Hace décadas que los historiadores aprovechan su formación académica para divulgar historia, adornada de ficción, mediante la novela histórica. Un buen ejemplo de estos pueden ser Juan Eslava Galán o Santiago Posteguillo. De otra parte, los novelistas procuran hacer verosímiles las suyas mediante una buena documentación de los hechos. En los últimos años aprecio un nuevo fenómeno que me agrada: Se trata de aquellos historiadores, con amplia formación y experiencia académica, que deciden resumir y divulgar mediante el ensayo lo que de inicio fueron tesis doctorales o complejos trabajos de investigación. He leído muchos de esos estudios destinados a un público de aficionados y reconozco que no siempre he estado a la altura, pero en general han enriquecido mis conocimientos.