Jane Austen (1775-1817) merece sin duda integrar la lista de autores clásicos del XIX. Consiguió fama con la novela Orgullo y prejuicio (1813), escribió otras muchas, y como tantos otros escritores murió en relativa pobreza acosada por un mercantilismo editorial que todavía no reconocía con suficiencia los derechos de autor.
Esta escritora británica me parece interesante si la ubicamos en su contexto histórico. Su nacimiento y temprana muerte a los 42 años la sitúan a caballo entre en siglo XVIII y XIX, entre la época georgiana y la victoriana. Son años de grandes cambios, desde la revolución agrícola con el consiguiente aumento de la población, a la revolución industrial. De la defensa de unas pocas colonias americanas hasta la formación del imperio colonial británico. Desde el racionalismo y las ideas ilustradas al nacionalismo. Y desde la literatura filosófica, didáctica, moral o religiosa a el auge de la novela, más del gusto de las nuevas clases burguesas emergentes. En este último aspecto, destacar la aparición en Inglaterra de la novela gótica de terror, un antecedente de la novela romántica.
Jane Austen ha sido juzgada por la crítica literaria de distintas formas. Se le atribuye un incipiente intento de emancipación de la mujer, que hoy calificaríamos de feminista. Pero también se destaca su mentalidad conservadora, no solo en las ideas sino en su estilo en el que predominan las estructuras literarias del XVIII, si bien con algunas innovaciones del XIX. Si hemos de juzgar por la novela que acabo de leer, me apuntaría a lo último de lo antes dicho.
La abadía de Northanger (1918) tiene una curiosa historia. Fue la primera escrita por la autora. Sin embargo, en torno a esta novela se desarrolló una larga y conflictiva trama judicial con los editores en reivindicación de los derechos de autor. En este proceso se le cambió incluso el título inicial, pero finalmente fue editada de forma póstuma por su hermano Henry que se dedicó a defender sus derechos en los tribunales.
Otra cuestión importante a destacar es que no se trata de una obra autobiográfica. Sin embargo, si repasamos la biografía de la escritora veremos que las coincidencias entre su vida y la de la protagonista, Catherine Morland, son más que notables. Ambas pertenecieron a la emergente clase social de la gentry, las dos eran hijas de clérigos, además de otras convergencias. Pero ahí se acaba la sincronía porque en clara divergencia con aquella, Jane Austen tuvo una desgraciada vida sentimental y nunca se casó.
Un aspecto interesante es la figura del narrador que en principio es omnisciente, penetra en los flujos de conciencia de Catherine y cuenta la historia en tercera persona. No obstante, con una técnica muy típica del XIX, se dirige con frecuencia al lector para que sea acorde con sus razonamientos, o plantea preguntas que pueden inducirle a la duda. En los capítulos finales se intensifica tanto esa apelación directa que pensamos que es la propia escritora quien nos habla.
No voy a entrar a describir la trama argumental. Como suele suceder es muy descriptiva y algo aburrida en la exposición y se anima bastante más en el nudo y desenlace. Me interesa en cambio destacar los elementos que subyacen en la trama y son la base crítica que Austen parece reflejar en su novela: La rigidez de las normas y etiqueta social de la época. La superficialidad e hipocresía de la aristocracia inglesa. La estricta división social y económica en clases. Pero, sobre todo, la angustiosa necesidad de las mujeres en busca de un matrimonio económicamente favorable que las dignifique ante una sociedad machista, que las priva de educación paritaria y no busca en ellas más que el cuidado del hogar y los hijos.
Otra intención de Jane Austen es la cruel parodia de las novelas góticas, esa literatura de evasión que ya triunfaba en su época. Eso nos habla de mentalidad conservadora dentro de esa contradictoria dualidad entre tradición y progreso que muestra en sus novelas.
Algunos diálogos entre los personajes son interesantes. Destaca uno en el que se señalan las falsedades históricas, a veces pura literatura, frente a las ventajas de la historia que suele superar a la ficción.
La edición que he leído viene precedida por una extensa introducción de Marilyn Butler, toda una experta en la obra de Jane Austen y de toda la literatura inglesa del XVIII. Sus eruditas opiniones merecerían ser expuestas en congresos o conferencias especializadas en la materia, pero son claramente excesivas y agotadoras para un lector medio, incluso aventajado. Por eso recomiendo saltarla y pasar a la novela. Así podremos formar libremente nuestra propia opinión, aunque sea equivocada. En cambio, sí recomiendo leer al final la emotiva biografía de la autora hecha por su hermano Henry Austen. Nos aclarará mucho sobre el carácter de la misma.
Para terminar, estamos ante una obra de juventud. Trata del mismo tema que la mayoría de las novelas de Austen, pero lo perfeccionó en Orgullo y prejuicio que la encumbro en lo literario. Si el lector encuentra esta novela tendrá que disculpar cierta pesadez de la trama para ilustrarse sobre una época histórica interesante que, con algunas diferencias, es en parte equiparable a nuestro siglo XVIII-XIX español.

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