miércoles, 24 de agosto de 2016

MI VIDA QUERIDA. Alice Munro

Antes de iniciar el comentario de una obra suelo recoger de forma somera algunos datos biográficos del escritor que me ayudan a contextualizar la lectura, pero evito consultar otros comentarios o críticas sobre la misma para que mis propias opiniones no resulten condicionadas por las de otros. La de hoy es una clara excepción a ese veto previo que me impongo, porque esta colección de cuentos me ha dejado sin ideas, sin palabras, literalmente in albis-que dicen los latinos-y no precisamente por fuerte impresión o impacto emocional. Será necesario, pues, recurrir más de lo que quisiera a ideas y opiniones ajenas.
No conocía a Alice Munro (1931) y resulta que esta veterana escritora fue galardonada con el Nobel de Literatura en 2013. Nació en Ontario, la región de los Grandes Lagos norteamericanos. Era hija de granjeros y parece que su infancia se vio afectada por las penurias económicas propias de la gran depresión y las posteriores restricciones en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Ha vivido dos matrimonios y varios cambios de residencia pero siempre en Canadá. A partir de los años 70 se estabilizó de nuevo en su región natal y se consagró como escritora. Su especialidad son los relatos cortos que ha agrupado y editado en sucesivas colecciones. Creo que sus cuentos están claramente marcados por la propia biografía y, si la repasamos,  encontraremos reflejados en ellos los lugares, el ambiente social y quizás experiencias o impresiones de su infancia y juventud.
           Mi vida querida (2012) es su última colección de cuentos. Está integrada por diez relatos y, a modo de apéndice final, otros tres que la autora califica de autobiográficos y parecen una confesión de sentimientos y sensaciones en torno a los recuerdos de su infancia.
                     La mayoría de las historias están ambientados en pueblos de Ontario o la Columbia Británica. Pequeñas villas rurales de ambiente un tanto opresivo, donde todo el mundo se conoce y nunca pasa nada especial, que recuerdan a los pueblos del medio oeste norteamericano. Comunidades que aún respiran la atmosfera puritana de los primeros colonos, bajo la dirección de pastores evangelistas, anglicanos o unitarios. Los narradores son múltiples, omnisciente en tercera persona, narrador testigo y en muchos casos enfocados desde la perspectiva de una narradora protagonista en primera persona, niña o joven, que cuenta vivencias de su infancia o juventud, a veces como recuerdos cuando ya son adultas. El marco temporal predominante son los años 40 y 50 del pasado siglo, años de depresión económica como se ha dicho; con cierta similitud al mismo periodo histórico que en nuestro país se dio en llamar la España en blanco y negro. El tren aparece en muchos relatos quizás como símbolo del viaje como devenir de la vida o como ilusionada huida hacia otra vida posible.
          Dicen los críticos y admiradores de la escritora que su prosa es natural, cercana al lector y abundante en elipsis que buscan su complicidad. Que estas historias giran casi siempre en torno al amor. Que exploran las relaciones humanas en contextos cotidianos. Que sus personajes  se dejan arrastrar por la inercia de los acontecimientos y se caracterizan por la inacción. Por esto, y por la calidad y el crudo realismo de los relatos, se ha llamado a Alice Munro, la Chejov canadiense.
          Naturalmente estoy de acuerdo con estas apreciaciones, sería presunción por mi parte no compartirlas. Pero añadiré que los frecuentes vacíos o elipsis, quizás fáciles de rellenar por un lector canadiense, suponen una cierta dificultad para lectores menos familiarizados con las costumbres y ambiente de ese país. Que el amor que trasciende los relatos suele ser frustrado o insatisfecho, y en ocasiones con matices crueles. Que las relaciones interpersonales, descritas con frio realismo, quedan despojadas con frecuencia de emotividad. Que los giros inesperados, un elemento característico del relato breve, son a menudo previsibles.
          Es normal que en una colección de cuentos, cada lector tenga sus favoritos. Los míos son estos: Corrie, el amor defraudado que se mantiene por inercia. Admunsen, la relación entre una joven y un hombre maduro en un entorno triste. Llegar a Japón, el viaje de una mujer casada en pos de una ilusión. Grava, el sentimiento de culpa que se arrastra toda una vida. Como siempre, lamento ser tan poco explícito. Me lo agradecerán quienes quieran leer estos relatos.
         En fin, cuando un libro como este me deja algo insatisfecho, más si se trata de una autora consagrada y elogiada por la crítica especializada, siempre sospecho de mi propia ignorancia o capacidad de análisis. Quizás tampoco he sintonizado con la sensibilidad de la escritora o con una mentalidad tan distinta de nuestra mentalidad latina. En cualquier caso tengo que admitirlo, estos relatos me han dejado frio y no han conseguido engancharme en una lectura casi de tirón, algo que me pasa con muchas otras colecciones de cuentos. En mi opinión les falta esa chispa indefinible que atrae y atrapa en la lectura. Deseo a futuros lectores mejores sensaciones que la mías.  

sábado, 6 de agosto de 2016

OBRA POÉTICA. Baltasar del Alcázar

Tengo que reconocer mi deuda con este antiguo poeta sevillano del que he tomado en préstamo parte de sus señas de identidad. Para empezar, titulé mi blog con el nombre del personaje que encabeza su poema más conocido, el que empieza con los versos: En Jaén donde resido/vive Don Lope de Sosa.. Más tarde seguí  utilizando ese literario pseudónimo en las redes sociales, y  para rematar la faena puse como foto de mi perfil el único retrato conocido del poeta, un dibujo publicado nada menos que en 1599. En el retrato aparece avejentado, con barba cana, engolado a la moda de su tiempo y ostentosamente laureado de una fama literaria que, según dicen, acaso no traspasó los límites de su ciudad natal. Estas apropiaciones las justifico por mi inicial recelo hacia la red y la intención de mantener el anonimato. Ahora cuando, a pesar de todas esas precauciones, Google me conoce bastante más de lo que debiera y me felicita por mi cumpleaños, me busca amigos o conoce mis aficiones, me alegra pensar que al menos no puede utilizar mi imagen y nombre real. He mantenido pues esa pequeña usurpación de personalidad que me exonera de pagar derechos de imagen o de autor, inexistentes en el siglo XVI.
   En el marco poético del Siglo de Oro, que comprende todo el XVI y gran parte del XVII, a Baltasar del Alcazar (1530-1606) se le puede encuadrar en la llamada Escuela sevillana, cuyo máximo representante fue Fernando de Herrera (1534-1597) y a la que también pertenecieron Gutierre de Cetina (1520-1557) y Rodrigo Caro (1573-1647) entre otros. De lo poco que he leído sobre este grupo de poetas renacentistas, deduzco que fueron una especie de transición entre la lírica petrarquista típica de Garcilaso de la Vega y los dos grandes de la poesía  barroca, Luis de Góngora y Francisco de Quevedo

   Como otros muchos en su siglo, nuestro autor fue antes soldado que poeta. Militó en las galeras de Don Álvaro de Bazán, fue hecho prisionero aunque no terminó mutilado –recordar al manco de Lepanto-  y parece que estuvo un tiempo destinado en la guarnición del castillo de Jaén. Después entró al servicio del duque de Alcalá y del conde de Gelves, entre otros cargos fue alcaide del castillo y villa de los Molares y se dedicó a negocios especulativos y de rentista. No debió de sufrir penurias económicas porque padecía de gota, la enfermedad de la nobleza, y a ese mal dedicó algunos de sus poemas. En el plano literario, no gozó de fama en su época, sus poesías no fueron publicadas y se han conservado gracias a un manuscrito de su amigo, el pintor Pedro Pacheco, que las recopiló, junto a su único retrato, en un libro de ostentoso título: Libro de Descripción de Verdaderos Retratos de Ilustres y Memorables Varones. La posteridad tampoco le hizo justicia, ha sido casi ignorado por la crítica literaria, escasean los estudios sobre su obra y en los manuales de literatura se cita apenas su nombre asociado al poema ya mencionado, Cena jocosa, que se pone como ejemplo de poesía  burlesca de tema anacreóntico.
          Este volumen, titulado Obra completa (2001), es la segunda de las dos únicas ediciones conocidas que  recogen la obra del poeta, un total de 237 poemas más otros 15 de dudosa atribución. Se trata de una edición de alta calidad, precedida por una estupenda introducción de Valentín Nuñez Rivera, tan técnica que los lectores poco especializados deberían leer a salto de párrafo, seleccionando sólo las ideas importantes.
        Su producción lírica fue muy variada. En cuestión de métrica dominó tanto los versos endecasílabos como los octosílabos, también las estrofas, cuartetos, tercetos y principalmente los sonetos. En cuanto a las composiciones, escribió odas, epístolas, epigramas, glosas, canciones y villancicos. Sus temas son igualmente variados; poesía religiosa en la que exalta a la Virgen o el dogma de la Eucaristía muy valorado por la Contrarreforma; poesía amorosa fijada en sonetos de estilo petrarquista; poesía culta de tema mitológico clásico; poesía laudatoria a sus mecenas  nobiliarios; sonetos misivos dedicados a los escritores sevillanos de su generación. Pero su auténtica originalidad es la poesía burlesca, satírica en su contenido y basada en la parodia que vulgariza los códigos estéticos y los ideales renacentistas. Su burla se extiende, de forma inmisericorde, a las costumbres de su tiempo; a las mujeres, que no son aquí el ideal de dama sino prostitutas, retratadas en sus defectos físicos, livianas de costumbres y manipuladoras en el amor; a los maridos cornudos y a las limitaciones venéreas en la edad senil. Viaja a contracorriente cuando se ríe abiertamente del tema pastoril y bucólico al estilo horaciano y reivindica la vida ciudadana. La sátira se extiende a la propia poesía cuando critica la obsesión por los versos consonantes que obligan al abuso de arcaísmos y cultismos para conseguir la rima a costa de hacer el contenido ininteligible. Sus poesías eróticas abundan en disemias o palabras y frases de doble sentido y parodian la lascivia de frailes y monjas. El poema titulado Diálogo entre dos perros es un claro precursor de la novela picaresca y en concreto del Coloquio de los perros de Cervantes.
          En fin, la lírica de Alcázar es una exaltación de los goces de la buena mesa y del amor, y también una burlesca desmitificación de los valores éticos y estéticos imperantes en su momento, que no respeta ni asuntos tan serios entonces como el honor, la guerra, el amor o la poesía. Es también contradictoria, religiosa en su deseo de expiación de culpas propias y adhesión al dogma, pero profundamente anticlerical; culta pero crítica con su propia estética y popular en el fondo. El conjunto de su obra abunda en curiosidades; como ejemplo cabe señalar un poema en el que se burla de la fiesta de los toros, y otro en el que satiriza los pronósticos de los astrólogos.
          Para terminar, no diré que todos los poemas resulten interesantes, algunos son bastante crípticos, otros aburridos por exceso de cultismos. En el libro hay que buscar las perlas, que son muchas, y pasar por alto el resto. En cualquier caso, con esta lectura, entendida como curiosidad literaria, creo haber saldado mi deuda con Baltasar del Alcázar.





martes, 19 de julio de 2016

LA SUITE DE MANOLETE. Joaquín Pérez Azaústre

Este libro resulta buen ejemplo para ilustrar como se puede elaborar un argumento a partir de elementos temáticos heterogéneos y en principio inconexos, pero bien amalgamados y estructurados, para conseguir una historia atractiva que sustente la atención del lector hasta el desenlace. Creo que ese resultado lo ha alcanzado, en este caso y con cierta maestría, Joaquín Pérez Azaústre (1976), escritor cordobés que, a pesar de su relativa juventud, tiene editada ya una considerable obra literaria en géneros como poesía, novela y ensayo, que alterna con frecuentes colaboraciones en prensa.
La suite de Manolete (2008) es la cuarta y penúltima de sus novelas. Un relato de intriga con matices de serie negra que mezcla con inteligencia ficción y realidad, en un juego que especula con los imprecisos límites entre una y otra, cuestión muy de moda en la narrativa actual. La historia se localiza temporalmente en 1989, y los protagonistas son tres amigos, antiguos compañeros de estudios, Bruno Díaz, Fabián Alder y Jon Garcés. A éste último le encargan una biografía sobre Manolete y muere de forma inesperada y sospechosa. El suceso coincide con el estreno de una ficticia película sobre el diestro cordobés, del mismo título que la novela, producida por un ambicioso magnate de la presa con cierto perfil mafioso. Bruno inicia una investigación que lo sumerge en una espiral de acción mientras indaga sobre inquietantes hechos del pasado, y es en ese terreno donde lo real penetra en la trama. Por lo pronto aparece otra película, Brindis a Manolete (1948) de Florián Rey que se estrenó un año después de la muerte de aquel, protagonizada por Paquita Rico y Pedro Ortega, un actor mediocre pero casi un doble del torero (véase foto de portada). También se incorpora al relato el conocido como asunto Adonais 1950, una especie de fraude literario protagonizado por el poeta José García Nieto y una falsa poetisa, Juana García Noreña, pseudónimo con las mismas iniciales del escritor, que escondía a una mujer real, Angelines Fernández Borbolla, utilizada en una farsa que la mantuvo en candelero  durante un tiempo hasta ser descubierta y  desaparecer después cuando dejó de ser noticia. Un destino que guarda cierta similitud con el de Lupe Sino, la actriz y novia de Manolete que compartió con el diestro las portadas de las revistas del corazón y se eclipsó totalmente tras su muerte en 1947. En la evocación de esas historias del pasado, algunos de sus protagonistas reales penetran en la trama como personajes que dialogan con los ficticios en un juego de matiz metaliterario; tal es el caso del periodista Eduardo Haro Tecglen o el propio poeta García Nieto
          En el desarrollo argumental, entre exposición y desenlace, se intercala, a modo de largo inciso que ocupa un cuarto del texto completo, una biografía novelada de Manolete, la redactada por el amigo de Bruno, Jon Garcés. Es aquí donde el novelista da rienda suelta a su admiración por el torero, reconocida en las notas finales, y nos ofrece su imagen a medio camino entre lo épico y el lirismo, entre la pose austera y solitaria del héroe y su íntima necesidad de amor, entre el opresivo peso de la fama y la alegría vital de la juventud. Una imagen que no evita algunos claroscuros del personaje que humanizan su figura. Porque Manolete fue un mito necesario en la mísera, humillada y autárquica España de posguerra. Tenía todas las condiciones necesarias para serlo y la principal, la imprescindible desde Aquiles y Alejandro, fue su prematura y trágica desaparición, esa muerte que inmortaliza al héroe, lo fija en una eterna juventud sin mácula y lo conduce a la apoteosis  mítica.
          La biografía no supone una defensa de la tauromaquia, y digo esto para alivio de anti-taurinos y animalistas en general, lo que interesa aquí es sólo el hombre y su mito. A su tono poético solo hay que reprocharle la inclusión, a modo de copia y pega, de unas pocas notas de prensa sobre las corridas del diestro cordobés. Y aunque parezca una digresión, está bien trabada con la trama sin llegar a romper totalmente el hilo conductor de la acción, de forma que se consigue mantener la tensión durante todo el relato.
       Valorada en su conjunto, a la historia solo cabe reprocharle algunos aspectos poco creíbles en Bruno, el protagonista principal, y tampoco añade ningún plus el epílogo, con un salto temporal de cinco años, que solo pretende completar la historia con una feliz secuela que sobra en mi opinión. Pero con todo es una interesante novela de intriga, bien trabajada, entretenida y de lectura fácil, sin merma de cierto estilo literario.  

viernes, 1 de julio de 2016

MIL SOLES ESPLÉNDIDOS. Khaled Hosseini

Khaled Hosseini es poco o nada conocido en España, pero en Estados Unidos alcanzó cierta fama gracias a tres novelas que han sido superventas. Esta es la segunda de esa serie y cuenta, como las otras dos, una historia ambientada en Afganistán. Si repasamos la biografía del escritor afgano-norteamericano veremos que nació en Kabul, en 1965 y en el seno de una familia perteneciente a la élite cultural de su país. Su padre era diplomático y su madre profesora. Con once años se trasladó a Teherán y luego a París por los destinos de su padre en esas embajadas, y no pudo regresar a Afganistán por la guerra latente que se prolongó allí durante unos treinta años. La familia se afincó en Estados Unidos donde estudió y ejerció la medicina hasta que sus éxitos editoriales le indujeron a consagrarse a la literatura. Podemos suponer en el escritor un profundo mestizaje entre sus raíces orientales y la educación occidental, y sabemos que su experiencia afgana no se limita a la infancia sino que se amplió cuando viajó en 2006 a su país natal como embajador de ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados. Desde entonces ha creado una fundación de ayuda a los mismos y pienso, después de esta lectura, que sus novelas son una especie de contribución literaria a esa causa humanitaria   
          Mil soles espléndidos (2007) es una historia de ficción que se puede asimilar al género literario que los anglosajones denominan Factión, “literatura of facts” o Nonfiction novel. En este tipo de obras, los hechos narrados son ficticios pero verosímiles. Se aproxima, aunque no es totalmente equiparable, a la novela testimonio. Tiene un carácter historiográfico pero subjetivo, una especie de expresión intrahistórica que se personaliza a través de las vivencias de los personajes en épocas difíciles fomentando en el lector una visión valorativa de la historia, casi siempre de tipo aflictivo, porque apela a su íntima subjetividad más que a la objetividad racional.  En este tipo de literatura, muy del gusto norteamericano, prevalece la emotividad del contenido antes que la forma estética del relato.
          Todo lo anterior, y en particular lo último, parece aplicable a nuestra novela, repleta de escenas tiernas y emotivas, dramáticas y hasta crueles, descritas en un estilo totalmente desprovisto de cualquier artificio literario, tanto en su estructura narrativa como en el lenguaje, y por tal motivo de muy fácil lectura. Podemos confundir ternura con poesía, a fin de cuentas los buenos sentimientos tiene algo de poéticos pero, en el sentido estricto del término, la única alusión poética de la novela está en su título que hace referencia a unos versos del persa del siglo XVI, Saib-e-Tabrizi, que tampoco son de traducción literal al español.
          El libro cuenta la historia de Mariam y Laila dos mujeres afganas de distinto origen social cuyas vidas quedan unidas, por el destino y las circunstancias históricas, en una hermosa amistad que llega hasta la renuncia y el sacrificio. Están rodeadas de multitud de personajes que son expresión de todos los vicios y virtudes  propios del  ser humano, desde la cobardía, el resentimiento y la crueldad, hasta la tolerancia, la amistad y la abnegación. Afortunadamente el escritor no los reparte de forma maniquea evitando así una historia de buenos y malos, y por eso son personajes muy humanos y creíbles. La excepción es el zapatero Rashid, personificación de todos los aspectos más despreciables del machismo como elemento dominante en la cultura islámica. Porque lo que trasciende el relato es la opresión de la mujer en la sociedad afgana que llega a ser auténtica esclavitud en los regímenes integristas. A través de las dos protagonistas principales, sobre todo Laila, es también un canto a la dignidad de las mujeres y su valentía para rebelarse contra la tiranía de las normas sociales y religiosas para ser elementos activos de la sociedad. El ambiente histórico que envuelve la trama argumental  comprende unos de los periodos más convulsos de la historia afgana, desde la revolución comunista  de 1978 y la posterior invasión soviética, pasando por la larga guerra de desgaste de los muyaidines, la retirada rusa en 1989, la posterior guerra entre distintas facciones tribales, el integrista régimen de los talibanes, hasta la invasión norteamericana del país en 2001 tras el atentado a las torres gemelas. Se evidencia también la profunda división étnica y religiosa de Afganistán, que es una realidad histórica desde tiempo inmemorial y fuente de continuo sufrimiento para la sociedad civil. Y con todo no es la ambientación lo importante, no estamos ante una novela histórica aunque tenga elementos que nos la recuerden. Pero sí cabe destacar que es tendenciosa porque muestra los estragos bélicos de soviéticos y muyaidines, y la crueldad de los talibanes, mientras evita mencionar los mismos desastres en cuanto a la invasión americana. Me parece adivinar en  todo el relato una cierta intención catártica que busca fomentar la compasión y la piedad del pueblo norteamericano ante la triste condición de la mujer afgana y purificarlo de su mala conciencia justificando la intervención militar como una causa justa de liberación. En el epílogo parece que se pretende aprovechar ese estado de aflicción ante la miseria y padecimientos de los afganos para inducir sutilmente a la colaboración con las ONG humanitarias. Todos esos elementos explicarían que esta novela haya sido un best seller. Los años pasados y la inestabilidad del actual régimen afgano sustentado por Estados Unidos nos avisan de la inutilidad de esa catarsis aunque siga vigente la necesidad de ayuda a los refugiados.
      En fin, sobre todo una bonita y emotiva historia que se lee con agrado y facilidad, pero con bastante limitación en lo literario.     

miércoles, 15 de junio de 2016

MADAME BOVARY. Gustave Flaubert

Resulta empeño muy difícil comentar algo novedoso sobre esta obra que ha sido motivo de una ingente producción de ensayos y estudios analíticos. Algunos dicen que es la segunda mejor novela de la historia de la literatura, después de El Quijote. En cualquier caso, la crítica se muestra unánime cuando la considera como obra fundacional de la novela moderna y máximo exponente del movimiento literario realista.
Madame Bovary (1857) es posiblemente el mejor ejemplo a destacar entre los clásicos del XIX, no solo porque sus personajes son relevantes como modelos paradigmáticos de su época, sino porque en sus rasgos éticos y psicológicos, perfectamente caracterizados, son extrapolables a la nuestra, y las pasiones que muestran son atemporales. Gustave Flaubert (1821-1880), siempre obsesionado por la precisión, el estilo y “le mot juste” -en sus propias palabras- tardó más de cuatro años en escribirla, en plena etapa de madurez vital y literaria, y el resultado fue una obra maestra de perfecto equilibrio entre forma y contenido. En el plano formal porque el estilo literario, basado en un lenguaje elegante y sencillo, es también poético con algunos toques románticos, al tiempo que la precisión descriptiva es plenamente realista. En lo referente al contenido, porque la protagonista es víctima de su romanticismo libresco en un mundo real de convenciones y prejuicios burgueses.
          Es verdad que Madame Bovary es más bien una anti-heroína y que su historia y su apasionado carácter esconden una evidente crítica del romanticismo, pero su dramático final no está exento de tintes épicos. Cuando Carlos Bovary  atribuye el desenlace a la fatalidad pone en juego un elemento muy del gusto de los románticos y del propio autor que era un gran conocedor de los clásicos grecolatinos. Así pues, aunque se reconoce a Flaubert como el fundador del movimiento realista, se le atribuye además un cierto nexo con el movimiento anterior en un plano de transición entre los dos estilos literarios. Tras haber leído esta novela y tres obras más de las suyas, estoy de acuerdo con quienes opinan que fue una mezcla de temperamento romántico y realismo literario. ¿Cómo si no puede entenderse que, perteneciendo a la alta burguesía normanda, nos muestre un profundo desprecio por su propia clase social?. Porque la obra es también una aguda crítica de esa sociedad burguesa y provinciana, de la que destaca su vulgaridad y a la que retrata mediante personajes arquetípicos como el usurero y el boticario arribista, o en sus prejuicios y usos sociales tales como el matrimonio de conveniencia.
          Pero el tema central de la novela es el adulterio. Un asunto escandaloso para la mentalidad de la época, que le costó al escritor un proceso judicial por atentado contra la moralidad del que afortunadamente fue absuelto. No obstante, pienso que el tratamiento es aquí paradójicamente moralizante porque el desarrollo de la trama y el desenlace parecen establecer una clara relación causal entre pecado y expiación o penitencia, entre adulterio y castigo. Emma, joven soñadora muy influenciada por lecturas románticas, recibe una esmerada educación que le impulsa a rechazar  su modesto origen y ambicionar el brillante mundo de la aristocracia y  alta burguesía. Con la intención de salir de su familiar ambiente rural, casa con el médico Carlos Bobary y pronto ve frustradas sus ilusiones. A partir de entonces, amparada en su alocada e ingenua fantasía, inicia un proceso de progresiva degradación sentimental y ruina económica,  una progresión lógica hacia el desastre final que recuerda en cierto modo a las antiguas tragedias griegas. El lector lo intuye pero no importa, queda envuelto en las precisas  descripciones nunca tediosas, atrapado por la elegancia del lenguaje sin inútiles ostentaciones, y por un narrador omnisciente que se aproxima tanto a los personajes que nos los acerca, como si hablaran en primera persona. También percibe sutiles cambios de narrador en algunos pasajes y diálogos Dicen los expertos que esa sensación de proximidad, y un falso efecto de saltos temporales en una acción que es lineal y continua, lo consigue el escritor mediante el uso de tiempos verbales de imperfecto, condicional e interrogativo, que aportan esa impresión de movilidad sin alterar el ritmo y la unidad temporal. Son sutilezas técnicas que el lector nota pero  escapan a mi análisis de aficionado.
             En fin son muchos los aspectos que pudieran comentarse,  pero antes que extenderme mejor remitir a los detallados estudios que suelen introducir esta novela en las buenas ediciones. Terminaré añadiendo que es una lectura más que recomendable, casi obligatoria para los buenos lectores, aunque sea tarde como en mi caso. Los grandes de la literatura nunca defraudan.