miércoles, 20 de mayo de 2026

VIOLACIÓN. UNA HISTORIA DE AMOR. Joyce Carol Oates

   

    A sus 88 años Joyce Carol Oates (1938) es la escritora norteamericana más reconocida y premiada en su país. Su producción es enorme, con más de cien títulos publicados en casi todos los géneros literarios. Este este es el segundo de sus libros que analizo, los dos son novelas cortas. Por cierto, en esta especialidad la autora demuestra una especial maestría para condensar contenidos complejos en formatos de reducida extensión.

    Para más detalle sobre la biografía de la autora y su obra remitiré a la anterior entrada en este blog (26 de octubre de 2022). La resumiré destacando el carácter ecléctico de su estilo literario y en cuanto a temática, especial interés por temas sociales, feminismo y una cruel agresividad, sutil o evidente, que se infiltra en casi todas sus novelas. La violencia se manifiesta en el mismo título de ésta que hoy comento, Violación. Una historia de amor (2003) que fue editada en castellano en 2011. Un título paradójico por la aparente oposición entre ideas antagónicas.

    El relato está ambientado en la pequeña ciudad de Niágara Falls perteneciente al estado de Nueva York, colindante y al este de las famosas cataratas, y separada por un puente de su homónima en el estado canadiense de Ontario. Su población vive del turismo, pero también del contrabando de frontera. Con parte de sus habitantes en el límite de la pobreza y una juventud ociosa y alienada por el consumo de alcohol y drogas. Este es el marco social que describe la novela.  Un opresivo ambiente en el que casi todos se conocen, donde predomina la incultura que incita a todo tipo de prejuicios, incluido el machismo y el racismo.

    La primera escena de la trama argumental es la brutal violación de Teena Maguire presenciada por su hija Bethie de 12 años que escondida se libra de padecer la misma agresión. El lugar, un sucio cobertizo de un solitario parque. El momento, la madrugada del 4 de julio de 1996, fiesta nacional de EEUU. El tercer protagonista es John Dromoor, el policía que descubre a la madre casi muerta tras ser alertado por su aterrorizada hija. En sucesivos capítulos aparecen distintos personajes, los miembros de la pandilla de violadores y sus familiares, el amante de Teena, viuda de su primer marido, su madre y abuela de Bethie, abogados, fiscales y jueces entre otros.

    A partir de esa primera escena, la narración salta al pasado en 1994, donde un narrador omnisciente describe la personalidad del policía Dromoor, con rasgos del estereotipo de héroe americano de los 90, bastante desacreditado actualmente. De vuelta de nuevo al presente, será este último el que actúe como narrador protagonista que cuenta los hechos dirigiéndose a Bethie. Los acontecimientos se irán concatenando después hasta llegar al desenlace final que desmerece un tanto de la trágica trama.

    Con este esquema narrativo la novela podría catalogarse como thriller de suspense o policíaco si se quiere. Para mantener la intriga la escritora anticipa en distintos capítulos la posibilidad de hechos trágicos que se confirmarán o no en los siguientes. Unos capítulos muy cortos, como escenas de cine, con títulos muy sugerentes.

    Pero la historia es más rica en matices que superan la anterior clasificación. Aparece también el miedo e incluso terror de las victimas culpabilizadas. La autojustificación de los victimarios. El acoso social, escolar e incluso judicial de las agraviadas y su utilización para intereses particulares. La presión mediática que las favorece en principio, pero se vuelve en contra si no colaboran o dejan de ser noticia. 

    El eje central de la trama es la vista previa al juicio de los violadores, un año después en 1996. El resultado de la misma es tan negativo para las víctimas que les aterroriza repetir la experiencia en el juicio definitivo. La reacción de madre e hija son distintas: una especie de nihilista abandono en la madre y un escepticismo crítico y miedo al entorno en la hija. Pero ambas gritan en demanda de auxilio.

    Es entonces cuando aparece la historia de amor en forma de justicia vengadora en el más puro estilo de El conde de Montecristo. Y Es ahora cuando los lectores nos sentimos más identificados con las víctimas. Porque no en balde la venganza, una vez superada la razón cívica, es uno de los principios más arraigados en nuestro genoma moral.

    Un párrafo más para destacar el lenguaje directo y crudo con algunos toques de ironía. Y una curiosidad final: Mientras avanzaba en la lectura, acudían a mi mente escenas de una película que me parecía haber visionado. Consultada la IA, me lo ha confirmado, es Vengeance. A love story, dirigida por John Martin y protagonizada por Nicolas Cage.

 

   

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