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martes, 28 de febrero de 2023

PROVIDENCE. Alan Moore

 

Pertenezco a una generación que aprendió a leer con los comic. Aquellos tebeos estimularon mi fantasía infantil y el interés por la historia. Como mero entretenimiento, antes de la aparición de la televisión, fueron algo parecido a los videojuegos actuales. Ahora, al cabo de tanto tiempo, siento de nuevo curiosidad por el comic en su versión adulta, conocida como narrativa gráfica. En esta especialidad, Alan Moore (1953), escritor y guionista, ha sido reconocido por la crítica como el mejor autor. Muchas de sus obras fueron aclamadas por el público. Yo he leído al menos tres, dos comentadas en este blog, y reconozco en ellas originalidad y hasta ciertos rasgos de genialidad.

jueves, 6 de febrero de 2014

FROM HELL. Alan Moore/Eddie Campbell

La novela gráfica objeto de este comentario ha sido considerada como la más importante, o de mayor calidad, entre las del guionista británico Alan Moore (1953), reconocido como el gran innovador de este género híbrido de literatura y cómic que se afianzó como tal en la década de los 80 del pasado siglo. Y, aún contando con el favor de la crítica, no parece haber alcanzado la popularidad de otros de sus títulos como V de vendetta ( 1982-87) o Watchmen (1986-87), a pesar de  haber sido llevada al cine como éstos, en una adaptación que, según dicen, guarda escasa fidelidad al original. Debo admitir que tras haber leído la novela comparto la opinión favorable a la misma pero creo comprender los motivos de esa menor aceptación.
         From hell (Desde el infierno) fue realizada y publicada a lo largo de una década (1989-1999), primero en forma de serie integrada por diez capítulos sucesivos y finalmente recopilada en uno sólo volumen. Aunque tiene elementos propios del ensayo, es una obra de ficción que indaga sobre los crímenes de Whitechappel y especula sobre la identidad del misterioso asesino, aún no identificado, conocido como Jack el Destripador, una figura mítica en la historia de la criminología. El interés y morbo suscitado por dichos asesinatos, en el que fue el distrito más empobrecido del East End del Londres victoriano, ha generado abundante literatura y todo tipo de teorías, hasta las más disparatadas, y aún sigue provocando la curiosidad del público. En el epílogo de la novela, el propio guionista ilustra la complejidad que las sucesivas investigaciones y especulaciones han aportado al caso mediante el ejemplo geométrico del llamado copo de nieve de Koch; un triángulo equilátero, inscrito en un círculo, a cuyos lados se van añadiendo otros triángulos hasta que la figura se hace más y más compleja y se convierte en un copo de nieve pero nunca rebasa el círculo. Este último representa los hechos concretos de sobra conocidos, el asesinato de cuatro prostitutas, con ensañamiento que sugiere macabros rituales, en  Whitechappel durante el otoño de 1888.  Esos fueron los hechos reales que nunca pudieron ser aclarados en su motivación ni en su autoría.  

         En From hell, Alan Moore dirige sus sospechas hacia personajes concretos y se inspira en la obra de Stephen KnightJack the Ripper: The Final Solution, pero admite desde el principio la poca credibilidad que le merece, y también reconoce que su intención no fue tanto resolver el enigma de ¿quién lo hizo? sino intentar aclarar ¿qué ocurrió?, es decir, realizar una especie de disección o examen del suceso que pretende evocar la impresión de vivisección anatómica que sugerían los cadáveres de las víctimas. Para conseguir su objetivo, el autor se documentó de forma exhaustiva y esto generó casi cincuenta páginas de notas que intentan aclarar el texto, separando de forma meridiana la ficción de  la realidad y valorando la fiabilidad de las fuentes. Esta prolija anotación es pertinente y necesaria pero al coste de añadir una complejidad tal que exige mucho del lector y lo selecciona, excluyendo a los meros aficionados al cómic tradicional  de más amplia difusión.  La novela  en sí misma es compleja por los continuos saltos temporales y las percepciones oníricas de algunos protagonistas, pero el resultado final es magnífico. Moore despliega ante nosotros toda una panoplia de presuntos implicados tales como el príncipe Eddy, nieto de la reina Victoria, su amigo el pintor Walter Sickert, el médico real Sir William Withey Gull, el inspector  Frederick Abberline. Todos estos personajes históricos se vieron envueltos en una complicada trama que puso de manifiesto aspectos tan atractivamente morbosos como prostitución, prácticas homosexuales, chantajes, razones de estado, conjuras masónicas, sectas y rituales ocultistas, videntes, etc. Todos ellos hábilmente interrelacionados, nos muestran el vivo retrato de un época, el final de la era victoriana, de transición entre dos siglos. En tanto se desarrolla la historia percibimos claramente los cambios de todo tipo que se avecinan, sociales, políticos, e ideológicos. Una impresión que se refuerza cuando intuimos el comienzo de los avances tecnológicos y científicos que anunciarán el nuevo siglo. El autor pretende sin duda evidenciar ese ambiente de transición cuando se aventura a decir que los crímenes de Jack el Destripador señalaron el comienzo efectivo del siglo XX.  

         Se ha dicho también, y estoy de acuerdo, que  la novela trasciende el mero relato de los hechos y  resulta ser además una profunda crítica de la sociedad victoriana, de su injusticia y de sus profundas desigualdades sociales. En el retrato de los ambientes de miseria, delincuencia, y prostitución de los barrios bajos londinenses no se evitan ni las escenas más truculentas de violencia ni las más escabrosas y explícitas de sexo callejero. Este objetivo crítico se refuerza con los dibujos de Eddie Campbell, en blanco y negro, cuando utiliza imágenes con suaves tonos graduales de grises, que recuerdan la técnica de la acuarela, para describir la apacible vida de la sociedad burguesa londinense, en contraste con los dibujos a plumilla con tinta de hollín, a base de rayados y oscuridades, con los que describe los ambientes miserables del East End

         La ilustración de la novela presenta además algunas contradicciones notables. De una parte, los rostros dibujados con rasgos toscos e imprecisos, junto a la multiplicidad de personajes, puede ocasionalmente dificultar el reconocimiento de los mismos. En el resto, es decir, en cuanto a la ambientación, muestra una minuciosa precisión que llega  a la miniatura. En ocasiones un pequeño calendario al fondo, un periódico, un libro abierto con letras diminutas, el letrero de un comercio o un bar, son detalles fundamentales para encuadrar la acción en sus correctas coordenadas temporales y espaciales. Otras veces, un objeto situado en primer plano, aparentemente fuera de contexto, aporta una información importante, directa o simbólica. En particular me ha resultado curiosa la utilización de bocadillos con letra muy pequeña que aumenta de tamaño en sucesivas viñetas para reforzar la sensación de movimiento de dos personajes que se acercan al primer plano  dialogando desde la lejanía.
         Para terminar quiero insistir, se trata de una gran novela, rica en matices pero que demanda por su complejidad un esfuerzo del lector.

domingo, 17 de febrero de 2013

V DE VENDETTA. Alan Moore y David Lloyd


V de vendetta es ya un clásico del cómic. Fue publicado a principios de los años 80 integrando una serie de diez revistas que después fueron recopiladas y editadas  como novela gráfica. Tanto el guionista como el dibujante son británicos. El primero, Alan Moore, es un escritor curioso por su actitud misantrópica y tendencia a lo caótico, simpatizante político con el anarquismo, se hizo famoso desde joven como guionista de este trabajo, que él considera como obra de juventud, y muchos otros muy conocidos entre los que citaremos Wachtmen. Por ellos ha sido reconocido mundialmente  como innovador en las técnicas narrativas del cómic. En cuanto al dibujante, David Lloyd, se dio a conocer con esta obra en la que muestra un gran  dominio del claroscuro y la técnica del zoom, ambas de clara inspiración cinematográfica. Para intentar reforzar esta impresión recomendó a Moore que evitara en lo posible las leyendas, los efectos de sonido, y los globos de pensamiento. En base a esto, era previsible que en 2006 se produjera la película del mismo título dirigida por el australiano James McTeigue, que como suele suceder ha suscitado división de opiniones entre los lectores del cómic. En mi caso particular creo que la novela gráfica supera con mucho al filme que es mediocre y desvirtúa el guión original en muchos aspectos. En eso coincido con el escritor que según parece no quedó muy satisfecho. En cambio Lloyd ha sido un firme defensor de la adaptación.
La trama argumental de V de vendetta se puede considerar como una distopía, un concepto tomado del inglés que designa lo contrario de una utopía, es decir, una sociedad ficticia e indeseable en sí misma. En este caso el guionista situó la acción en un futuro distópico que ya es pasado porque se desarrolla en Inglaterra y en la década de los 90 del siglo XX, tras una guerra nuclear parcial cuya consecuencia es la instauración de un régimen político neofascista. El protagonista principal es “V”, el héroe que se rebela contra el gobierno totalitario y protege su anonimato bajo una máscara y disfraz de Guy Fawkes, un católico inglés que en 1605 participó en la conspiración de la pólvora que pretendía derrocar al rey Jacobo I; intentó volar el Parlamento pero fue detenido y ejecutado antes de llevar a cabo su plan. La letra V tiene un doble sentido en este personaje marcado psicológicamente por su pasado; venganza sobre los que lo sometieron a tortura en un antiguo campo de concentración, pero también victoria final sobre el totalitarismo mediante provocación terrorista del caos y la anarquía de la que pretende que surja un nuevo régimen político de libertad y paz.
Se ha dicho que en la obra subyace una velada crítica a la política de  Margaret Thatcher durante los 80. No podría asegurar en que medida el conservadurismo de la premier británica condicionó o inspiró el guión, pero si encuentro dos claras inspiraciones literarias. De una parte, la estética del personaje recuerda mucho al Fantasma de la Ópera de Gastón Leroux. En cuanto al trasfondo político tiene importantes similitudes con “1984” la novela de George Orwell, que es también una distopía totalitaria aunque la intención del escritor fuera en este caso una crítica del estalinismo comunista.
Quiero destacar un detalle curioso de esta novela gráfica. Aunque la acción trascurre a finales de los años 90, los personajes visten a la moda de los 50 y la estética de los objetos, los edificios. y los decorados, son de esos años. Un anacronismo que parece intencionado, quizás un guiño nostálgico en relación a las lecturas infantiles de cómic ya a que, tanto el guionista como el dibujante, nacieron en esa década. Y por último señalar que la máscara de V ha trascendido al personaje y se ha popularizado actualmente entre los miembros del movimiento conocido como "15M" y creo que no sólo con intención de anonimato frente a las cámaras de vídeo de la calle, que nos traen a la mente de nuevo el "gran hermano" de Orwell, sino por lo que tiene de símbolo de rebeldía ácrata frete a los abusos de poder de un sistema económico y político, en una sociedad en crisis con claros aspectos distópicos, no por ficticios sino por indeseables.