias de ambos bandos y las posteriores consecuencias del bombardeo. La banda sonora, a cargo del músico Rafa Hidalgo, fue otro de los aspectos destacables por el plus de emotividad que aportó a la cinta. Se añadieron también los testimonios de Josefina Manresa, junto a las opiniones y la poética de su marido Miguel Hernández.

    En su conjunto, el documental me parece equilibrado y armónico. Apela a nuestra sensibilidad mientras nos aleja de prejuicios e ideas revanchistas. En resumen, no pretende avivar viejas heridas sino ser un bálsamo para curarlas. Es un canto audiovisual a nuestro pasado, ya que no tuvimos un Picasso que inmortalizara nuestra desgracia.

    El estreno de El bombardeo de Jaén fue todo un inesperado éxito de público que abarrotó el teatro Infanta Leonor, hasta el punto de que se prometieron nuevos pases de la cinta. Casi ninguno de los presentes vivimos aquel desgraciado episodio de nuestra historia ciudadana, y los había de todas las edades, jóvenes y mayores. En los primeros quizás la curiosidad, entre los segundos la evocación de un pasado que nos transmitieron nuestros ancestros.

    Este documental es además muy apropiado en el tiempo que vivimos. De nuevo el mundo enloquece por la barbarie. Ahora vemos en directo ciudades arrasadas por bombardeos masivos, los muertos entre escombros y los niños abandonados a una suerte cruel. Espero que el recuerdo de lo que vivimos en nuestra propia carne nos acerque en solidaridad con esa humanidad sufriente.

 

 

 

 

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