Las dos coautoras de este libro tienen en común su amor a Somalia. Warris Dirie (1965 aprox.) es africana, víctima de la mutilación genital femenina. Rebelde ante un destino impuesto huyó a occidente y después de muchas fatigas triunfó como modelo. Después fue activista, embajadora especial de la ONU contra la MGF y creó al respecto su propia fundación. Es escritora y ha recibido multitud de premios literarios y de organizaciones humanitarias. En el libro que nos ocupa es la protagonista en primera persona y sus vivencias las cuenta ante una grabadora, dado que en ese momento era analfabeta.
En cuanto a Jeanne d’Haem (1968) es norteamericana blanca, nacida en Somalia y educadora voluntaria en este país. Profesora universitaria y escritora sobre temas de educación especial. Le interesa la transmisión de la tradición oral en la escritura. Porque, a fin de cuentas, ese fue el origen de la literatura en la Ilíada y la Odisea.
Amanecer en el desierto (2002) es, por lo antes dicho, la autobiografía de Warris Dirie. En su relato destaca la mutilación genital, que sufrió de manera voluntaria pero engañada, y la humillante situación de servidumbre de la mujer somalí. Para un lector occidental, lo primero es una aberración y lo segundo una clara situación de esclavitud, todo valorado desde nuestros propios principios éticos. Sin embargo, la escritora se aferra a sus raíces culturales y no las justifica, pero las comprende y destaca la solidaridad de la familia frente al individualismo occidental que la hace sentirse sola. En mi opinión, los grupos humanos que sobreviven aislados en entornos muy hostiles se parecen mucho ciertas familias de animales mamíferos: Las hembras, crían a la prole y se ocupan de alimentar al grupo, los machos protegen de enemigos y se aparean con muchas hembras, todo encaminado a la supervivencia. Esta comparación en absoluto pretende deshumanizar a estos somalíes nómadas del desierto capaces aceptar los designios de la naturaleza y hacer poesía de su propia vida.
El relato describe las costumbres, las tradiciones y el modo de vida del pueblo somalí en contraposición a las occidentales. Representan el conflicto entre las dos almas de la escritora. En cuanto al estilo, la historia se narra con un lenguaje sencillo y directo, pero no ausente de recursos literarios que se aprecian bien en los poemas y en las descripciones del cielo, los colores, olores y sabores del desierto. Todo en conjunto destila pura prosa poética.
Es importante destacar también el ambiente político y social que envuelve la narración. Son muchos y complejos los factores que hacen de Somalia un país en continua crisis: Intereses geoestratégicos. Desastrosa descolonización de las potencias coloniales, Francia, Inglaterra e Italia, que dividen a un pueblo en tres naciones en continuo conflicto y secesiones, Yibuti, Somalilandia y Somalia. Pero la clave del desastre la explica con claridad la escritora: La división del pueblo en tribus, clanes y familias que se traduce en lealtades internas y desprecio hacia los rivales. A todo eso se añaden los distintas etnias y religiones, los grupos armados, la corrupción de las instituciones y las grandes diferencias económicas. Un coctel explosivo.
La trama argumental comienza en el año 2000. Como introducción la protagonista cuenta su infancia en Somalia y su matrimonio en los Estados Unidos con un afroamericano con el que tiene un hijo. Un enlace fracasado por las diferencias culturales entre ambos. El nudo es la preparación del viaje a Somalia, lleno de dificultades, y su estancia allí de una semana que le sirve como reencuentro con sus raíces y reconciliación con sus padres y familia, pleno de emotivas escenas. En el epílogo, tras el diagnóstico de la situación de las mujeres somalíes, se indica la solución, compartida por ambas coautoras. No puede ser otra más que la educación. Un proceso que requiere paciencia y tiempo y necesita ser mantenido con ayuda de asociaciones humanitarias. Hasta el momento aprecian algunos modestos logros parciales que las anima a seguir en el empeño. En esto, ambas escritoras pueden considerarse pioneras. Es posible que, como Moisés, no contemplen la tierra prometida, pero su labor es por eso imponente.
Es muy bueno leer esta autobiografía, pero debemos hacerlo soslayando nuestros propios prejuicios y adoptando el foco de visión de las escritoras. Solo así llegaremos a las conclusiones apropiadas

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