sábado, 13 de junio de 2026

CANTAR DE LOS NIBELUNGOS. Anónimo

    Los cantares de gesta fueron en su origen cantos recitados por los juglares medievales en fiestas populares o festines nobiliarios. Eran narraciones tan extensas que debían cantarse mediante episodios separados en el tiempo. En ocasiones eran necesarios resúmenes de los anteriores hechos de la trama para mejor seguir la evolución de lo siguiente.

    Entre los siglos XI y XIII estos cantares fueron recopilados por escrito, casi siempre de forma anónima. Los protagonistas son siempre héroes capaces de grandes hazañas, cuyos valores éticos reflejan los de su cultura o país de origen. El grado de realismo de estas historias es variable. En el Cantar del Mio Cid, Rodrigo Díaz de Vivar busca en sus conquistas rehabilitar el honor perdido tras su injusto destierro por el rey Alfonso VI, lo cual no le impide luchar como mercenario de varios reinos de taifas árabes y repartir entre su tropa las ganancias de sueldos y botines. En La Chanson de Roland el héroe es más legendario. La heroica resistencia y el sacrificio de Roldán en Roncesvalles ilustra bien los ideales caballerescos de la monarquía carolingia, pero el episodio también tiene un trasunto de realidad histórica.

    Por el contrario, aunque el Cantar de los Nibelungos (Nibelungenlied) contiene unos pocos elementos históricos plagados de anacronismos, su componente mitológico y fantástico predomina de forma abrumadora. Es una mezcla de mitos y antiguas sagas nórdicas y mitología e historia grecolatina. Este predominio de lo latino no deja de ser paradójico pues los germanos fueron los últimos en incorporarse al imperio romano y siempre en una situación de marca o limes fronterizo.

     Los que hemos leído este cantar, somos ahora conscientes de la distorsión del relato impulsada y popularizada por Wagner. En efecto, el compositor alemán tomó los personajes del cantar, incorporó otros nuevos y complicó la trama. Un claro ejemplo son las walkirias, que no aparecen en el texto anónimo. Las óperas de la tetralogía wagneriana El anillo del nibelungo, son agotadoras por su duración, pero muy populares algunos de sus pasajes, y son éstos los culpables de la deformación de la narrativa original.

    No voy a detallar el prolijo argumento del Cantar. Consta de 39 cantos y en resumen, se basa en dos elementos. El profundo odio entre dos mujeres orgullosas y celosas de su poder: Brunilda, la esposa de Gunter, rey de los burgundios, y Krimilda, la hermana del rey y esposa de Sigfrido. La venganza de esta última, tras el asesinato de su marido, desencadenará una tragedia que es varias veces anticipada por el narrador. La segunda línea argumental tiene que ver con la ambición de los protagonistas por la posesión del mítico tesoro de los nibelungos. Por hacerse con él son capaces de tramar traiciones y crueles muertes.

    En medio de tanta mitología es sorprendente la fidelidad en las descripciones de ciudades que existen desde la Edad Media y su ubicación geográfica. Podemos situar Worms, la capital de los burgundios, en el curso alto del Rin, en la actual región de Renania-Palatinado. Xanten, la capital del reino de Sigfrido, está situada en el curso bajo del mismo río, en la región de Renania del Norte-Westfalia, cerca ya de la frontera con los Países Bajos.

    Algunos personajes como Atila son históricos, pero sus actos son ficticios. La acción del relato se sitúa en torno al siglo V d.C, pero los trajes de los personajes, sus costumbres caballerescas (torneos, banquetes) son las propias del siglo XIII, cuando fue redactado por escrito el cantar. Las descripciones en torno a la riqueza de las cortes medievales, los lujosos vestidos, los regalos etc, son tan minuciosas en el detalle y tan repetidas que causan cierto aburrimiento en el lector.

    Vamos ahora a las similitudes con ciertas historias y mitos de la antigüedad grecolatina. Para empezar la más clara: El paralelismo de Sigfrido con Aquiles. Ambos son héroes invencibles por invulnerables, salvo en un determinado punto de su anatomía. La escena final en la que distintos protagonistas del cantar se enfrentan en combate singular, recuerdan los mismos combates en la Ilíada.

    La reina islandesa Brunilda, que mata a sus pretendientes si no la vencen, es paralela a la de la griega Atalanta y ambas son doblegadas mediante una burla. Los malos presagios de Krimilda y sus ruegos a Sigfrido para que no vaya a la jornada de caza, recuerdan las mismas advertencias de Calpurnia a Cesar para que no acuda al Senado, pero ambos personajes rechazan ese consejo con altanería.

    En fin, en mi opinión El Cantar de los Nibelungos es interesante no tanto por la historia que cuenta sino por la enorme cantidad de referencias culturales que nos enriquecen. Como en otras ocasiones recomiendo una lectura pausada, en una edición bien anotada y comentada, como esta de Cátedra.

 

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