jueves, 5 de agosto de 2010

LA ARAUCANA. Alonso de Ercilla



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Hasta hace bien poco “La Araucana” de Alonso de Ercilla era para mí solo dos nombres aprendidos durante mi formación de bachiller en un sistema educativo ya rancio que ha sido denostado por excesivamente memorístico. Pero cuando encontré el libro en el estante giratorio de una librería, junto al título y su autor, evoqué otros datos como “renacimiento español”, “poesía épica”, “conquista de Chile” o “Caupolicán”, a modo de lo que ahora llaman “palabras clave” y todas ellas me incitaron a leer esta obra motivado por una mezcla de curiosidad tardía y de aprobar una asignatura pendiente para rellenar una de las muchas lagunas en mi formación. Ahora, una vez finalizada la lectura me alegro de aquellas memorizaciones juveniles porque no se puede entender ni gozar de algo que no se recuerda.

La Araucana es un clásico de nuestro renacimiento español que tiene varios aspectos destacables. En el plano literario no fue la primera obra que trataba sobre temas de la conquista del Nuevo Mundo (antes Bernal Díaz del Castillo y otros) pero si la primera obra culta de esta temática. Escrita como poema épico, un género entonces de moda, fue un auténtico éxito de ventas en su época.
Editada en tres partes y en diferentes años, está dividida en 37 Cantos (capítulos) y compuesta por versos endecasílabos agrupados en la estrofa llamada “octava real” (rima abababcc).
Alonso de Ercilla era un noble de esmerada educación que conocía tanto a los clásicos grecolatinos como a los escritores del Renacimiento italiano. Se ha dicho que se inspiró en “la Iliada” de Homero, en “la Eneida” de Virgilio y en el “Orlando furioso” de Ariosto entre otras obras. En mi opinión es muy reconocible en el texto la influencia de las dos primeras, tanto en el tratamiento heroico de los personajes como en el realismo a la hora de describir los crueles combates de los mismos. La novedad es que los hechos relatados no son mítico-legendarios como en los grecolatinos sino contemporáneos, vividos y presenciados por el autor. Por otra parte en aquellos los dioses forman parte de la acción y la determinan mientras que en “la Araucana” las frecuentes alusiones mitológicas son un puro recurso estilístico culto.

La obra tiene además una segunda lectura en el plano histórico. Se narra en ella el fracaso inicial de la campaña de conquista de Chile emprendida por Pedro de Valdivia que terminó con la muerte del mismo, la posterior rebelión de los indios araucanos y la guerra mantenida por los españoles al mando de don García Hurtado de Mendoza que terminó con la derrota de aquellos.
Aunque los hechos fueron presenciados por el autor, la forma literaria del poema épico les resta credibilidad histórica. No obstante se trata del único testimonio de la conquista de Chile por lo que ha sido considerada como fuente histórica fidedigna durante casi trescientos años, más aún por parte de los chilenos. Me consta que en las escuelas de este país los niños memorizaban las estrofas iniciales del poema en las que se describen los límites geográficos de Chile, y que para los chilenos Caupolicán es el equivalente de nuestro Viriato, es decir, un referente legendario de las raíces indígenas que forman parte de la identidad nacional.
Aunque un objetivo claro de la Araucana es exaltar el heroísmo de la conquista española también se destacan claramente los valores del pueblo araucano, la valentía, la buena organización táctica de sus ejércitos y la tenacidad en la lucha a pesar de la superioridad técnica de los españoles (caballos, armas de fuego). Ercilla muestra una evidente simpatía por los indígenas e incluso llega a denunciar algunos de los vicios de la conquista española tales como la codicia, muy manifiesta en el caso de Valdivia, y la crueldad de algunas actuaciones tales como la ejecución del cacique Caupolicán.
La obra tiene también otro objetivo manifiesto y es la exaltación de la idea imperial concretada en el imperio español de Felipe II. En esto imita claramente a Virgilio (Eneida) cuyo poema estaba destinado a glorificar el imperio de Augusto. En efecto, la obra está dedicada en la introducción al cesar Carlos y a su hijo Felipe al que se dirige personalmente en muchos capítulos considerándolo como el primer lector de la misma. Además en varias disquisiciones, y mediante distintos artificios literarios, se describen las batallas de San Quitín y de Lepanto en un claro salto de escenario geográfico y político que pretende resaltar la universalidad del imperio español.
Finalmente hay que destacar un tercer aspecto, el lingüístico. Y es que la narración está repleta de figuras literarias tales como comparaciones, históricas o míticas, metáforas, hipérboles y sobre todos repeticiones de términos (anáforas) destinadas a reforzar la intensidad de la acción. Abunda además en cultismos, anacronismos y nos muestra en general un castellano antiguo que haría las delicias de gramáticos, lexicógrafos y filólogos. Por suerte para un lector como yo, poco o nada versado en estas disciplinas, la edición de Editorial Cátedra (Letras Hispánicas) abunda en notas aclaratorias que ayudan a disfrutar plenamente de esta riqueza literaria.
Se trata pues de una auténtica joya de nuestros clásicos españoles, reconocida en su época como tal no sólo por los lectores sino incluso por autores de la talla de Cervantes que la cita en el Quijote.

sábado, 31 de julio de 2010

CELDA 211. Daniel Monzón


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Con la palabra inglesa “thriller” se define actualmente el género literario, y especialmente el cinematográfico, de acción trepidante que provoca expectación y ansiedad en el lector o espectador durante el desarrollo de la misma. Personalmente prefiero utilizar el galicismo “suspense”, por su mejor sonoridad, por estar incorporado de hecho al castellano, y por contrarrestar la creciente contaminación anglosajona de nuestro leguaje habitual.
Una vez hecha esta aclaración, quizás innecesaria o no compartida, debo decir que “Celda 211” me parece una de las mejores películas de suspense del cine español, un género poco habitual en el mismo. En efecto, cuando a los pocos minutos de comenzada la acción explota el motín carcelario en toda su crudeza y brutalidad lo primero que pensé es que resultaría imposible mantener semejante intensidad y expectación durante todo el metraje de la película y que, tarde o temprano, la acción decaería. Me equivoqué porque la trama argumental mantiene en todo momento tal grado de “suspense” que provoca niveles de ansiedad y verdadera angustia que te mantienen la musculatura tensa y las manos aferradas al brazo del sillón.
La interpretación de Luis Tosar en el personaje de Malamadre resulta casi magistral, destacada sobre las estupendas del resto de los actores del reparto, y es merecedora sin duda del premio Goya del 2009.
De la obra se puede extraer incluso una lección moral, o más bien una “moraleja” si es que queremos rebajar en algo la profundidad ética de dicha lección. Y es que el ser humano es capaz de defender ciertos principios básicos de justicia y solidaridad incluso en un ambiente tan hostil, violento y degradado como es el de la prisión.
En resumen, una buena película, un drama carcelario bastante original en el cine español, con magnifica interpretación y alto grado de suspense.

viernes, 16 de julio de 2010

EL LORO DE FLAUBERT. Julian Barnes

Es la segunda obra que leo de esta autor, considerado por la crítica como postmodernista aunque reconozco que no entiendo del todo el significado de este término y el movimiento literario que describe. Si puedo reconocerlo como un escritor ciertamente original en el que destaca su capacidad crítica y la ironía típica del mejor humor inglés. “El loro de Flaubert” (1986) fue su primer éxito editorial pero yo leí primero el segundo, “Una historia del mundo en diez capítulos y medio”.
Centrándonos en esta obra hay que destacar en primer lugar su originalidad, ya que está a medio camino entre la novela, la biografía y el ensayo. Barnes se muestra como profundo conocedor de la obra de Flaubert con el cual comparte algunos rasgos comunes como la ironía y el desprecio por la crítica literaria. Flaubert también fue un escritor original que en su momento representó la transición entre el romanticismo y el realismo. Barnes nos introduce no sólo en su obra sino en su carácter, sus virtudes y sus contradicciones personales. De esta forma conocemos al burgués conservador que sin embargo odiaba a la burguesía, su carácter neurótico y solitario, su misantropía, su opción por la verdad por desagradable y cruel que sea, y su obsesión por la perfección formal y estilística en sus obras.
De Flaubert he leído bastante. “Salambó” representa para mí la estética y la perfección del estilo. Sus notas del “Viaje a Oriente” reflejan a Flaubert como persona, con todos sus claroscuros y contradicciones. En sus “Tres cuentos”,una de sus últimas obras, se aprecia bien esa mezcla de elementos románticos y el estilo realista. Tengo en mi biblioteca su principal obra “Madame Bovary” aunque esta no he podido leerla aún. Me queda sólo por señalar que esta novela de Barnes es de lectura interesante y amena aún si no se conoce nada de la obra y vida de Flaubert, pero quién la conoce, al menos parcialmente, se siente además cómplice y partícipe de las opiniones del autor y puede percibir mucho mejor los matices y originalidad del relato.