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domingo, 26 de abril de 2026

STABAT MATER DE HAYDN. Orquesta y Coro de la UJA

    He asistido a una anacrónica interpretación de esta pieza de música sacra, casi un mes después de Semana Santa, ya que suele representarse el Viernes de Dolores, en el preludio de la misma. Tanto más paradójico si la promueve una de las más populares Cofradías de Jaén, a beneficio de sus obras de caridad. En fin, tampoco es cuestión de ser quisquilloso. Un concierto como el que acabo de presenciar en la Catedral siempre es bien recibido por los amantes de la clásica.

viernes, 7 de abril de 2017

STABAT MATER. Gioachino Rossini

Un año más, como preludio musical de la Semana Santa, hemos disfrutado, en la Catedral de Jaén, de una pieza de música sacra que tradicionalmente se interpreta en estas fechas. No redundaré en explicar el origen del Stabat Mater, como composición musical, por haberlo hecho ya en una entrada anterior. Baste recordar que el texto se basa en un himno gregoriano del siglo XIII, que resalta el sufrimiento de la Madre ante Cristo crucificado y termina en una plegaria a la Virgen por el perdón de nuestros pecados  y la salvación eterna. Al texto invariable le han puesto música muchos compositores  a lo largo de la historia. El de Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736) es uno de los más populares y el más interpretado hasta ahora en nuestra ciudad, quizás por su menor exigencia musical, ya que fue escrito para cuatro voces y cuatro instrumentos, con total ausencia de acompañamiento coral. El Stabat Mater de Gioachino Rossini (1792-1868) ha sido toda una novedad para mí, ya que este autor es más asociado a su abundante producción operística entre la que todo buen aficionado puede citar dos títulos; El barbero de Sevilla (1816) y Guillermo Tell (1829).
Las fuentes consultadas destacan que el músico italiano compuso esta obra religiosa por encargo del archidiácono Manuel Fernández Varela, durante una visita a Madrid en 1831. Al parecer el clérigo, entusiasmado con sus óperas, pretendía una obra que rivalizara con la de Pergolesi, muy famosa por aquella época. Rossini, más habituado a la ópera bufa, parece que tuvo ciertas dificultades en su composición y solo consiguió poner música a parte del texto latino en seis movimientos, encargando  otros cuatro a su amigo Giovanni Tadolini. La historia de la composición tiene otras muchas curiosidades que no destacaré, pero sí diré que, en su época, algunos compositores alemanes la  calificaron como demasiado sensual y mundana para una obra religiosa. No estoy cualificado para  confirmar o rechazar esta crítica pero mi oído me permite asegurar que en algunos movimientos pude detectar claros sones de baile.
El Stabat Mater de Rossini fue escrito para cuatro voces, dos femeninas (soprano y mezzo), y dos masculinas (tenor y bajo). La composición tiene un claro predominio vocal y las voces solistas se suceden y alternan en arias, duettos y un cuarteto, en la mayoría de los diez movimientos o partes que integran la obra. El coro tiene un papel fundamental en la dramática introducción “Stabat mater dolorosa” y en el apoteósico final con inspiración de fuga barroca “Amén in sempiterna saecula” y sirve de breve contrapunto a los solistas en otros dos movimientos. El papel de la instrumentación orquestal es igualmente destacable en la introducción y el final, y acompañando en el resto de las partes.
En esta ocasión la obra ha sido interpretada por el Coro de Ópera de Granada y la Orquesta Clásica del Conservatorio Superior de Música “Victoria Eugenia” de la misma ciudad. Parece que Rossini tenía cierta predilección por la tesitura de mezzosoprano y en esta obra se nota porque reserva en exclusiva para ella la cavatina del séptimo movimiento “Fac, ut portem Christi mortem” una pieza muy dulce y melódica, sin apenas acompañamiento instrumental, en la que se lució Anna Gomà. El resto de los solistas; Cristina Toledo (soprano), David Astorga (tenor) y Francisco Crespo (bajo) tuvieron una magnífica actuación en sus arias y asociación con el resto de voces, y es difícil destacar a unos sobre otros. A mí me gustaron especialmente la soprano y el bajo. En fin, orquesta y coro tuvieron sus mejores momentos en las partes ya indicadas y su coordinación armónica bajo la batuta de los directores Pablo Guerrero (coro) y Andrés Juncos (orquesta) me pareció perfecta.
En  resumen, una velada estupenda que merecería repetirse en años sucesivos, en los que podamos disfrutar de otras versiones musicales del Stabat Mater. Material no ha de  faltar porque se dice que hay unas doscientas contabilizadas.    

sábado, 23 de marzo de 2013

STABAT MATER. Giovanni Battista Pergolesi


A pocos días antes del comienzo de Semana Santa  hemos asistido en la Sacristía de la Catedral a un recital de música sacra. Si esta especialidad musical parece la más adecuada al lugar, la composición principal del programa, la que lo titulaba, era sin duda la más acorde a la festividad religiosa que se aproxima.  El Stabat  Mater es el himno gregoriano al que  más veces le han puesto música diferentes compositores, en distintas  épocas y estilos a lo largo de la historia, desde que fue escrito por un monje franciscano a finales del siglo XIII.  Se trata de un  poema  compuesto en estrofas rimadas y en latín medieval que medita sobre  el dolor de María ante Cristo crucificado y termina en una  invocación o plegaria a la Virgen. El título le viene del verso que inicia el canto “Stabat Mater dolorosa” y como otras oraciones termina con el tradicional Amen. De las casi doscientas composiciones musicales sobre este tema mi preferida hasta ahora es la del checo  Antonin Dvorak  pero  la más popular y quizás la más interpretada es la que hoy nos ocupa, la de Pergolesi, un compositor italiano del XVIII que  formó una importante escuela musical  napolitana  y renovó  el género lírico introduciendo en Europa la nueva ópera bufa italiana  frente a la tradicional ópera francesa. Se admite que partiendo del barroco musical  fue también un precursor del clasicismo.
         El Stabat Mater de Pergolesi fue elegido para ser representado en Nápoles precisamente el Viernes de Dolores. Fue compuesto, con acompañamiento de orquesta de cuerda, para soprano y contralto, es decir la voz más aguda y la más grave entre la escala femenina. Como en aquella época las representaciones musicales y teatrales estaban prohibidas  a las mujeres,  fue interpretada por  castrati que cubrían  esos dos registros vocales. Posteriormente con la desaparición de este tipo de cantantes, y dada la escasez de contraltos, la pieza se  representó de nuevo con dos voces femeninas, soprano y mezzosoprano, la pareja de solistas más frecuente en la actualidad.  Yo asistí hace pocos años a esta misma representación cantada por soprano y contratenor, este último un tipo de cantante masculino que tiene un registro muy agudo y utiliza voz de falsete, tesitura muy parecida a la de los antiguos castrati  que finalmente fueron prohibidos por la Iglesia Católica.
         En esta ocasión, el acompañamiento instrumental estuvo reducido a sólo tres instrumentos, piano, violín y violonchelo. Las dos solistas Alfonsi Marín (soprano lírica) y Constanza Ávila (mezzo)  tuvieron una buena interpretación  aunque  en mi opinión  con un cierto desequilibrio a favor de la primera que oscureció un tanto la segunda voz aún admitiendo que  la brillantez de los agudos  consigue habitualmente este predominio.
         En fin, una velada musical agradable  que mereció la pena a pesar de la noche desapacible y lluviosa que tuvimos que afrontar los asistentes. Muy de agradecer el patrocinio  de este tipo de conciertos  desgraciadamente escasos en la actualidad.
         Por cierto, en las artes plásticas se conoce también con el nombre de Stabat Mater  las representaciones  de  Cristo crucificado  con la Virgen Dolorosa a su derecha y San Juan  a la izquierda, tal y como aparecen en las imágenes  que ilustran el cartel anunciador.