Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) puede ser comparado en categoría con otros ilustres representantes del realismo naturalista del XIX, tales como Émile Zola, Fiódor Dostoyevski o Benito Pérez Galdós. Sólo este último fue más prolífico que el escritor valenciano. Su extensa producción narrativa es impresionante, con títulos tan conocidos como Arroz y tartana (1894), La barraca (1898) o Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916). Ante tal número de novelas, publicadas desde los veinticinco años hasta el de su muerte, es imposible que todas mantengan el mismo nivel en calidad literaria, que además es un concepto subjetivo y opinable. Pero ésta que comentamos hoy se aleja con mucho de ese rango medio entre su producción narrativa.
