martes, 7 de febrero de 2012

EL SUEÑO DEL CELTA. Mario Vargas Llosa


En la extensa producción literaria del hispano-peruano Mario Vargas Llosa son frecuentes las novelas de tema político entre las cuales destacan algunos de sus mejores títulos como La guerra del fin del mundo (1981) o  La fiesta del Chivo (2000).  Su última novela “El sueño del celta” puede incluirse  por su temática en este mismo grupo aunque yo la calificaría  como una  biografía novelada pues se centra en un personaje histórico  real, el irlandés  Roger Casement (1864-1916), cónsul británico que a principios del siglo XX fue el primer europeo que denunció  la tremenda explotación, los abusos y crueldades cometidos por  el sistema colonial en el Congo belga y en las estaciones caucheras del  Putumayo, en la Amazonía peruana. Lo que hace atractivo  a este personaje, según el autor, son los fuertes contrastes de su peripecia vital que lo convierte en la representación de las  grandes contradicciones que están en la esencia del alma humana. En  la introducción de la novela se alude a Proteo, aquél dios marino de la mitología griega con capacidades proféticas que cambiaba continuamente de forma, lo cual lo hacía inaprensible. De su nombre deriva el término “proteico” referente a quien muda continuamente de opiniones y afectos. Proteo y lo proteico simbolizan lo que el ser humano tiene de cambiante, lo que nos hace no ser uno sino muchos en uno, a veces de forma sucesiva y llena de contrastes.  Desde luego el personaje central de la novela fue todo un ejemplo de contradicciones y contrastes.  Nacido irlandés de padre anglicano unionista y madre católica, fue bautizado en secreto por ésta y educado como anglicano. De formación inglesa y con una visión paternalista del colonialismo civilizador  pasó a ser un firme anticolonialista tras ser testigo de las atrocidades del sistema. Sus informes sobre el Congo belga y el Putumayo le dieron fama y reconocimiento en Inglaterra pero a continuación  abandonó  el servicio diplomático de la corona británica y abrazó los ideales del nacionalismo irlandés al tiempo que abandonaba el anglicanismo y se hacía católico inducido más por motivos políticos que por reflexión religiosa.  Convertido en independentista radical, su mayor frustración era no dominar el gaélico.  Su sentido práctico le indujo a buscar la ayuda de Alemania a una sublevación en Irlanda durante el trascurso de la Primera Guerra Mundial  y por tal motivo pasó de ser un héroe a un traidor a los  ojos de Inglaterra. Tras la sublevación independentista  conocida como “de Semana Santa” o “de Pascua” fue detenido, aunque no participó en la misma, y finalmente ejecutado. Su fuerte idealismo contrastaba con cierto grado de depravación, y su homosexualidad, entonces un delito, fue utilizada para desacreditarle mediante un supuesto y dudoso diario repleto de obscenidades que parece fue manipulado.
          Casement conoció en sus viajes a personajes como el explorador Henry Morton Stanley, cuya figura queda desmitificada en la obra, y también al escritor Joseph Conrad que viajó por el río Congo y en su novela  “El corazón  de las tinieblas”  expuso la tesis de que la naturaleza exuberante y salvaje  de la selva  impone al europeo civilizado  unas duras condiciones de vida que lo arrastran a la soledad, el miedo a lo desconocido, y finalmente hacia la locura. Nuestro protagonista compartió inicialmente estas ideas pero luego se dio cuenta  de que era la avaricia de los europeos y su afán de enriquecimiento rápido lo que conducía  a la pérdida de valores morales, a la crueldad y la locura.
          La novela tiene una estructura doble, es decir, dos líneas narrativas o dos tiempos entrelazados. La primera  se desarrolla  en los capítulos impares  y se  localiza en la prisión de Pentonville (Londres) donde  Casement  pasó  los últimos meses  antes de ser ejecutado en la horca  en agosto de 1916. La segunda es el relato de su vida  centrada en  sus etapas en el Congo belga, en el Putumayo, y  como nacionalista irlandés.  Ambas líneas están narradas en tercera persona lo cual parece un intento del escritor por enfriar el relato y darle un tono objetivo y desapasionado.
          En resumen, el trasfondo de la novela  es la denuncia de los estragos que el colonialismo de finales del XIX y principios del XX provocó en muchos países suramericanos y casi todos los africanos. Casi cincuenta años después se produjo la descolonización e independencia de estos países pero las secuelas de aquél  régimen colonial de las potencias europeas aún se dejan sentir.
          Una nota final. La obtención del caucho natural (latex)  fue una de las causas de aquella explotación colonial. Era un producto indispensable para el desarrollo europeo, principalmente en la incipiente industria de automoción. Ciudades  como Manaos en Brasil o Iquitos en Perú  se enriquecieron  de forma fabulosa en pocos años a costa de este comercio, pero la  fiebre del caucho duró poco. A finales de la Primera Guerra Mundial, los alemanes, sin un imperio colonial que explotar y deficitarios en este producto, inventaron el caucho sintético y ese fue el final de aquel espejismo de riqueza y ostentación.  

martes, 31 de enero de 2012

CONCIERTO DE ARANJUEZ. Joaquín Rodrigo


El pasado sábado hemos asistido en el  Teatro Infanta Leonor a  un concierto interpretado por la Banda Sinfónica “Ciudad de Jaén”, una agrupación formada por jóvenes músicos, estudiantes, y profesores del  Conservatorio de nuestra capital. El programa estaba integrado por piezas musicales muy variadas pero la obra central  era el Concierto de Aranjuez  de Joaquín Rodrigo, en una adaptación para este tipo de bandas que abundan en instrumentos de viento y percusión pero son deficitarias en los de cuerda, con ausencia de violines. La gran popularidad de la obra  convocó  a mucho público que llenó por completo el aforo. La ejecución fue  muy satisfactoria, a pesar de las limitaciones  mencionadas e impuestas por el desequilibrio instrumental. El solista sobresalió naturalmente en una composición en la que  los solos de  guitarra destacan claramente sobre la orquesta. En cuanto al resto de lo programado, la emotividad de algunas piezas fuertemente inspiradas en la tradición musical andaluza y la brillantez y espectacularidad  de  otras, de autores rusos y americanos, se ganaron el favor del público. La asociación que patrocina la banda  presentó, a modo de inciso o paréntesis en el programa,  una banda infantil de iniciación, en una clara apuesta  por  fomentar la educación musical de la juventud de nuestra provincia. Interpretaron varias piezas cortas que fueron cariñosamente acogidas por el auditorio.
Sobre el Concierto de Aranjuez poco podemos comentar que no se haya dicho ya. Su fama traspasó nuestras fronteras y lo convirtió en la obra musical española más conocida e interpretada en el extranjero. En mi opinión, lo que hace singular esta composición es su enorme potencial evocador de imágenes y  sensaciones. Parece como si  el maestro  Rodrigo,  con esa hipersensibilidad del resto de sentidos tan típica de los ciegos, hubiera captado  las texturas, sonidos, y olores de los famosos jardines y  después de modularlos con sus propias emociones los hubiera  traducido a lenguaje musical. En nosotros  la composición opera de la misma forma, comienza por sugerirnos imágenes y escenas y termina por  provocarnos emociones y sentimientos, siempre subjetivos, en ocasiones cambiantes y evolutivos después de muchas audiciones a lo largo de nuestra vida. A  mí en particular, el primer movimiento (allegro con spirito)  me traslada al pasado, al amanecer de un nuevo día en Aranjuez, al despertar de los pájaros en las alamedas, con los labriegos de camino a los campos y  los servidores de los palacios iniciando sus tareas. El tercer movimiento (allegro gentile) me hace evocar una baile, un minueto barroco con fuerte influencia de las danzas populares, bailado  por los nobles cortesanos borbónicos del XIX, vestidos a la moda goyesca. En cuanto al segundo movimiento, el adagio, sin duda el más popular y conocido,  es el paseo por los jardines, el rumor de la arboleda agitada por la brisa, el sonido de las aguas de sus fuentes y el silencioso fluir de las del Tajo, casi un lago. Antes esta pieza me inspiraba una sensación de romanticismo con un toque de tristeza, como de amores no satisfechos, ahora evoca para mí la nostalgia de la juventud pasada.  Todas estas sensaciones  forman parte de la magia del Concierto de Aranjuez y son, creo yo, el secreto de su éxito. En resumen, una pequeña joya que por sí sola justifica y engrandece a Joaquín Rodrigo y lo coloca entre los grandes de la música clásica.
         

martes, 24 de enero de 2012

RELATOS CÓMICOS. Edgar Allan Poe


Sobre la biografía y obra del escritor norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849) se han vertido auténticos “ríos de tinta”. Su corta y agitada vida parece extraída de uno de sus relatos. Su producción literaria es variada e incluye poesía, crítica, novela, y ensayo; Pero, sin duda, es la genialidad de sus relatos cortos lo que le ha procurado fama universal. En este género fue un renovador de la novela gótica y sus cuentos de terror han adquirido una enorme difusión, pero también se le considera el inventor del relato detectivesco y uno de los iniciadores de la ciencia-ficción. En su obra literaria recibió claras influencias de los poetas románticos y de la novela gótica inglesa, además de otros escritores franceses y alemanes de la época. Su influencia posterior fue enorme en los movimientos literarios franceses de mediados y finales del XIX, tales como simbolismo, decadentismo, y surrealismo, además de ser inspirador de grandes escritores posteriores, entre otros muchos Julio Verne y Arthur Conan Doyle.
La mayor parte de sus cuentos fueron de inicio publicados en prensa y posteriormente recopilados y editados en multitud de antologías y para la confección de las mismas se agruparon en distintas categorías. Julio Cortázar, admirador y traductor de Poe, estableció las siguientes: 1.- De terror, 2.- Sobrenaturales, 3.- Metafísicos, 4.- Analíticos, 5.- De anticipación y retrospección, 6.- De paisaje, 7.- Grotescos y satíricos. Los más conocidos son los relatos de terror tales como “El pozo y el péndulo” o “El gato negro” que casi todos hemos leído y hasta releído en distintas antologías, incluyendo versiones cinematográficas de los mismos.
Por ser poco conocidos me llamó la atención esta otra recopilación de cuentos titulada “Relatos cómicos”. Estoy de acuerdo con la clasificación de Cortázar y más que “cómicos” yo los hubiera titulado como “satíricos”. En estos cuentos se reconoce fácilmente la perfección estilística de Poe, encaminada como siempre a causar la impresión del lector esta vez no por el terror sino por la comicidad. Su objetivo en estos cuentos es fustigar a la sociedad en la que vive. Llevado por un espíritu conservador y algo desquiciado, dispara contra todo y contra todos; la forma de vida de hombre de negocios americano, los avances en terapia psicológica, el excesivo racionalismo, el sensacionalismo de la prensa, etc. La técnica de los relatos es claramente surrealista, impregnada de un humor del absurdo que raya en lo grotesco y a veces en lo macabro. El lenguaje es siempre irónico y en ocasiones la narración es difícil seguir por las frecuentes alusiones a personajes locales o el abundante recurso a los juegos de palabras y frases hechas que, traducidas del inglés, pierden parte de su significado. Los relatos, como suele ocurrir en toda antología, tienen un interés variable. Entre los más entretenidos e interesantes están; “El sistema del doctor Brea y el profesor Pluma”, “El ángel de lo extraño” o “El hombre de negocios”.
Para terminar, en mi opinión estos cuentos no son de los mejores de Poe pero resultan originales por ser casi desconocidos y a fin de cuentas son útiles para lograr una visión unitaria y no sesgada de la producción literaria del autor. 

lunes, 16 de enero de 2012

ELOGIO DE LA ESTUPIDEZ. Erasmo de Rotterdam


Exponer con detalle la figura de Erasmo de Rotterdam (1466-1536)  excedería con mucho el propósito y la concisión exigibles  a estos comentarios.  Resumiremos diciendo que fue ordenado sacerdote y estudió en París  donde alcanzó un profundo dominio de las lenguas y cultura clásica grecolatina. Viajero incansable, visitó y residió en varias universidades europeas, entre otras, Londres, Cambridge, París, varias ciudades de Italia, Basilea y alguna más.  Se le ofrecieron  varias  cátedras vitalicias que siempre rechazó. Conoció o tuvo amistad con los principales personajes e intelectuales de su tiempo; Carlos V, el papa León X, Martín Lutero, Zwinglio, Tomás Moro y muchos otros menos conocidos. Destacó como filólogo, filósofo y teólogo. En esta última disciplina fue partidario de  recobrar la pureza originaria de las Sagradas Escrituras mediante su traducción desde las  fuentes originales en griego o hebreo, además de la exégesis de las mismas para depurarlas de añadidos y corrupciones. Su traducción al latín, por entonces la lengua internacional, de los libros del Nuevo Testamento tuvo una enorme difusión gracias a la imprenta, fue traducida a lenguas vulgares y en ella se inspiraron los reformistas luteranos para sus estudios bíblicos. Erasmo fue muy crítico con la corrupción eclesiástica y mostró públicamente sus simpatías por Lutero  pero  siempre aceptó la ortodoxia católica y a la Iglesia como institución. Su intención era más bien aportar ideas para  aclarar la doctrina  cristiana y depurar la práctica religiosa liberándola del formalismo impuesto por la tradición, y de las prácticas supersticiosas e ignorantes. Rechazó los excesos y la rigidez de las enseñanza  escolástica medieval  y  fue partidario de la libertad de pensamiento, la tolerancia y la comprensión. Una de sus convicciones era la  educación basada en la duda como motor  y acicate del pensamiento científico. El difícil equilibrio de neutralidad entre católicos y luteranos le amargó los últimos años de vida cuando la guerra y la persecución  sustituyeron a la razón y a la controversia teológica. En suma, Erasmo fue  el más grande de los humanistas, el primer intelectual y librepensador que podríamos considerar moderno por sus  ideas sobre la educación y la religión, también por su concepción unitaria de la cultura europea. Una última curiosidad biográfica; nunca viajó a España y según parece  manifestó en privado opiniones negativas sobre la religiosidad  fanática de los españoles.
          Entre la extensa e importante obra erasmiana, esta que comentamos, el “Elogio de la locura” o “Elogio de la estupidez” fue  calificada  por el propio autor como  un “librito”, una bufonada satírica, o un divertimento, a pesar de lo cual, y de forma paradójica, fue, tras su edición en 1511, además de un auténtico éxito de ventas, una especie de catalizador de la reforma protestante. Por tal motivo es considerada como una de las obras más importantes de la literatura occidental. Se trata de un ensayo que por  su claridad en el razonamiento lógico  fue a menudo utilizado por los estudiantes del XVI para ejercicios retóricos y adoxográficos (elogio de las cosas sin valor).  La obra está inspirada, según el autor, en las antiguas obras satíricas  grecolatinas, en  particular  las de Luciano de Samosata al cual alude frecuentemente. La narración se hace en primera persona mediante el recurso a un personaje, la diosa Estupidez,  que relata cómo los humanos participan de sus bienes  y cuanto tiene que agradecerle el mundo por ello.  En una primera parte  el tono es burlesco  se recrea en la sátira de las costumbres y usos sociales, en lo que hay de estúpido e incoherente en nuestra vida. En su crítica no deja títere con cabeza; a los retóricos pedantes, a los teólogos envueltos en polémicas bizantinas, a los médicos  irreflexivos en su práctica, a los abogados leguleyos, también a los jóvenes inconscientes, a los viejos  dementes. Se ríe de la mitología, de la cultura y  hasta de sí mismo. En su repaso no deja al margen los defectos de los  distintos pueblos europeos, incluidos sus compatriotas los holandeses.  Pero a medida que  avanza el ensayo el tono se hace algo más serio y en medio de la crítica a reyes incapaces, malos gobernantes, o al afán de títulos de nobleza, aparecen las primeras a la corrupción de la Iglesia, siempre insistiendo en que no es general.  Se describe la ignorancia y suciedad de los monjes, las prácticas supersticiosas, la idolatría del culto a las imágenes, la superficialidad de los predicadores, el exceso en las ofrendas y la falta de caridad, la avaricia de obispos y prelados, la compra de dignidades eclesiásticas y otros aspectos. Aparecen críticas veladas a las bulas e indulgencias, y a los sacramentos de la eucaristía  y confesión, al tiempo que se propugna el retorno a la sencillez y pureza original de las doctrinas apostólicas. En el epílogo Erasmo insiste en que  se trata de un escrito humorístico y que el lector no intente sacar conclusiones del mismo aunque  reconoce que el humor puede ser un medio para manifestar la dolorosa verdad.
          El ensayo abunda en juegos de palabra, retruécanos, y muy frecuentes alusiones mitológicas o a los clásicos grecolatinos. Por tal motivo conviene leer esta obra en ediciones bien comentadas y anotadas ya que nuestra cultura al respecto  es, en general, muy inferior a la de los lectores de aquella época, que debían de ser  pocos en número  pero muy instruidos  en estas materias.
Para terminar dos apuntes finales, una anécdota de dudosa veracidad y una triste constatación. La primera; Se dice que  por parte de los católicos  se acusó a  Erasmo  con la siguiente frase “usted puso el huevo y  Lutero lo empolló”, y que  el humanista  respondió con otra  “Sí, pero yo esperaba un pollo de otra clase”.  La segunda y conclusión final; Toda la obra de Erasmo de Rotterdam fue censurada e incluida en el Índice durante el Concilio de Trento. La mayoría de líderes y pensadores protestantes también rechazaron sus obras.

martes, 10 de enero de 2012

EL PUENTE DE LOS ASESINOS. Arturo Pérez-Reverte


Algunos lectores y la mayoría de los críticos suelen adoptar una postura de tolerancia condescendiente al opinar sobre  la literatura que podríamos llamar “de evasión” o “de entretenimiento”. Si además el libro en cuestión se lanza al mercado con una buena campaña de marketing y alcanza la categoría de  “best seller”, esta opinión puede  derivar hacia el desprecio y en seguida se le coloca la etiqueta de  “comercial”. Pero en esta cuestión, como en casi todo, no es bueno generalizar ni rasgarse las vestiduras. Por poner algunos ejemplos; la mayoría consideramos las telenovelas como “TV basura”, pero más de una vez nos hemos enganchado con una de ellas. En otro sentido, reconocemos el interés de los documentales de naturaleza  pero a menudo  nos dormimos con  la   grave  y monótona  voz en off  del comentarista. Como admito haber cometido alguno de estos  pecados, no quiero ser  puritano ni fariseo  al opinar sobre esta clase de literatura en la que bien se puede  encuadrar la obra que comento hoy. A fin de cuentas  aprendí a leer con los tebeos del  Capitán Trueno, y una de mis primeras lecturas  de juventud  fue  “Los tres mosqueteros”, pura literatura  de evasión del siglo XIX convertida en un clásico del XX.
“El puente de los asesinos” es, como aquella de Alejandro Dumas, una novela de aventuras de las de “capa y espada”. La séptima y de momento  última entrega de una saga dedicada  por  Arturo  Pérez-Reverte  al capitán Alatriste, un personaje  a medio camino entre héroe y villano, de dudosa reputación y probado valor, de rectos principios éticos en un mundo de truhanes.  Esta, como las demás de la serie se lee por  separado aunque el escritor entrevera a lo largo del relato alusiones y pequeños resúmenes que remiten  a lo sucedido en otros títulos, con una técnica que recuerda en algo a aquellos  “viene de” y  “continuará”  de los  antiguos tebeos por entregas, una clara concesión a lo comercial  que no merma  la calidad de la obra.
El capitán  Alatriste  y su fiel discípulo  el joven Iñigo Balboa  viven sus aventuras durante el decadente imperio español de Felipe IV y su valido el conde-duque de Olivares, en pleno siglo XVII. Unas veces como soldados y otras como  sicarios a sueldo recorren  distintos escenarios de la Europa de aquel siglo y se ven envueltos en batallas, conspiraciones políticas y  todo tipo de asuntos más o menos turbios. El alter ego de Alatriste, el personaje siniestro que  a menudo se le enfrenta, es el malvado Gualterio  Malatesta. En esta entrega  el  escenario es la ciudad de Venecia y el asunto una  supuesta conjuración para  asesinar al dogo inspirada en otra, esta si  real, que ocurrió en 1618  y motivó un grave incidente diplomático entre España y la república veneciana que provocó la caída en desgracia y posterior prisión del duque de Osuna, virrey de Nápoles y amigo de Francisco de Quevedo.
          Aunque no se puede exigir rigor histórico a este tipo de novela, esta, y toda la serie de Alatriste, goza de una perfecta ambientación de época que describe costumbres, vestidos, lugares  e incluso pretende, en lo posible, imitar el lenguaje de aquellos tiempos. Esto no impide el disfrute de la  aventura  en si misma  pero  lo aumenta en aquellos lectores  con cierta perspectiva histórica del tiempo en el que se desarrolla la narración.
          Podemos destacar por último algún otro aspecto negativo como la presentación y lanzamiento de la novela en Madrid en plan espectáculo, espadachines incluidos, y colocarle las etiquetas de marketing que queramos, pero  en mi opinión se trata de buena literatura de evasión y de aventuras, tan amena que engancha a lector  hasta intentar leerla de un tirón.

miércoles, 4 de enero de 2012

EL ROJO EMBLEMA DEL VALOR. Stephen Crane


“El rojo emblema del valor” fue re-editada hace algunos años dentro de una colección de novelas dedicada al subgénero de aventuras. Después de haberla leído no estoy de acuerdo con dicha clasificación. Es  cierto que la narración se desarrolla durante la Guerra de Secesión norteamericana (1861-1865), una contienda propicia para ambientar novelas de este tipo, muy explotada también por Hollywood en multitud de películas. Pero en esta ocasión están ausentes los elementos románticos o melodramáticos, tan frecuentes en los relatos de aventuras, y por el contrario se ofrece una visión tan desmitificadora de esta guerra que permite encuadrar e incluir la obra en el  movimiento del realismo literario.
El autor, Stephen Crane (1871-1900), murió de forma prematura víctima de la tuberculosis y por este motivo su producción literaria fue reducida. “El rojo emblema del valor” fue su novela más afamada y por ella se le reconoció como uno de los iniciadores de un nuevo subgénero, la “novela de guerra”. Y es que las descripciones de los combates son minuciosas, de un realismo crudo que recuerda al naturalista Zola. Tal precisión narrativa es más destacable si cabe en un escritor que ni vivió la guerra civil ni tuvo experiencia militar propia.
Pero esta novela no es sólo una desmitificación, realista hasta lo brutal, de la guerra. Es además un estupendo retrato psicológico del soldado, el protagonista y víctima principal de la misma. Se describen y analizan  los sentimientos, a veces contrapuestos, que le asaltan antes, durante, y después de la batalla; patriotismo, valor casi siempre inconsciente y ciego, orgullo, miedo, vergüenza, insensibilidad ante el dolor ajeno.
El relato está narrado en tercera persona, por un narrador omnisciente que no sólo refiere los hechos y conoce el desenlace sino que penetra y describe los pensamientos de los protagonistas. En cuanto al lenguaje, se torna poético y lleno de lirismo cuando se describen los escenarios naturales o la indiferencia de la naturaleza frente a los actos humanos, y esto contrasta con el lenguaje frio y crudo utilizado en la narración de los combates.
En mi opinión, la Guerra de Secesión americana, considerada en cuanto a táctica militar, fue la última guerra al estilo napoleónico, con batallas de infantería de línea, descargas de fusilería, artillería en posiciones elevadas de retaguardia y cargas de caballería envolventes. Todos estos ingredientes le otorgaban un matiz romántico y anticuado. Un velo que se rompe, como aquel del templo, con la dura realidad que nos transmite esta gran novela. Un efecto muy parecido a la sensación visual que producen dos escenas sucesivas de la película “Lo que el viento se llevó”; la heroica carga de la infantería sudista y la posterior estación de ferrocarril de Atlanta sembrada de cadáveres y heridos agonizantes. 

lunes, 26 de diciembre de 2011

MANUSCRITO ENCONTRADO EN ZARAGOZA. Jan Potocki


La vida del conde Jan Potocki (1761-1815) fue en sí misma toda una aventura capaz de colmar las expectativas de una buena obra biográfica. Nacido el seno de una familia de la alta nobleza polaca recibió de desde joven una esmerada educación en Suiza, dominaba varios idiomas además de las lenguas clásicas. En Francia frecuentó los círculos ilustrados y enciclopedistas y desarrolló su afición por las ciencias. Hizo muchos viajes a Turquía, Egipto, Grecia, Túnez y España y todos le aportaron una cierto sentido cosmopolita. En su mentalidad política se alejó del  conservadurismo de la aristocracia y abrazó  ideas progresistas y liberales. Era partidario de una especie de revolución pacífica propiciada desde arriba por la monarquía polaca de Estanislao II, último rey de Polonia de mentalidad ilustrada y liberal. Jan Potocki vivió pues entre los siglos XVIII y XIX y de acuerdo con las tendencias culturales de aquella época fue una mezcla de racionalista ilustrado y aventurero romántico.  Mostró una entusiasta afición por los avances científicos pero también por el esoterismo y las ciencias ocultas. Fue escritor, historiador, etnógrafo, pero sobre todo viajero y aventurero. Su vida estuvo llena de contradicciones ya que siendo liberal y nacionalista polaco sirvió al zar ruso Alejandro I en el preciso momento en que los polacos se unieron a Napoleón para recobrar sus libertades, con el resultado final de sobra conocido. Quizás fue también víctima de estas contradicciones cuando puso fin a su vida al estilo romántico, disparándose una bala de plata que el mismo fabricó.
El “Manuscrito encontrado en Zaragoza” es la obra más famosa del escritor polaco. Se trata de una novela gótica, un subgénero que se puso de moda a finales del XVIII, a partir de la publicación de “El castillo de Otranto” de Horace Walpole, considerada la primera de este estilo. Eran novelas de suspense ambientadas en escenarios tales como ruinas de castillos, criptas y sótanos de monasterios, bosques tenebrosos habitados por seres fantásticos, fantasmas, demonios etc. En general mostraban un gusto desmedido por lo medieval (de ahí lo de gótico), pero también por lo exótico y oriental. Se ha considerado que la novela gótica fue el precedente de la novela romántica. Actualmente aún sobrevive el subgénero gótico aunque muy mermado en calidad literaria y con un componente de “terror” sobredimensionado.
En “Manuscrito encontrado en Zaragoza” el autor nos muestra su visión de España, y sobre todo de Andalucía que conoció bastante bien en el curso de sus viajes. Antes que los viajeros del XIX como Merimé, fue Potocki el primero en ofrecer la imagen tópica y típica de una España de contrabandistas, bandoleros, toreros, bailaoras,  gitanos, brujas, cabalistas, inquisidores etc. En fin, la España de “charanga, pandereta, y sacristía” que tanto ha perdurado en el tiempo.
La narración tiene una estructura parecida a “Las mil y una noches” o “El Decamerón”, es decir, historias y relatos incluidos a su vez dentro de otros relatos. La acción se desarrolla en un marco histórico y temporal concreto, la España de comienzos del siglo XVIII, durante el reinado del primer Borbón, Felipe V. A partir de ahí, el personaje principal, en viaje por Sierra Morena, vive toda una serie de experiencias fantásticas y contacta con otros personajes que le cuentan sus historias. A lo largo de la novela el escritor demuestra sus saberes enciclopédicos y su conocimiento de la España de aquella época, la mentalidad popular etc. Algunos relatos son la justificación para exponer sus ideas en torno a la ciencia y los avances científicos, otros muestran su gusto por el esoterismo, en particular por la cábala hispanojudía. La mayoría no obstante reflejan la afición del autor por  brujas, demonios, vampiros, muertos vivientes y toda una completa galería de seres fantásticos. En la narración se aprecian además otros aspectos tales como la concepción nobiliaria del honor y su salvaguarda mediante instituciones como el duelo. En fin, una obra amena y rica en matices. Como curiosidad destacar que Potocki solo comete un error geográfico de bulto cuando considera que Sierra Nevada es la prolongación de Sierra Morena.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

ANTOLOGÍA DEL CUENTO ESPAÑOL DEL SIGLO XVIII. Marieta Cantos Casenave


Una muy buena antología recopilada por Marieta Cantos Casenave una acreditada doctora en filología hispánica, especialista en literatura española de los siglos XVIII y XIX.
Los cuentos seleccionados fueron editados en distintos periódicos y colecciones a lo largo de todo el siglo XVIII, muchos de ellos ligados a la tradición oral y otros a la  literaria de estilo cervantino. En su conjunto resultan interesantes porque nos permiten conocer los gustos populares de aquella época en cuanto a temática, también por sus peculiaridades referidas al estilo literario, lenguaje etc. Por todo ello la lectura de estos cuentos debe asumirse con una cierta dimensión histórica, es decir, sin olvidar encuadrarlos en sus coordenadas temporal y espacial, en la España dieciochesca. Los relatos elegidos en este compendio pueden ser agrupados en tres tipos claramente diferenciados.
Una primera agrupación de historias que manifiestan una clara intención didáctica, de las que se deduce una lección ética, una especie de moraleja o enseñanza instructiva al estilo de aquellas fábulas morales que en este mismo siglo pusieron de moda el francés Jean de la Fontaine y los españoles Tomás de Iriarte y Félix María de Samaniego. En su conjunto estos cuentos reflejan bien la ética social e individual de este siglo.
Un segundo grupo es de temática oriental, al estilo de los cuentos de “Las mil y una noches”. Son la expresión de un gusto orientalista  compartido por la mayoría de los intelectuales ilustrados, españoles y europeos. Y es que en el XVIII, a medida que Europa abandonaba el espíritu de cruzada y conjuraba el miedo al peligro turco de siglos anteriores, comenzó a despertarse la curiosidad por el mundo oriental y los países islámicos como Persia, Egipto, o el imperio otomano.  Algunos autores de la Ilustración utilizaron el recurso literario del la mirada de un supuesto protagonista oriental para criticar los usos y costumbres occidentales; tal es el caso de las “Lettres persanes” de Montesquieu o las “Cartas marruecas” de nuestro José Cadalso. Comenzó también en este siglo la literatura de viajes a Egipto y Oriente Medio que culminaría a principios del XIX con los grandes viajeros europeos, entre otros Gustave Flaubert (Viaje a Oriente) o el español Domingo Badía (Los viajes de Alí-Bey).
Al tercer grupo de cuentos pertenecen una serie de relatos de amores imposibles y de resultado dramático, generalmente ambientados en un mundo caballeresco medieval habitado por personajes típicos como el guerrero cristiano, la princesa mora, el bandolero, la gitana; pleno de embrujos, figuras fantasmales etc. Este último tipo o categoría me parece un claro precedente de la literatura romántica que triunfó un siglo más tarde. Quizás algunos de estos cuentos fueron la fuente de inspiración de Gustavo Adolfo Becquer en sus Leyendas.
Para terminar, la edición de esta antología está muy cuidada para tratarse de un libro de bolsillo. Como en otros títulos de la colección “Letras Hispánicas” de Cátedra, la portada es austera pero la selección de cuentos se precede de un amplio estudio analítico de los mismos en la introducción, frecuentes anotaciones al texto y abundante bibliografía

miércoles, 14 de diciembre de 2011

UN DÍA DE CÓLERA. Arturo Pérez-Reverte


Arturo Pérez-Reverte comienza la introducción de la obra con esta frase: “Este relato no es ficción ni libro de historia”, y tras su lectura debo decir que estoy totalmente de acuerdo con esta afirmación. Se trata de un relato a medio camino entre la novela histórica y el ensayo histórico, y en esto precisamente radica su originalidad. Es la narración de unos hechos reales, protagonizados por personajes reales con nombre y apellido, pero  contados en forma novelesca. En mi opinión es historia con algunos toques de ficción.
Parece que el escritor ha indagado en los archivos históricos y recopilado  abundante documentación sobre los sucesos del 2 de mayo de 1808 en Madrid, y con este material ha escrito una crónica detallada de los mismos que nos recuerda un reportaje periodístico. Y es que Reverte cuenta los principales eventos del levantamiento popular como si estuvieran ocurriendo o hubieran ocurrido hace pocas horas, minuto a minuto y con profusión de detalles. La técnica narrativa utilizada es la del narrador omnisciente, es decir, un narrador que está fuera de la historia y la cuenta en tercera persona, no participa de la acción pero conoce el pasado y el futuro de los protagonistas de la misma. Este recurso narrativo le sirve para reforzar la sensación de crónica objetiva de los hechos al tiempo que le permite salir ocasionalmente de la misma y anticiparnos el destino final de algunos personajes que sobrevivieron a la tragedia.
          El libro se complementa con un mapa antiguo del Madrid de 1808 en el que podemos localizar y seguir el comienzo de la algarada popular, los puntos de resistencia y el despliegue de las tropas francesas. En fin, “Un día de cólera” es la historia vivida como un relato cercano. Igual que en otras de sus novelas, Pérez Reverte exalta el patriotismo ciego del pueblo español, de los madrileños en esta ocasión, malogrado por políticos corruptos y reyes ineptos. Frente a los afrancesados adopta una postura neutral; hubieran podido ser un núcleo de regeneración y modernización del país como portadores de los ideales ilustrados y liberales, pero el devenir histórico los convirtió en traidores.

domingo, 4 de diciembre de 2011

LO QUE ESCONDE TU NOMBRE. Clara Sánchez


             “Lo que esconde tu nombre” es un buen ejemplo de thriller psicológico en el que la intriga y el suspense no están ligados a  una gran intensidad de la acción o los efectos impactantes sino más bien  a la inquietud  que se genera en el lector ante lo oculto y misterioso disfrazado de una apariencia de normalidad. El trasfondo argumental es de por sí inquietante, aunque basado en lo  real y de sobra conocido; la impunidad de antiguos jefes nazis refugiados en distintos países, entre ellos  España, donde vivieron muchos años sin ser molestados bajo la apariencia de una  total normalidad.  El desarrollo de la trama da pie a la escritora Clara Sánchez para reflexionar sobre las atrocidades del nazismo, la memoria histórica, el sentimiento de responsabilidad o su ausencia en muchos de los verdugos, la justa necesidad  de expiar  la culpa, la  sed de venganza y la autocompasión de las víctimas.
          La estructura del relato está soportada en dos personajes que  son ambos narradores en primera persona. Julián es un octogenario  republicano superviviente del campo de exterminio de Mauthausen, antiguo colaborador de una organización que persigue a los nazis ocultos, que acude a un pueblo de la costa alicantina siguiendo a una pareja de ancianos noruegos  apaciblemente retirados en una urbanización de lujo, que son en realidad dos antiguos nazis. Sandra es una joven embarazada, solitaria, con pocos medios económicos, que no sabe bien  a dónde dirigir su vida, retirada una temporada en el mismo pueblo y que traba amistad con la pareja de noruegos y se ofrece a  prestarles cuidados y hacer de acompañante  por un sueldo. Este es el nexo de unión de los dos personajes principales que entran a su vez en contacto. Sus relatos se yuxtaponen y alternan  permitiendo de esta forma contraponer dos visiones  distintas de los hechos  basada en la distancia generacional; la experiencia  de la maldad  en uno, frente a la ingenuidad y el distanciamiento de quién ni vivió ni guarda memoria de lo ocurrido. A medida que Julián pone  a Sandra en contacto con la cruda realidad del pasado se produce en ella un cambio gradual, desde la incredulidad y la duda hasta la madurez y una asunción de responsabilidad que la pone en situación de peligro.  A partir de un cierto momento se entra en un juego de sospechas y de apariencias engañosas en el que los personajes  son a la vez perseguidores y perseguidos. La tensión y la intriga se dosifican sabiamente para mantener el suspense durante toda la novela.
          En algunos momentos se aprecian en el argumento influencias cinematográficas, en particular de las películas  “Encadenados” de Hitchcok  y “La semilla del diablo” de Polanski, lo cual no es de extrañar si consideramos que la autora fue  durante un tiempo crítica de cine.  El estilo de la narración es sencillo y directo, sin veladas insinuaciones la trama se va revelando progresivamente. El lenguaje es funcional y correcto  aunque con algunas imperfecciones evidentes para un lector medio. La novela consigue atrapar la atención aunque es cierto que ha recibido críticas por el desenlace de la trama que algunos consideran  algo frustrante  y poco expeditivo. Hubieran preferido quizás un final de justicia ejecutiva o venganza plenamente satisfecha. Yo disiento de esta opinión porque hay que considerar que tanto verdugos como víctima se encuentran, por la edad, a un paso de la muerte  que en alguna  medida supone una liberación.  La forma de venganza del protagonista es más sutil, pretende mantenerse con vida el tiempo suficiente para  desequilibrar por el miedo y la sospecha  las mentes criminales de sus verdugos  al tiempo que  obliga a enfrentarse con su pasado a aquellos que aparentemente carecen de sentimiento de culpa.
          Se ha dicho  que Clara Sánchez  ha recibido  cartas amenazantes por esta novela. No ignoro que este hecho se hace público con claras intenciones de marketing y que puede aumentar un éxito de ventas. No obstante he podido leer bastantes críticas negativas en  Internet, algunas claramente ideológicas, otras criticando el estilo literario o los déficit de la trama argumental con tal radicalidad que hacen sospechar otras razones menos claras.  Esto me lleva a una pregunta: ¿qué tiene la memoria que ofende tanto, no solo a los protagonistas  de la historia, casi desaparecidos, sino a sus descendientes biológicos o ideológicos?. Está claro que es una pregunta retórica que no necesita contestación.
          Para resumir, una novela con algunos defectos formales pero interesante y que atrapa en la lectura.