Los expertos consideran que Ludwig van Beethoven (1770-1827) fue uno de los más importantes compositores de música clásica. Lo integran en una lista de los grandes que llaman las tres B: Bach, Brahms, Beethoven. Como aficionado coincido en parte con esos nombres, pero puedo decir que el genial músico alemán está sin duda en mi particular nómina de preferencias.
La biografía del compositor es muy conocida, sobre todo la precoz sordera que agrió su carácter, pero no le impidió desarrollar una ingente producción: sinfonías, sonatas, conciertos, música de cámara y sacra, obras para ballet y ópera. Además de compositor fue director de orquesta y pianista.
De orígenes familiares humildes, Beethoven saludó los cambios sociales que trajo la Revolución Francesa. Consideró a Napoleón como uno de sus líderes y le dedicó su Tercera Sinfonía Heroíca, aunque tiempo después le retiró la dedicatoria al enterarse de su coronación como emperador. No fue su única decepción; su vida osciló entre grandes éxitos, fracasos y desilusiones, pero siempre fue un amante de la libertad de hecho, fue uno de los primeros músicos que no estuvo al servicio de casas nobles o grandes prelados. Aunque tuvo mecenas que le subvencionaron para que no abandonara Viena, siempre gozó de total libertad para componer lo que quisiera, sin someterse a pedidos. Eso no impidió que muriera en una relativa pobreza como otros muchos músicos.
En cuanto a su obra, se le considera como transición entre el clasicismo musical y el movimiento romántico que después desarrollarían compositores como Wagner, Brahms o Chaikovski entre otros. De sus composiciones, las más conocidas son las sinfonías, y entre ellas las más populares son la Quinta Sinfonía y esta Novena a cuya interpretación hemos asistido en el Teatro Infanta Leonor de Jaén. A nivel internacional es una obra muy representada, no obstante, presenta algunas dificultades técnicas como es la gran masa coral que precisa. Por eso no ha sido muy interpretada en nuestra ciudad, creo que esta es la cuarta vez que la disfruto en casi treinta años.
La Sinfonía nº 9 en re menor op. 125, conocida como Coral, está escrita para orquesta de 23 instrumentos, coros y cuatro solistas soprano, contralto, tenor y barítono. Consta de cuatro movimientos, los dos primeros, allegro y molto vivace, más rápidos y dinámicos, tienden a excitar la emotividad y las pasiones del espectador. El tercero, Adagio, es un movimiento lírico lento, un verdadero bálsamo después de la tormenta sonora de los dos primeros. Éste último nos retorna a la racionalidad del clasicismo musical antes del cuarto movimiento, Finale, con la nueva explosión de la orquesta y la apoteosis coral. No me extenderé en más detalles técnicos que superan sin duda mis conocimientos musicales.
El concierto actual ha sido interpretado por la Orquesta Filarmónica de Jaén, una agrupación de nueva creación que reúne a cuarenta músicos jiennenses, muchos recuperados de una especie de diáspora en diferentes lugares, otros son profesores formados en los conservatorios de nuestra ciudad, además de algunos alumnos aventajados de los mismos. Con esta gran obra inician una gira inaugural dirigidos por Rafael de Torres Carpio, jiennense de acreditado currículo internacional en la dirección de orquesta. En la parte coral nada menos que tres coros: Coro de Ópera de Jaén, Coro Ciudad de Jaén y Coral Ubetense.
Entre los vocalistas, algunos son paisanos, todos con gran experiencia en el campo de la lírica y desarrollan labores docentes en los conservatorios de nuestra capital. Ya he tenido oportunidad de oírlos en anteriores conciertos y no tengo dudas sobre su gran calidad vocal. Los citaré en esta ocasión no por mi particular preferencia sino por orden de mayor a menor tiempo de ejecución en ese Himno a la Alegría, inspirado en un poema de Schiller, que actualmente es el Himno de Europa.
Sin duda el papel más destacado correspondió al barítono Damián del Castillo que inició la parte vocal del Finale con un largo recitativo que comienza con la conocida frase: “O Freunde, nicht diese Töne!”, su capacidad para vocalizar graves merece mención. Después las parejas de voces masculinas y femeninas se alternaron en distintos recitativos. Como es natural en estos casos destacan más los agudos. Los de Lucía Millán, soprano lírica de coloratura y el tenor Ángel Luis Molina, sin menospreciar por ella a la mezzo Paola Baeza.
La orquesta, casi todos músicos muy jóvenes, tuvo una interpretación brillante y magistral. Me pareció que ejecutaron en un tempo algo más lento que la versión de Karajan para la Deustche Grammophon, pero esto no puedo asegurarlo con seguridad. El coro, compuesto por unos cuarenta cantores, se coordinó muy bien con la orquesta y sin duda aportó ese tono glorioso del final.
No me queda más que agradecer la iniciativa de patrocinadores, director y músicos para formar esta Orquesta Filarmónica que sin duda va ser motivo de orgullo para nuestra ciudad y delicia para los aficionados a la clásica.

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