La epopeya, como versión escrita de antiguos relatos orales, representa el comienzo de la literatura narrativa en nuestra cultura. Su expresión fue el poema épico. En el origen la Ilíada y la Odisea, del mítico Homero, después la Eneida del romano Virgilio. Esos poemas estaban divididos en cantos destinados a ser recitados o cantados por un relator. Sus versos, conocidos como hexámetros dactílicos, no se basaban en la rima sino en el ritmo impuesto por la alternancia de sílabas breves y largas. A partir de ahí se inicia una extensa evolución del poema épico que llega hasta el Renacimiento. Se prolongó en la Edad Media con los cantares de gesta como la Chanson de Roland o el Cantar del Mio Cid que introducen como novedad la rima de los versos en asonante.
El retorno a las fuentes clásicas de los renacentistas supuso la culminación de la épica. Se impuso entonces la rima consonante y como estrofa la octava real. Citaremos la Araucana (1569-89) de Alonso de Ercilla, Os Lusíadas (1572) de Luís de Camoens y esta Jerusalén liberada (1581) de Torcuato Tasso, considerada la obra más bella de la literatura italiana y segunda en importancia después de la Divina Comedia (1304-21) de Dante.
Toda evolución se hace desde la tradición y por eso los poemas épicos, además de elementos distintivos, tienen rasgos comunes que los definen, algunos de ellos son: Un protagonista heroico que encarna las virtudes de su pueblo. Acciones grandiosas en batallas. Presencia divina que interviene en el destino de los mortales.
Comenzaré por el autor, Torcuato Tasso (1544-95): De familia noble, recibió una educación esmerada. Tras una juventud itinerante por distintas ciudades italianas, en su madurez ingresó como historiador y poeta en la corte de Ferrara al servicio del duque Alfonso II de Este.
Era un católico fanático, quizás influido por las ideas de la Contrarreforma. Unas décadas antes Solimán el Magnífico asedió por vez primera a Viena. El peligro turco seguramente fue el detonante para escribir su obra maestra, que le llevó nada menos que quince años. Un carácter obsesivo y temeroso lo animó a entregar el texto a los censores, pero mientras tanto el manuscrito original fue publicado sin su permiso. A partir de ahí desarrolló un cuadro esquizofrénico con alternancia de melancolía y crisis de ira con agresiones a las personas. El duque de Este se vio obligado a internarlo en un hospital, por su propio bien y para no atraer las miradas de la Inquisición, ya que el poeta se había declarado hereje a sí mismo. Años después vagó por varias ciudades y autocensuró su obra a la que tituló la Jerusalén conquistada. Pero ya el original había traspasado la barrera de la fama en toda Italia. Muere en Roma a los 51 años, a las puertas del éxito, cuando iba a ser coronado como poeta por el papa Clemente VIII.
La Jerusalén liberada narra la conquista de la ciudad a finales del siglo XI liderada por Godofredo de Bouillón, durante la Primera Cruzada. Aunque aporta datos históricos, se trata de una versión mitificada de la conquista.
En primer lugar, los datos técnicos: Consta de 20 cantos y está escrita en versos endecasílabos de rima consonante, en la ya citada octava real formada por un sexteto y un pareado con rima (ABABABCC). Naturalmente en la traducción al español se pierde la rima. No obstante, en la magnífica edición de José María Micó, el traductor ha conseguido mantener la rima del pareado final y aporta también la versión original en italiano antiguo, que solo puede ser orientativa para un lector sin dominio de ese idioma.
El narrador que es omnisciente en tercera persona, se permite saltos temporales en el relato e incluso vaticinar el futuro y el final de algunos de los héroes. También intercala en el mismo muchas reflexiones de tipo filosófico sobre la muerte, la brevedad de la vida o el ocaso de los imperios. En el poema abunda la figura retórica del oxímoron que junta dos palabras de significado opuesto para dar un nuevo sentido al verso.
Analizaré ahora las similitudes temáticas con las grandes obras de la épica grecolatina: Rinaldo, el orgulloso e invencible guerrero, recuerda vivamente al héroe Aquiles. El embrujo de la maga Armida sobre Rinaldo es el trasunto de las historias de la maga Circe y la ninfa Calipso con Ulises en la Odisea. Las alusiones metafóricas a la mitología clásica, se entremezclan aquí con otras relativas a Antiguo y Nuevo Testamento cristiano. Antes eran los dioses partidarios de uno y otro bando, aunque al final se imponía Zeus como dios supremo. Aquí son las fuerzas infernales las que apoyan a los islámicos y las celestiales a los cristianos Dios Padre deja obrar a los primeros hasta que hace prevalecer sus designios. Es esa tolerancia inicial la que permite que se prolonguen los duelos y las alternativas bélicas.
Los combates singulares son muy frecuentes y descritos con toda la crudeza de la violencia. Lo más significativo en este caso son los duelos entre Tancredo y Argante. El narrador no escatima elogios a los paladines sarracenos, pero siempre con la intención de engrandecer la victoria de los cristianos.
En cuanto a las originalidades de esta epopeya señalaré las siguientes: Presencia de mujeres guerreras; Clorinda entre los musulmanes y la cristiana Gildipe. Románticas historias entre enemigos. Destaca el amor de Tancredo por Clorinda de trágico final, o el embrujo de Rinaldo por la maga Armida, la seductora enamorada. También el amor imposible de la princesa Herminia por Tancredo. La trama de estos relatos se basa en el engaño provocado por falsas apariencias y disfraces.
Pero lo más destacable es el derroche de fantasía comparable a los cuentos de las Mil y una noches. El embrujo de jardines paradisiacos, los perversos conjuros del mago Ismeno, o la magia blanca y buena del mago cristiano. Viajes increíbles por el Mediterráneo o los hechizos de invisibilidad o visiones del futuro.
No obstante, a pesar de lo dicho Tasso se documentó bien en lo histórico. No solo hay nombres y personajes reales como Godofredo, Balduino o Tancredo, además de muchos otros. Se describe bien la división del mundo islámico entre fatimíes egipcios, turcos selyúcidas y chiíes persas, diferencia de intereses que favoreció la conquista. También la desconfianza de los católicos hacia los bizantinos ortodoxos. La matanza indiscriminada posterior al asalto se retrata con total respeto a las fuentes, y la obra termina con la adoración de Godofredo en el Santo Sepulcro.
Como curiosidad destacaré que el idilio entre Rinaldo y Armida, que es uno de los ejes narrativos de la obra, queda inconcluso. Me parece algo muy moderno dejar a la imaginación del lector el desenlace. O quizás Tasso se desentendió de ese amor profano y dio prioridad al amor religioso.
Para terminar, un poema épico grandioso que refuerza mi preferencia por la literatura clásica.

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