Aunque soy lector de amplio recorrido, reconozco que no estoy especialmente dotado para la poesía. Mi biblioteca es escasa en poemarios y en la lectura de los contemporáneos no he ido más allá de un Becquer de juventud y más tarde Machado, Hernández, Lorca y algo de Alberti y Neruda.
La razón de mi desinterés por este género es el tono intimista que predomina en la poesía actual. Una barrera tan densa que me resulta difícil de penetrar. Y sin acceso a ese fondo solo me queda disfrutar de la forma, de la estética de las composiciones, su rima, ritmo y la belleza de las palabras enlazadas o la estructura de los versos.
Por suerte con el libro que hoy comento, he podido superar en parte esa barrera hasta ahora infranqueable. Todo empezó con mi asistencia a su presentación por mi reciente amistad con el autor. El lugar escogido, una biblioteca, era el idóneo, y ayudó también el ambiente casi íntimo, con el autor arropado entre amigos y familiares. El desarrollo del acto sedujo hasta los más escépticos. Una magnífica introducción y las propias reflexiones del escritor nos abrió a sus más recónditos sentimientos, y para finalizar un recitado de algunos de sus poemas terminó de seducirnos, porque nada mejor que la oralidad para provocar emociones.
Toca hablar del poeta, José Gómez Garrido (1979), natural de Baeza. Un hombre polifacético: Periodista de larga trayectoria, con importantes cargos en la cadena SER y una labor reconocida con premios. Pero también autor de canciones, líder de una agrupación musical y actor de doblaje. Desde joven se inició en la poesía, y ahora en su madurez ha publicado con éxito editorial Otoño y el verano perdido (2025) al que se añade este segundo libro que hoy comento.
Todo ocurrió en el 2000 (2026) viene precedido de un prólogo de José Liébana a modo de presentación de la obra. Un análisis profundo ilustrado con versos del poemario, al que muy poco se puede añadir. Yo destacaría ese homenaje del escritor a la memoria íntima y subjetiva. La suya, pero también por extensión la de todos nosotros, la que a fin de cuentas nos conforma como personas.
El título alusivo al año 2000, se entiende como ese momento decisivo de la vida del poeta que se presenta como una encrucijada donde tomar una u otra decisión marcará el devenir de su vida futura. Hay mucho de filosofía existencialista en esa idea. En ese punto, una vez consolidadas nuestras raíces mediante el ambiente y la educación, aun algo desorientados, comenzamos a construirnos.
La obra tiene una estructura que indica el paso del tiempo. En el marco del año, comienza en invierno y termina en el otoño. Durante ese período se fragua el proceso evolutivo de su enamoramiento de la mujer que sin duda lo cambiará todo. Me parece el tema central del libro. Sin embargo, el escritor tocará otros muchos: La soledad y el desamor que le conduce al feliz encuentro con su amada. El ambiente en las ciudades de Baeza y Jaén. Las guerras del año 2000 como lejano telón de fondo. Algunos poemas están dedicados a vivencias compartidas con familiares y amigos. También a sus aficiones musicales de aquel momento.
Los bloques vienen precedidos por citas literarias de autores como Borges o Saramago, y muchos poemas están dedicados a sus destinatarios. En cuanto al estilo poético es armonioso, con sabia elección de estrofas que se combinan con el verso libre. No hay rima, pero se mantiene el ritmo adecuado para transmitir emociones. La belleza de las palabras y las alegorías completan el cuadro estético.
En fin, como no soy un experto, no debo extenderme más en este comentario. Citando de nuevo mi discapacidad poética, debo reconocer humildemente que no he conseguido penetrar lo íntimo de algunos poemas. Aun así, creo que es un libro muy recomendable para los amantes de la poesía

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