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domingo, 3 de julio de 2022

FÁBULAS IRÓNICAS. Juan Eduardo Zúñiga


Siguiendo el hilo de la anterior entrada, quiero señalar al cuento como otra refrescante opción de lectura veraniega. Y eso en razón a su carácter de relato breve que permite la lectura discontinua cuando se reúne en colecciones o antologías, así como aislados en prensa. Pero sería un error valorar a este subgénero narrativo como literatura de evasión, exceptuando quizás el cuento infantil, o juvenil. Muy al contrario, la concisión narrativa supone una implicación del lector a la hora de intuir elipsis literarias y encontrar ideas trascendentes entre lo alegórico o aparentemente anecdótico.

martes, 1 de noviembre de 2016

LARGO NOVIEMBRE DE MADRID/ LA TIERRA SERÁ UN PARAÍSO/ CAPITAL DE LA GLORIA. Juan Eduardo Zúñiga

Juan Eduardo Zúñiga (1919) es un autor muy valorado por la crítica pero escasamente divulgado entre los lectores. Su obra narrativa, no muy extensa, es de una calidad incuestionable, galardonada con varios premios de ámbito nacional, pero ninguno de esos, como el Nadal o Planeta, que hacen visibles y mediáticos a los escritores. De otra parte Zúñiga parece recelar e  incluso rehusar deliberadamente  el marketing y la fama, quizás amparado y refugiado en otras de sus facetas, la de traductor y especialista en lenguas eslavas, en particular ruso y búlgaro, plasmada en numerosos e importantes estudios sobre la literatura de estos países del Este europeo.
En la producción del escritor madrileño destaca el relato breve. En los años 40 y 50 publicó muchos de ellos, siempre en revistas, pero la mayoría no fueron recogidos en libros. Tras largos años de ausencia literaria, en 1980 editó su primera colección de cuentos con el título El largo noviembre de Madrid, libro varias veces reeditado que supuso su consagración en esta especialidad narrativa. A partir de entonces, espaciadas en el tiempo, le siguieron otras colecciones entre ellas las dos que, con la primera, completan la trilogía que hoy nos ocupa, quizás las más conocidas del autor. En 2010 editó la última, Brillan monedas oxidadas, que leí entonces y me conquistó por la riqueza en matices de su prosa.
Los manuales de literatura encuadran a nuestro autor entre un grupo de escritores españoles que hacia mitad del pasado siglo cultivaron un estilo conocido como realismo social, caracterizado por una visión crítica de la sociedad española del momento, que pretendía promover cambios en sus estructuras y remediar la evidente e injusta desigualdad.  Pero Juan Eduardo Zúñiga es  un caso especial porque, junto a esa escritura comprometida, ha desarrollado una estética propia de marcado carácter alegórico. Por eso muchos dicen que cultiva un realismo simbólico que en ciertos aspectos lo aproxima al posterior realismo mágico.
La infancia del escritor quedó marcada por la Guerra Civil y el prolongado asedio de la capital y sus mejores cuentos, los más conocidos y premiados, son el fruto de esa experiencia traumática. Este cuidado volumen de Cátedra, extensamente introducido por  Israel Prados, recoge la que se conoce como Trilogía de Madrid y la Guerra Civil, integrada por tres colecciones que el autor editó a largo de más de veinte años, en orden cronológico: Largo noviembre de Madrid (1980), La tierra será un paraíso (1989) y Capital de la Gloria (2003). La primera agrupa 16 relatos casi todos inscritos en el marco temporal de comienzos de la guerra, cuando se inicia el cerco de Madrid y menudean los bombardeos de aviación y artillería sobre la ciudad. La segunda, de sólo 7 cuentos, da un salto temporal a la primera posguerra; años de humillación y miedo, de represión de los vencidos y aparición de una heroica pero inútil resistencia interior. Por último, en la tercera colección formada por 10 relatos, volvemos atrás y asistimos a los días previos a la rendición de la capital.
De lo dicho hasta ahora se evidencia el protagonismo de Madrid como escenario omnipresente en los cuentos; los frentes de lucha en la Casa de Campo o la Ciudad Universitaria; sus barrios obreros, Tetuán o Carabanchel, castigados por los bombardeos; la  Gran Vía y el Edificio de Telefónica como puntos de referencia para la artillería enemiga, y otros muchos lugares emblemáticos de aquel largo asedio de la capital. Por el telón de fondo de los relatos desfilan milicianos, brigadistas, comunistas, “emboscaos” y saboteadores quintacolumnistas. Percibimos además el horror de los bombardeos, el ánimo de resistencia del pueblo y también el hambre, la miseria y el cansancio de los vencidos; todo esto enfocado desde el bando republicano pero narrado con total ausencia de efectismo melodramático  y sin ánimo tendencioso.
Pero con todo, el asedio de Madrid, mucho más rico en elementos y matices que los resumidos antes, es sólo el  marco ambiental imprescindible, el trasfondo y escenario de unas historias esencialmente humanas, donde los auténticos protagonistas son hombres y mujeres que viven y sufren bajo las circunstancias extremas de la guerra y nos muestran su afán por sobrevivir, la necesidad de satisfacer las pasiones básicas, la contingencia y el riesgo de la propia existencia, mientras ponen en evidencia virtudes como la lealtad, el amor y el sacrificio, pero también las inclinaciones y pulsiones más negativas y secretas como la traición, la venganza, el egoísmo y la codicia.
El narrador de los relatos es variable. En muchos es el protagonista en primera persona quién cuenta su experiencia, en la mayoría un narrador omnisciente, en tercera persona, que penetra en los pensamientos y sueños de los protagonistas.
El estilo literario de Zúñiga es rico y sugerente. De una parte es un maestro en el uso de la elipsis sintáctica, pero sobre todo narrativa cuando omite elementos implícitos en la historia que se dan por sobrentendidos. En los cuentos abunda la analepsis, con frecuentes saltos temporales cuando el narrador recuerda su pasado o mediante el recurso a lo onírico. Cabe destacar la utilización de elementos esotéricos (adivinos, echadoras de cartas) como expresión de la fuerza caprichosa e inexorable del destino. También la ambientación nocturna, las evocaciones fantasmales de los protagonistas, los lugares oscuros  y el secretismo, refuerzan la sensación opresiva y misteriosa de muchos relatos. En cuanto a lo estructural, destacar la complicada sintaxis con largas oraciones sucesivas enlazadas por comas y la escasez de puntuación, que en mi opinión supone una dificultad y un reto para el lector.
Finalmente quiero insistir en ese equilibrio del escritor entre el compromiso ético, alejado de revanchismo, que utiliza la memoria histórica como medio de dignificar a los vencidos, y una intención estética propia que otorga singularidad al estilo realista de su generación. Recomiendo esta trilogía a los lectores que queremos, de una vez por todas, enterrar con decoro a todos los muertos de nuestra guerra civil, sin maniqueísmo y sin distinción de bandos e ideologías. Pero aviso, es un buen plato que debe ser degustado poco a poco, sin prisas, a pequeños bocados, solo así  disfrutaremos de unas historias ricas en matices pero de una complejidad estructural que requiere pausa y atención en la lectura.  

   

domingo, 27 de marzo de 2011

BRILLAN MONEDAS OXIDADAS. Juan Eduardo Zúñiga

El cuento es un subgénero literario que, en cierto sentido, se ha considerado menor dentro del género narrativo. Esta opinión, subjetiva y cuestionable si se quiere, está basada en una impresión; que los grandes literatos son casi siempre recordados por sus novelas y bastante menos por sus relatos cortos. Contra lo dicho hay que citar notables excepciones, que ahora recuerde, las de Edgar A. Poe, Jorge Luis Borges, y sin duda alguna más. Lo que resulta incuestionable es que se trata de un género cultivado desde la más remota antigüedad, con antecedentes medievales en nuestra literatura hispánica, y  firmemente basado en la tradición oral del cuento popular. Se define como una narración breve, de ficción, casi siempre en prosa, de línea argumental única aunque con todos sus elementos constitutivos (exposición, nudo, y desenlace), que ha de ser leída de principio a fin porque en caso contrario se pierde el efecto narrativo. En función del  argumento se subdivide en múltiples subgéneros; de terror, fantástico, ciencia ficción, suspense, y un largo etcétera.
En el cuento lo que más llama mi atención es su aparente dificultad técnica; el desarrollo de una historia coherente en pocas páginas que obliga a una gran economía de medios narrativos al tiempo que una notable precisión en el leguaje. Cada palabra debe de ser un elemento, relacionado con los demás, que funciona como un indicio del argumento. Por  ejemplo; una cita al río Mondego, y los términos “morisco” y “alguacil” nos puede situar la acción en Coimbra, durante los siglos XVI-XVII.
Los textos que recogen colecciones de relatos cortos son, aparentemente, de fácil lectura ya que cada historia puede leerse por separado. No obstante, cada relato suele ser casi un esbozo de historia y exige del lector la máxima atención para encontrar y gozar de la multiplicidad de matices que enriquecen y completan el sentido de la narración. También una novela puede leerse por partes pero su argumento, el que después integramos y recordamos, es único. Por el contrario una colección de cuentos supone una multiplicidad argumental y sólo se aproxima al concepto de obra unitaria si el autor  ha asociado las historias con una cierta finalidad o idea directriz que les sea común. En cualquier caso, la autonomía de cada relato permite una recopilación versátil, en distintas antologías y con criterios diferentes.

Juan Eduardo Zúñiga tiene una larga experiencia como escritor de cuentos. “Brillan monedas oxidadas” es su ultima obra en este género literario, precedida por otros libros de relatos, el más conocido  y reeditado fue “Largo noviembre de Madrid” (1980) ambientado en la guerra civil y posguerra. En esta ocasión el escritor no inscribe sus relatos en un marco histórico tan determinante, aunque algunos tienen ambientación de época. Lo que da sentido unitario al conjunto es que todos giran en torno a los conflictos de ser humano con el medio, profundizan en sus grandes pasiones pero también en la intimidad de sus estados de ánimo frente a la agresión de lo cotidiano. Los personajes son seres frustrados en sus expectativas vitales, fracasados, acosados por la miseria que buscan la evasión y en ocasiones alcanzan una liberación simbólica, como en el caso de la repartidora de pizzas que atraviesa Madrid en su moto y se desnuda como nueva Lady Godiva en un sueño de libertad. Se describen ambientes cerrados opresivos y claustrofóbicos  en los que anidan la avaricia, el miedo y el poder, limitando el ansia de libertad. En general todos los relatos están envueltos en una atmosfera de misterio, de peligro indefinido e inquietante. En un segundo bloque de cuentos, ambientado en España de los siglos XVI al XVII, desfilan nobles, moriscos, sicarios y desheredados, acosados por amores apasionados y celos, abocados a desenlaces fatales, en una sociedad dominada por la superstición, la miseria y los miedos inquisitoriales. En uno de ellos se relata un asesinato por encargo que recuerda uno real, el de Escobedo, secretario de D. Juan de Austria. En el tercer bloque aparecen personajes reales de trágico destino, literatos como Frank Kafka o el poeta portugués Mario de Sá Carneiro, en relatos a medio camino entre la veracidad histórica y la ficción, mezcla de amor, poesía y muerte.

Se trata pues de una colección de cuentos interesante, que tratan sobre aspectos inquietantes de nuestra realidad cotidiana e invitan a la reflexión. Muy buenos en mi opinión.