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sábado, 9 de octubre de 2021

LA MISTERIOSA LLAMA DE LA REINA LOANA. Umberto Eco

        El escritor italiano Umberto Eco (1932-2016), fue autor de un abundante número de ensayos sobre semiótica, estética y filosofía, pero la fama mundial le llegó en la década de los 80 con su primera novela, El nombre de la rosa, traducida a multitud de idiomas y versionada al cine. A pesar de ese éxito inicial, su producción narrativa posterior fue escasa y no tuvo el impacto popular que cabría esperar después de aquella primera novela. Creo que hay razones que lo justifican, entre otras el abuso de erudición, la intertextualidad de sus obras que a su vez remiten a otras, la densidad de algunos temas esotéricos, pero también una libertad creativa que no fue  limitada por intereses comerciales. Todo esto lo convierten en un autor difícil, todo un reto para la inteligencia del lector que consiga mantener el interés hasta el final de la lectura. Pero a mí me gustan esos retos que no siempre consigo superar. De sus ocho novelas he leído siete y en todas ellas encontré elementos interesantes, aunque a veces se limiten al aspecto estético. Si tuviera que destacar mis preferencias, además de la ya nombrada, citaría: El cementerio de Praga (2010) y El péndulo de Foucault (1988).

lunes, 26 de junio de 2017

EL CEMENTERIO DE PRAGA. Umberto Eco

El pasado año falleció Umberto Eco (1932-2016) una figura destacada en el panorama literario y cultural europeo. El escritor italiano, siempre fiel a su vocación académica como profesor universitario y filósofo, publicó una abundante lista de ensayos y tratados sobre semiótica, lingüística, estética y ética. Su incursión en la narrativa fue tardía pero lo hizo popular entre los lectores.
La primera  novela, El nombre de la rosa (1980), lo catapultó a la fama y puso de moda un subgénero, mezcla de suspense policiaco y novela histórica, que ha sido posteriormente imitado hasta la saciedad. Gran aficionado a lo esotérico, su segunda obra dedicada a estos temas, El péndulo de Foucault (1988), lo consagró definitivamente como novelista de éxito. Su producción en este género literario no es abundante. En algo más de  treinta años escribió sólo siete novelas en las que evolucionó desde postulados narrativos más tradicionales hacia nuevas formas  de expresión y temáticas  cada vez más personales y libres. Se diría que, en sus últimas obras, el escritor se permite decir lo que quiere y como quiere, sin concesiones a lo  políticamente correcto o lo comercial, aunque de ello se derive un cierto espíritu irreverente y provocador que induce a la polémica, algo que en opinión de muchos  es  un ingrediente básico de la buena literatura.
Su penúltima novela, El cementerio de Praga (2010),  tiene mucho de original y provocadora hasta el punto que, en el tiempo de su edición, cosechó las críticas de sectores tan dispares como la comunidad judía, la masonería, o la iglesia católica. Para empezar, el escritor crea un personaje despreciable, una especie de anti-héroe,  el capitán Simonini, un ser amoral, espía y falsificador, que en sus opiniones se manifiesta como ultraconservador, misógino, racista y en particular antisemita obsesivo, que vierte sus críticas indiscriminadas, simplistas y tópicas, sobre distintas naciones, sobre la masonería, la monarquía, los jesuitas etc. Pero a pesar de todo, el humor, la ironía y cierto grado de cinismo del personaje, le aportan un morbo que de alguna forma no termina de hacerlo totalmente antipático, porque además percibimos que en algunas de sus críticas lleva parte de razón. 
La estructura  narrativa de la obra también es original ya que se alternan tres narradores distintos. El protagonista, Simonini, padece, junto a lagunas de memoria, un desdoblamiento de la personalidad  en otro  personaje, el abate Dalla Piccola, y escribe un diario  de sus recuerdos, en primera persona, en el que ocasionalmente se introduce su alter ego que representa su propia conciencia recriminatoria, al estilo de Pepito Grillo. Hay un tercer narrador que puede identificarse con el propio escritor. Éste último escribe en tercera persona para resumir y aclarar parte de los diarios. En todo momento se muestra neutral respecto a las opiniones de los protagonistas y de esa ambigüedad ética surge la duda de que el autor pueda compartir o no el antisemitismo de sus personajes.
En esta ocasión, frente a El nombre de la rosa, predomina sobre la intriga argumental el componente de novela histórica que nos ofrece una visión panorámica de la segunda mitad del siglo XIX, un periodo complicado de la historia europea que sometido a un somero análisis nos puede ofrecer las claves que explican los dramáticos acontecimientos del siglo XX. El relato está ambientado en distintos lugares, Turín, Sicilia y París y  las memorias del protagonista recogen distintos momentos de la unificación italiana tales como la expedición de Garibaldi a Sicilia, también el Segundo Imperio francés de Napoleón III hasta la derrota frente a los prusianos  en Sedán, la Tercera República francesa, la Comuna de París  etc. De la mano del desdoblado personaje  asistimos  a una época  convulsa, rica en intrigas políticas, conspiraciones, terrorismo carbonario, revueltas, escándalos políticos y derrotas militares; también al definitivo ascenso de la burguesía, la aparición del proletariado industrial, el nacimiento del socialismo y el comunismo, la influencia política de la masonería etc. Aparecen  multitud de personajes muchos de ellos históricos como Garibaldi, Cavour, Thiers, Freud, Charcot, y otros muchos desconocidos, de vida y hechos tan novelescos que nos parecen ficticios. Por eso quedamos sorprendidos cuando, en el epílogo, el autor nos aclara que la mayoría de estos últimos fueron también personajes reales demostrando así  que no sólo la literatura imita a la realidad sino que, en ocasiones, es la realidad la que imita lo literario.
La obra es además un homenaje al folletín decimonónico. No sólo porque Simonini se inspira en autores de este género, como Dumas y Sue, para urdir sus falsificaciones, sino por el formato narrativo que recuerda las novelas por entregas. Aunque  la obra tiene distintas lecturas, el trasfondo de la misma, el tema central  es la falsificación de la historia. Cómo, a partir de documentos reales sacados de contexto, y de otros falsificados, a fuerza de ser repetidos en diferentes versiones y con elementos añadidos, se puede convertir  la mentira y la ficción en realidad  histórica. En concreto aparecen en la trama dos claros ejemplos; el escándalo Dreyfus y el documento conocido  como  Protocolo de los sabios de Sión que, añadido a otros muchos tópicos, ayudó a configurar el mito de la conspiración judeo-masónica y justificó  el antisemitismo moderno que culmina de forma dramática con la “solución final” de Hitler.
Como aspectos negativos señalaré la excesiva extensión de la novela por la tendencia algo barroca del escritor a multiplicar ciertos elementos descriptivos, fruto sin duda de su erudición, que no siempre son necesarios.
Se trata en suma de una novela rica en matices, de lectura algo compleja que obliga al lector que quiera implicarse en la trama. Ambigua y controvertida  si se analiza de forma superficial y clara en un análisis más profundo. Reconozco ser un adicto a la literatura de Umberto Eco y en esta ocasión tampoco me ha defraudado. El cementerio de Praga  me parece una de sus mejores novelas.