He asistido a una anacrónica interpretación de esta pieza de música sacra, casi un mes después de Semana Santa, ya que suele representarse el Viernes de Dolores, en el preludio de la misma. Tanto más paradójico si la promueve una de las más populares Cofradías de Jaén, a beneficio de sus obras de caridad. En fin, tampoco es cuestión de ser quisquilloso. Un concierto como el que acabo de presenciar en la Catedral siempre es bien recibido por los amantes de la clásica.
Sobre el Stabat Mater, que es la obra que nos ocupa, diré que su texto se basa en un himno gregoriano compuesto en latín por un monje en el siglo XIII. Sobre detalles del mismo se pueden consultar las entradas de 23 de marzo de 2013 y la del 7 de abril de 2017. De las más de doscientas composiciones musicales que se basan en esta oración, conozco el de Dvorak, el de Pergolesi y el de Rossini. Este de Haydn es el cuarto que he disfrutado.
Sobre el compositor austriaco Franz Joseph Haydn (1732-1809) solo indicaré algunas notas biográficas. Se le considera el puente de unión entre la música del barroco y la del periodo clásico. Al final de su vida recibió alguna influencia del movimiento romántico Sturm und Drang. Tuvo una gran amistad con Mozart (ambos fueron masones) y fue profesor de Beethoven, aunque la relación entre ambos fue más bien tensa. Se le considera el padre de la sinfonía y del cuarteto de cuerda. Casi toda su obra la desarrolló como maestro de capilla de la familia húngara Sterházy, aunque en dos ocasiones viajó a Londres donde obtuvo un gran éxito. Profundamente católico, esta composición religiosa fue una de las pocas obras que no hizo por encargo.
Me centraré en concierto que nos ocupa: El Stabat Mater Hob. XXa:1 de Haydn (1767) fue compuesto originalmente para coro, orquesta y cuatro voces solistas; soprano, contralto, tenor y bajo. Está dividida en doce escenas, comenzando por la que da el título a la obra. Dada la rareza de la voz femenina de contralto (la más grave), en nuestro concierto fue sustituida por una mezzosoprano y el bajo por barítono. La interpretación corrió a cargo de la Orquesta y Coro de la Universidad de Jaén dirigida la primera por Daniel García Caro y la segunda por Francisco Bermudo.
Me pareció una obra de madurez del periodo clásico del compositor. Casi ausencia aquí del típico contrapunto barroco. Muy equilibrada en cuanto al aspecto vocal. Dos escenas con solos de cada uno de los solistas y destacados aportes del coro. No añadiré los nombres de estos últimos por no alargar el comentario y por estar disponibles en el cartel. Todos tuvieron una muy buena interpretación, pero yo destacaré dos. El barítono, por su potencia de voz capaz de sobreponerse a orquesta y coro. La soprano me pareció que tenía una tesitura de soprano lírica ligera. Su participación fue muy destacada en la escena final, Paradisi gloria, con algún efecto de coloratura. Junto con el apoteósico Amén del coro, un remate espléndido, tanto que fue repetido en el bis final.
Dado el elevado número de cantantes del coro, unos cuarenta, y otros tantos músicos en la orquesta, el montaje de la representación hubo de hacerse en las escaleras del presbiterio. En esa localización, la elevada cúpula central de la Catedral absorbe el sonido de voces y música y por tanto fue necesaria la colocación de micrófonos que no mermaron en absoluto la calidad de los intérpretes.
Para mí ha sido una grata sorpresa el Stabat Mater de Haydn. Quizás el más espectacular de los que he oído hasta ahora.

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