martes, 24 de abril de 2012

UN ÁNGEL IMPURO. Henning Mankell


Henning  Mankel es un novelista y dramaturgo sueco que se dio a conocer en el mundo literario a principios de los 90 con una colección de  novelas de serie negra protagonizadas por el inspector Kurt Wallander, un personaje que no está en la línea habitual del policía duro y frio, o el investigador metódico y deductivo, sino más bien  destaca por su humanidad, siempre afectado por sus propios problemas personales. En ciertos aspectos recuerda a otro personaje, el detective Pepe Carvalho, de la serie de novelas de este mismo género escrita por el ya desaparecido Manuel Vázquez Montalbán, eso sí  salvando la diferencia de mentalidad entre un nórdico y un latino. Hace un tiempo tuve ocasión de leer uno de los títulos de la mencionada serie, en concreto “La quinta mujer” (1996), y puedo asegurar que  satisface todas las expectativas deseables en una buena novela policiaca, algo que no siempre se da en un género explotado en exceso que  pretende ser lectura de evasión y entretenimiento y  a menudo sacrifica a este fin  la calidad literaria.
          Hace poco me llamó la atención esta última novela del escritor sueco. En primer lugar por el título sugerente a la vez que contradictorio, y por su portada (en la edición de Tusquets) que reproduce una de esas pinturas  de estilo orientalista  tan de moda a finales del XIX  del tipo  “odalisca en el baño”. Título y portada  son acordes con la trama argumental. Pero mi curiosidad aumentó cuando descubrí, leyendo la sinopsis  de contraportada, que no era un título más de la serie negra. “Un ángel impuro” parte de un hecho simple y real constatado por el autor y aclarado en el epílogo; en los archivos de Maputo, capital de Mozambique, la antigua Lourenço Marques de los tiempos coloniales, consta que una mujer sueca regentó  allí un burdel  a principios del siglo XX y pasaba por ser la mayor contribuyente al  fisco  de la ciudad, desapareciendo sin dejar rastro pocos años después. Sobre este hecho, el escritor desarrolla una trama novelesca sobre las aventuras de una joven sueca que emigra a Australia empujada por la pobreza y recala accidentalmente en la colonia portuguesa. La protagonista consigue mantener su pureza, al menos espiritual, en medio de un ambiente que la mancha, que la hace impura socialmente. En realidad es el marco ambiental el verdadero protagonista de la novela. Una ambiente opresivo que refleja los estragos del régimen colonial europeo en África a finales del XIX y principios del XX, que disfrazado de paternalismo y misión civilizadora y  evangelizadora  encubría la simple y llana explotación de los recursos naturales del continente y de sus habitantes. En este contexto, el racismo y la consideración de los negros como seres inferiores, algo menos que humanos, no era sólo una justificación ética de la superioridad europea sobre los africanos sino también una necesidad  para mantener  el dominio sobre los mismos mediante el miedo, la brutalidad y la humillación. Un miedo que funcionaba también a la inversa, el de la minoría de blancos a una posible la rebelión de los negros. Por la novela desfila toda una galería de personajes que representan distintos grados de racismo y formas de adaptación a la vida en las colonias. La protagonista, en contacto con este mundo va modificando progresivamente su actitud en medio de una sociedad hipócrita y cómplice del abuso sobre los negros. 
          Como críticas se puede decir que la trama argumental peca  en ocasiones de previsible y que se echa en falta una mayor profundización en el carácter y la psicología del personaje principal. También se comenten contados errores en el lenguaje quizás atribuibles a una mala traducción. Un ejemplo: “oyó pasar un camión cargado de bananas”. Dos posibilidades; o la protagonista vio el camión además de oírlo, o el narrador  omnisciente, que lo sabe todo, recurre a la carga bananera del vehículo para hacernos ver que estamos en el trópico, lo cual, tratándose de Mozambique es una obviedad.
          La novela es creíble en sus planteamientos y en mi opinión derriba un mito muy afianzado entre nosotros; que los latinos somos menos racistas que los anglosajones y que por tanto el colonialismo español y portugués fue en conjunto más humano que el de ingleses, holandeses y alemanes. Henning Mankell es desde luego un buen conocedor de la realidad de la antigua colonia portuguesa porque desde hace años reside en Maputo. Es además un enamorado de África y en la temática de sus últimas obras es reiterativo el interés por los problemas africanos, en concreto por las dificultades vitales y sociales de las mujeres y por el impacto del sida en el continente.
En resumen, una novela interesante sin llegar a excelente. 

martes, 17 de abril de 2012

CONCURSO INTERNACIONAL DE PIANO. 2012


Ha comenzado ya una nueva edición del Concurso  Internacional de Piano  “Premio Jaén”  y debemos de felicitarnos porque este certamen no haya sido una nueva víctima  de la actual política de recortes, como lo fue en el pasado verano el Festival de Jazz o parcialmente el último Festival de Otoño. Me alegro, e incluso me reconozco algo sorprendido de que  algún periodista o político local haya desaprovechado la ocasión para criticar este aparente despilfarro en plena crisis económica. Y es que nos han convencido de que “no podemos gastar lo que no tenemos”, un principio simple que parece no admitir matices, que nos abruma y nos hace olvidar que  hay bienes de consumo intangibles en los que hay que seguir invirtiendo. En caso contrario siempre serán la cultura, la educación,y la investigación las primeras víctimas de las políticas de ahorro y al final  seremos menos libres, más oprimidos, menos ciudadanos, más súbditos, porque en el camino habremos renunciado a nuestra capacidad crítica y nuestras posibilidades de progreso intelectual y humano. Espero que se me disculpe esta digresión motivada sin duda por un tiempo difícil que no solo afecta a nuestra economía sino también nos hace más excitables y emotivos.
                    Volviendo a la música. El concierto inaugural fue ofrecido por Ramón Coll, un pianista menorquín con una dilatada carrera profesional que este año formará parte  del jurado. Su curriculum musical es impresionante y no menor su faceta pedagógica. Sus meritos quedaron de sobra demostrados con una interpretación magistral que pienso dejó al público muy complacido con su actuación quizás algo fría y distante. El programa era muy apropiado para este tipo de conciertos, integrado mayoritariamente por obras de músicos del XIX y principios del XX, casi todos románticos, con piezas que por su dificultad interpretativa se prestaban al virtuosismo pero poco conocidas y por tanto sin concesiones a un público fácil sino más bien dirigidas a interpretes y conocedores, grupos  selectos de los que no formo parte, a pesar de lo cual  disfruté mucho de las mismas.
          El programa comenzó con unas “Piezas  para piano” Op. 76 de Brahms, un autor tradicionalmente incluido entre los románticos  pero  demasiado clásico y académico para mi gusto. Se me puede criticar por decir que estas piezas me dejaron frio e incluso estuvieron a punto de provocarme algo de somnolencia. Por suerte todo cambió con los “Valses olvidados” y la “Tardes de Viena” de Franz Liszt, unas piezas alegres y brillantes con toques de música de salón de baile.  El programa continuó en la segunda parte con los “Valses nobles y sentimentales” de Ravel, un autor que me encanta por la originalidad de su música que tiene en mi opinión la virtud de provocar sensaciones. Una música difícil de describir para un profano pero fácilmente reconocible.  La parte final estaba formada por “Preludios” Op. 32 y otra pieza adaptada para piano de Rachmaninov, piezas llenas de fuerza, dramatismo, y bella melodía de este autor del XX considerado como el último de los románticos.
En fin, y para terminar, en esta ocasión debo de agradecer a los políticos correspondientes, al margen de ideologías o motivaciones pragmáticas, que hayan resistido la tentación de aplicar la tijera a este concurso de piano con más de medio siglo de antigüedad, que se ha ganado el reconocimiento internacional  y difundido en nombre de nuestra ciudad en el exterior.  

domingo, 8 de abril de 2012

DEBATES EN TÚSCULO. Marco Tulio Cicerón


Marco Tulio Cicerón (106 a.C.- 43 a.C.) fue uno de los grandes personajes de la república romana en su etapa final. Muy conocido como jurista, orador, y político,  dejó una abundante producción literaria. Menos conocida es su faceta como filósofo y sin embargo se dice de él que fue uno de los introductores de las principales escuelas filosóficas griegas en la literatura romana y que utilizó en sus escritos numerosos términos traducidos del griego convirtiendo de esta forma al latín en una lengua culta capaz de expresar los pensamientos más profundos. Aun así los escritos filosóficos tienen, en mi opinión, un valor secundario en la obra ciceroniana frente a los tratados políticos y los discursos forenses. Sus opiniones filosóficas no son originales sino eclécticas entre distintas escuelas con predominio de la nueva academia platónica. En ética tuvo una fuerte influencia de los estoicos, en la teoría del conocimiento manifestó ideas aristotélicas, y en general parece que rechazaba la filosofía de la escuela epicúrea.  
Los  “Debates el Túsculo” están datados en el 45 a.C. y el propio autor nos dice que los redactó para distraerse y ocupar su ocio tras ser apartado de la vida política activa  y retirarse a su finca en esta ciudad a 25 Km. al sur de Roma. Esta proximidad no era casual ya que en la urbe aún mandaba Cesar así que Cicerón se encontraba en una especie de stand by, que diríamos hoy, esperando acontecimientos alejado pero cerca y presto para retornar. Recientemente había fallecido su hija Tulia y quizás por eso en los debates se tratan temas como la muerte, el dolor, o la aflicción, y cómo debe el sabio enfrentarse a estas perturbaciones anímicas que es principalmente mediante la virtud, no como se entiende en la mentalidad cristiana sino al modo romano y de Cicerón, mediante la ataraxia estoica, es decir, la serenidad e imperturbabilidad del alma.
La obra está escrita como diálogo pero, fiel a su mentalidad ecléctica, Cicerón concibió una forma  mixta del mismo que los especialistas han llamado diálogo-tratado, una mezcla de diálogo platónico y tratado aristotélico. En realidad en éstos  el diálogo es un mero recurso literario porque en realidad no se pretende confrontar ideas antagónicas. Los interlocutores exponen de manera continua, sin interrupción del oponente, (oratio continua) una doctrina determinada lo que conduce en la práctica a una sucesión de monólogos. Además cada libro va precedido de un largo prólogo lo cual da al autor la posibilidad de introducir sus reflexiones filosóficas alternando como interlocutor y prologuista.  
Creo que el interés de la lectura de estos debates no radica en la originalidad de sus conceptos filosóficos sino más bien en disfrutar del estilo literario del escritor, de su gran erudición, de su elegante retórica, del carácter pragmático de sus concepciones éticas, en fin, en vislumbrar bajo los mismos al gran político y jurista que fue en realidad. Quizás mientras los escribía Cicerón presentía ya su próxima muerte, dos años más tarde, víctima de las proscripciones del segundo triunvirato y en particular del odio de Marco Antonio al que había criticado ferozmente en sus “Filípicas”. Estos escritos filosóficos y la temática que abordaban pudieron ser una especie de consolación espiritual para el autor.

martes, 27 de marzo de 2012

LA MÁQUINA DE FOLLAR. Charles Bukowski


Charles Bukowski (1920-1994) fue un norteamericano de origen alemán, escritor de vocación tardía pero muy prolífico, con una abundante obra que incluye poesía, ensayo, novela, y cuento, entre otras especialidades. Como literato siempre fue una figura polémica.  Algunos le consideran como  representante de las vanguardias literarias y destacaron su autenticidad y la visión satírica  de la sociedad americana que lo ha convertido en escritor maldito; otros lo critican por su lenguaje soez  y  por  una constante reiteración de sus obsesiones personales. Se le ha considerado como miembro del movimiento  conocido como “realismo sucio” que apareció en los años setenta y ochenta del pasado siglo y se caracteriza por  un  minimalismo literario  que conduce a un lenguaje sobrio, conciso y superficial en las descripciones  para  que sea el contexto el que sugiera el fondo de la obra, al tiempo que retrata personajes vulgares de vida convencional.  
“La máquina de follar”, a pesar de lo explícito del título, no es una novela porno-erótica.  Se trata de una colección de relatos breves  de evidente carácter autobiográfico  si se repasa la propia vida del autor. En la mayoría de ellos, el personaje de  Henry Chinaski, alter ego del  mismo, cuenta en primera persona sus experiencias con el sexo y el alcohol  utilizando un lenguaje directo, crudo, deliberadamente obsceno, vulgar y hasta escatológico en la acepción más negativa de este término. Por los cuentos pasan una gran variedad de personajes marginales como prostitutas, borrachos, vagabundos y pervertidos. Seres sin ambición, fracasados y hundidos que viven historias sórdidas y deprimentes en los barrios  más degradados de las grandes urbes como Los Ángeles, en una lucha diaria por la supervivencia. La narración está saturada de inconformismo y  sátira de la ortodoxia moral  de la burguesía americana.  El relato más genial en mi opinión es aquél  en que describe su estancia en un hospital de beneficencia, y  la escena más repugnante es una de pedofilia por la que fue muy criticado  y de la que tuvo que  defenderse alegando  que su obra no es siempre fiel reflejo de sus convicciones.
          Para  terminar, y utilizando un símil gastronómico, un buen lector debe ser curioso y estar dispuesto a probar  recetas originales  pero  cuidado porque este plato  es sólo apto para estómagos fuertes. 

martes, 20 de marzo de 2012

EL JUEGO DE ENDER. Orson Scott Card


La ciencia ficción no es uno de mis temas preferidos y en mi biblioteca son escasas las novelas  de este género. Rechazo por igual  aquellas obras que dan excesivo predominio al elemento fantástico, en mundos imposibles habitados por seres grotescos,  como las llamadas de “ciencia ficción  dura” en las que predominan los aspectos científicos y técnicos tratados con el máximo rigor aparente. Entre éstas últimas salvaré, desde luego, “2001: una odisea del espacio” de Arthur C. Clarke, todo un clásico de este grupo. En general prefiero  novelas que pueden encuadrarse en la conocida como “ciencia ficción blanda” que incorporan puntos de vista derivados de las ciencias sociales tales como antropología, sociología, o psicología. En ellas  se suele evitar la fantasía desmesurada sin renunciar por esto a describir una humanidad futura, propicia a los avances tecnológicos e inmersa en la conquista del espacio. A éstas yo las llamo “ficción científica creíble” y el paradigma de las mismas es la saga de la “Fundación”  de Isaac  Asimov  de la cual he leído tres novelas.
          “El  juego de Ender” (1985), del  norteamericano Orson Scott Card pertenece también a este tipo. Fue muy premiada en su momento y se ha convertido ya en un clásico. El propio autor ha reconocido la influencia que la saga de Asimov tuvo en  la génesis de su obra.  También ésta ha sido el origen de una saga posterior de novelas centradas en el personaje de Ender; su popularidad ha propiciado muchas versiones en cómic, videojuegos, y creo que la película correspondiente se comenzará a rodar se este año.   
          Es obligado hacer referencia a la trama argumental y evitar el riesgo de desvelarla totalmente, por eso prefiero  hacer un resumen literal de la sinopsis de contraportada: “ La Tierra se ve amenazada por la especie extraterrestre de los insectores, unos seres que se comunican telepáticamente.... Para vencerlos la humanidad necesita  de un genio militar.... A los seis años, Ender es reclutado para  ser adiestrado en la Escuela de Batalla, una estación espacial  donde los niños superdotados son preparados desde su infancia para  dirigir la próxima guerra”. Con este resumen a modo de introducción, hay que decir que el relato mantiene  vivo el interés hasta el  sorprendente final  y el epílogo  que abre la posibilidad  de continuar la narración en entregas posteriores. Con esta misma intención el escritor  sometió esta novela a varias revisiones. Esto explica la referencia a  las  redes sociales cuando en 1985 (año de edición)  éstas aun no se habían creado en Internet, que por aquel entonces estaba en sus comienzos. La novela aborda la ciencia ficción desde perspectivas  diferentes  y relativamente originales, entre otras  la dimensión psicológica  y la filosófica o moral. Ender es un niño muy inteligente pero con graves carencias afectivas escindido entre el odio que siente por su hermano Peter y el amor y la protección de su hermana Valentine, consciente de su destino y determinado a cumplirlo, sometido a un duro entrenamiento conductista  que plantea una vez más el eterno dilema de si el fin justifica los medios. Se plantean además problemas como  la moral del vencedor, el aislamiento,  los límites entre defensa y crueldad. También una teoría: la tendencia  humana a considerar enemigos y exterminar posibles culturas  extraterrestres viene determinada por el miedo a lo desconocido y la incomunicación con las mismas.          
          Aunque pueda resultar  paradójico, el pasado y la historia también ha dejado su impronta en este relato del futuro. El escritor rinde tributo a la antigua Grecia cuando alude a la Hegemonía, la alianza mundial frente a los extraterrestres, y sus mandatarios, el hegemón, el polemarco, y el estratego. Las dos invasiones insectoras guardan paralelismo con las invasiones persas  de las guerras  médicas, los dos bloques o alianzas mundiales lideradas por norteamericanos y rusos recuerdan al  enfrentamiento  entre atenienses y espartanos  en la guerra del Peloponeso. Incluso en la figura de Ender encontramos sutiles semejanzas con  Alejandro.
          “El juego de Ender”  es en definitiva una gran novela de ciencia ficción que merece ser  leída y disfrutada incluso por lectores no aficionados al género. En cambio, no estoy seguro de querer leer las entregas posteriores de esta saga. No tengo razones que alegar para este negativa, son más bien intuiciones que pudieran ser tachadas de prejuicios y por tanto las omitiré.

martes, 13 de marzo de 2012

HHhH. Laurent Binet


La elección de una lectura suele estar inspirada por factores muy variados.  Los más determinantes son la información previa sobre la obra, los gustos particulares del lector, y hasta su estado de ánimo en ese momento concreto del inicio de la misma. También pueden ser decisivos otros aspectos triviales en apariencia. En el caso de esta novela del escritor francés Laurent Binet  me atrajo  la combinación de una portada sugerente e inquietante y un extraño título. Después de haber leído la breve sinopsis de contraportada decreció un tanto mi interés; una novela histórica más sobre nazis, un  tema y un subgénero literario de moda, con abundante producción y no siempre de calidad suficiente. Lo que al final  inclinó la balanza a su favor fue el  haber conseguido en el año 2010 el prestigioso premio literario Goncourt, aunque es verdad que este tipo de galardones  no siempre asegura el mérito de una obra.
          Se trata de la biografía novelada  de un personaje siniestro, Reinhard Heydrich (1904-1942) segundo, tras Heinrich Himmler, en el mando de las  SS y de la Gestapo, temido y odiado hasta por los propios jerarcas nazis, planificador de la llamada Solución Final al problema  judío, nombrado  Protector de Bohemia-Moravia  y conocido con apelativos tales como  “la bestia rubia” o “el carnicero de Praga”. Es también la historia  del atentado que sufrió en 1942 a manos de patriotas checos, en cierta medida frustrado, a resultas del cual murió ocho días más tarde.  La vida y muerte del personaje no están exentas de tintes novelescos pero el principal atractivo, o repulsión, de Heydrich es que simbolizó al nazi perfecto, frio, calculador, disciplinado, de ideología simple pero obsesiva, capaz de llevar a cabo las mayores atrocidades con eficiencia burocrática y sin el menor escrúpulo.  Ahora podemos aclarar el extraño título de la novela; HHhH  son las siglas de una frase que  expresaba lo que sus subordinados de las SS pensaban de él, “Himmlers Hirn heisst Heydrich”, “el cerebro de Himmler se llama Heydrich”. La crueldad y determinación con que desempeñó el papel de verdugo en la barbarie nazi contrasta con el ámbito privado en el que fue buen deportista, experto en esgrima, refinado melómano intérprete  de violín, y aparentemente buen padre y esposo. Es precisamente esa amoralidad intrínseca, esa falta de arrepentimiento y la planificación científica del terror lo  que impresiona del nazismo. Nunca se vieron a sí mismos como sádicos ni irracionales, se creían personas normales  que ejercían su trabajo con metódica responsabilidad.
          Volviendo a la novela; lo que tiene de original  HHhH, por lo que ha sido premiada es sin duda la forma en que Laurent  Binet nos cuenta la historia.  No está narrada  en tercer a persona  ni mediante el recurso de un personaje que la relata a modo de  memorias personales, que son las técnicas  narrativas  más frecuentes en la novela histórica. Está escrita en primera persona porque es el propio escritor el que  nos cuenta la historia y de esa forma se convierte también en protagonista de la novela. El relato se sucede a través de capítulos muy cortos que  el autor llama escenas, en las que  describe  a modo de  pinceladas breves  la ascensión de Heydrich  a la cúpula nazi en forma paralela a la conquista del poder por el nazismo. Al mismo tiempo  el  escritor se introduce e intercala en el relato y nos cuenta  el proceso  de elaboración de la historia; de su interés casi obsesivo  por la figura del nazi, o más bien por su dimensión novelesca;  de la abundante documentación recogida sobre el personaje y de las lagunas que tuvo que rellenar renunciando a lo real en favor de lo verosímil; de cómo  sucesos aparentemente triviales pueden cambiar el curso de la historia y de cómo el novelista puede caer en la ucronía  (aquello de: “¿qué hubiera pasado si….?”); de las dudas sobre  la veracidad de algunas escenas y sobre la posible falsedad de los documentos que las sustentan. En definitiva, Laurent Binet nos plantea de nuevo una idea que obsesiona de forma recurrente a muchos escritores actuales, a saber, los imprecisos  límites  entre realidad y ficción, entre historia y novela. Y también, de cómo la memoria histórica  de los pueblos está construida con elementos sustentados en ese mismo terreno vago e indefinido.
Las  frecuentes disgresiones  provocadas por la  intromisión del escritor en el ámbito de la narración tienen, no obstante, la virtud de no alejar nuestra atención sobre  el eje  principal de la trama argumental. Dicho de otra forma, la frialdad de los hechos históricos relatados se complementa y enriquece con la visión subjetiva, las emociones y los juicios del escritor y también con su particular forma de contarlos. En este ámbito, su pericia narrativa consigue  convertir la historia final del atentado y sus secuelas  posteriores en un auténtico relato de suspense.
          Para terminar y resumiendo, una novela histórica  muy original en su estructura narrativa, escrita en lenguaje sencillo y directo que consigue mantener nuestro interés a pesar de conocer de antemano el desenlace.  En mi opinión, el premio  Goncourt  lo  merece sin discusión.

martes, 6 de marzo de 2012

NAUFRAGIOS. Álvar Núñez Cabeza de Vaca


El gaditano Álvar Núñez Cabeza de Vaca (1465- 1560) fue, como otros muchos, un hidalgo empobrecido que viajó a las Indias  en busca de oro y riquezas. No las encontró  pero formó parte de aquel primer grupo de exploradores y conquistadores de las nuevas tierras descubiertas por Colón, vivió aventuras y peligros en los que otros muchos dejaron la vida, y  mereció pasar a la historia entre los grandes como Cortés, Pizarro, Almagro, y Orellana, lo cual no le evitó terminar sus días, también como otros muchos, en el anonimato o en la pobreza. Y es que estos hidalgos aventureros  abrieron rutas terrestres y marítimas, descubrieron  nuevas tierras y conquistaron imperios, pero después de ellos llegaron  gobernadores y virreyes, funcionarios reales, frailes y encomenderos, encargados de gobernar, administrar y explotar los nuevos y extensos territorios; éstos fueron los auténticos beneficiarios de la conquista y el núcleo de la posterior nobleza criolla.
          Cabeza de Vaca era uno de los  oficiales  de la expedición  que, al mando de Pánfilo de Narváez, fue comisionada por  Carlos V para  descubrir y conquistar  las tierras comprendidas entre el río de las Palmas  (río Grande) y la península de Florida, es decir toda la costa norte del golfo de México que comprende los territorios del sur de los Estados Unidos, desde Florida en el este a baja California en el oeste, y los del norte de México. Una flota de 5 naves salió de Sanlúcar de Barrameda  en 1527, hicieron escala en Santo Domingo y Cuba, y en 1528 llegaron a la costa oeste de Florida. El grueso de la expedición abandonó las naves y siguió por tierra,  siempre hacia el oeste, mientras  eran diezmados por el hambre, las enfermedades y los indios que los acosaban desde la espesura de la selva y los manglares. Finalmente quedaron Cabeza de Vaca y cuatro supervivientes más. A partir de ese momento  pasaron todo tipo de aventuras y calamidades, hicieron de comerciantes entre las tribus indígenas, sufrieron esclavitud, y finalmente ganaron fama como curanderos mediante rezos  de oraciones en latín.  Vagaron por los manglares de  la costa este y por  la desembocadura del Mississipi  hasta el río Grande, después subieron por la ribera del mismo, hacia el noroeste y llegan a la costa de la baja California donde retornaron hacia el sur hasta encontrarse de nuevo con los españoles en la ciudad mexicana de Culiacán, ocho años después de iniciado el viaje.
          Cuando retorna a España, Álvar  Núñez escribe este relato que tiene la estructura de un informe  dirigido al rey  Carlos I en el que  describe las nuevas tierras  y  por primera vez se recogen  observaciones etnográficas sobre las tribus indias del norte del golfo de México,  costumbres, fiestas etc, así como datos geográficos referentes a ríos, fauna, flora y potencial agrícola de las tierras recorridas. También por vez primera  aparecen en castellano algunas palabras tomadas de las lenguas indígenas americanas.  Se trata pues de un documento histórico, el primero en que se habla de los territorios del sur de Estados Unidos.  La primera parte del informe es minucioso, abunda en detalles y nombres de los miembros de la expedición y está perfectamente datado. Cuando  al final quedan sólo los cinco supervivientes, la narración  pierde su carácter de informe oficial para convertirse en un relato de aventuras en el que se mezclan realidad y fantasía, quizás con la intención de impresionar al rey  y aumentar el mérito de los expedicionarios a fin de conseguir  prebendas y nuevos mandatos  de exploración y conquista. Está claro que este propósito se vio satisfecho cuando Álvar Núñez  fue  nombrado Adelantado del  Río de la Plata antes de iniciar su segundo viaje a América en 1540.
El informe con el título de “Naufragios” fue publicado en 1542. Un curioso libro a medio camino entre  lo histórico y  el relato de aventuras y viajes.

martes, 28 de febrero de 2012

LA DEVOCIÓN DEL SOSPECHOSO X. Keigo Higashino


La devoción del sospechoso X  es una novela policiaca, y como todas las de este género, fácil de leer pero difícil de comentar más allá de una breve sinopsis si no se quieren desvelar a priori elementos importantes  de la trama narrativa. Cualquier desliz en este sentido  puede arruinar el disfrute de la obra a futuros lectores y eso sería imperdonable.
Hace tiempo que el mundo anglosajón ha dejado de tener el monopolio de las buenas narraciones detectivescas, bien al estilo analítico de la escuela inglesa o al de la novela de serie negra norteamericana.  Autores como el sueco Stieg Larsson y su trilogía “Millennium” han demostrado lo que digo. Y, en mi opinión, el japonés Keigo  Higashino, con esta novela, bien pudiera  incluirse en el grupo de  maestros de este  género narrativo.  El relato se localiza en  el  Tokio actual  y esto le aporta un cierto toque exótico  porque  si bien es cierto que  Japón  asumió hace mucho la forma de vida occidental, la cultura nipona aún conserva rasgos diferenciales en cuanto a formas de comportamiento y actitudes morales  que la diferencian claramente de  la nuestra.  Si hemos de  encuadrar  la narración  en uno de los dos estilos tradicionales  diremos que predomina  en la misma el análisis deductivo propio de la novela inglesa. Para empezar ya desde el principio conocemos el crimen y a su autor que por tanto dejan de sustentar la intriga. La señora Hanaoka asesina a su ex marido, que la acosa y extorsiona, y su vecino, el profesor de matemáticas Ishigami, se hace voluntariamente cómplice y se presta a ayudarla. Partiendo de los hechos consumados, el suspense se genera por el acoso policial a la sospechosa y la elaboración de una coartada perfecta por parte del cómplice. En este juego de sospechas, coartadas, y móviles, el  tradicional detective está también auxiliado por su amigo, el profesor  Yukawa.  Entre los personajes  se desarrolla un  duelo intelectual y lógico salpicado de intuiciones y hechos espontáneos, intrascendentes en apariencia, que actúan como factores o variables incontroladas dentro de  una ecuación supuestamente perfecta. La intriga se mantiene  durante toda  la historia que se desarrolla de forma casi lineal y sucesiva en el tiempo, con muy escasos  flash back indispensables para justificar  desde el pasado  las cualidades o emociones actuales de los personajes. La  acción carece por completo de la violencia o detalles escabrosos propios de la novela negra y a pesar de esto genera  una continua tensión hasta el final  que, esta vez sí, es totalmente inesperado para el lector.
          En resumen, se trata de una estupenda novela policiaca que  atrapa en la lectura y sorprende en su desenlace.   

martes, 14 de febrero de 2012

FASTOS. Ovidio


Publio Ovidio Naso (43 a.C.–17 d.C.) fue, junto con Horacio y Virgilio, uno de los poetas protegidos por Mecenas durante la época del emperador Octavio Augusto. Si el último puede ser considerado como el poeta oficial del nuevo régimen imperial, cantor de los orígenes y la gloria de Roma en su poema épico “Eneida”, Ovidio fue de alguna forma el poeta maldito. Adquirió fama y  prestigio con sus dos principales obras “Las metamorfosis” y “Arte de amar” pero ésta última le atrajo la desgracia y la proscripción.
 “Fastos” es una de las obras menos conocidas del autor latino. Se trata de lo que los romanos llamaban poesía didáctica, pero naturalmente con la traducción al castellano el poema pierde la rima y se transforma en prosa. El término latino fastus alude a cualquier división del tiempo, como meses o días. Los fastus eran también los días hábiles en que funcionaban los tribunales y se podían hacer negocios en el foro. Por contra, los días nec fastus eran los días que cerraban los tribunales por alguna festividad religiosa. De estos últimos deriva nuestra palabra “nefasto” cuyo significado actual (triste, funesto) contrasta con el original latino (día festivo).
En este tratado, el poeta mezcló elementos  diversos y heterogéneos como astrología, mitología, descripción de fiestas, ceremonias religiosas, y algunos episodios de la historia de Roma, todo ello en relación a los meses del año. La obra quedó incompleta y sólo se recogen los seis primeros meses. Parece que durante su elaboración Ovidio fue desterrado por Augusto a las costas del Mar Negro y después no pudo o no quiso continuarla. No se sabe a ciencia cierta el motivo del destierro. Se dice que pudo tener relación con la edición del “Ars amandi” que contravenía  claramente las estrictas normas de moralización que pretendía introducir el emperador en la sociedad romana. De nada le sirvió a Ovidio añadir en este poema frecuentes frases que glorifican la estirpe de Augusto, algunas de ellas descaradamente adulatorias.
De cualquier forma, los “Fastos” son de agradable lectura. A pesar de la pérdida de la rima, la poesía trasciende el texto y en ocasiones parece prosa poética. Es interesante además como fuente para el estudio del origen de fiestas, ritos religiosos, tradiciones romanas y, aquí de nuevo, Ovidio hace gala de su enorme erudición mitológica. En cambio, según han demostrado los historiadores que analizaron la obra, sus conocimientos astrológicos son bastante más limitados y comete frecuentes errores. Da la impresión de ser una obra hecha para entretener. En algunos momentos los relatos tienen cierto toque de ingenuidad y en otras ocasiones los elogios a la familia imperial parecen esconder un punto de ironía. Quizás dejó inacabada su redacción porque ya no se divertía escribiéndola, o quizás, quien sabe, fue su forma de vengarse del emperador. Augusto murió en año 14 d.C. pero el poeta fue olvidado en su exilio y le siguió al Averno (o al Eliseo) tres años más tarde. 

martes, 7 de febrero de 2012

EL SUEÑO DEL CELTA. Mario Vargas Llosa


En la extensa producción literaria del hispano-peruano Mario Vargas Llosa son frecuentes las novelas de tema político entre las cuales destacan algunos de sus mejores títulos como La guerra del fin del mundo (1981) o  La fiesta del Chivo (2000).  Su última novela “El sueño del celta” puede incluirse  por su temática en este mismo grupo aunque yo la calificaría  como una  biografía novelada pues se centra en un personaje histórico  real, el irlandés  Roger Casement (1864-1916), cónsul británico que a principios del siglo XX fue el primer europeo que denunció  la tremenda explotación, los abusos y crueldades cometidos por  el sistema colonial en el Congo belga y en las estaciones caucheras del  Putumayo, en la Amazonía peruana. Lo que hace atractivo  a este personaje, según el autor, son los fuertes contrastes de su peripecia vital que lo convierte en la representación de las  grandes contradicciones que están en la esencia del alma humana. En  la introducción de la novela se alude a Proteo, aquél dios marino de la mitología griega con capacidades proféticas que cambiaba continuamente de forma, lo cual lo hacía inaprensible. De su nombre deriva el término “proteico” referente a quien muda continuamente de opiniones y afectos. Proteo y lo proteico simbolizan lo que el ser humano tiene de cambiante, lo que nos hace no ser uno sino muchos en uno, a veces de forma sucesiva y llena de contrastes.  Desde luego el personaje central de la novela fue todo un ejemplo de contradicciones y contrastes.  Nacido irlandés de padre anglicano unionista y madre católica, fue bautizado en secreto por ésta y educado como anglicano. De formación inglesa y con una visión paternalista del colonialismo civilizador  pasó a ser un firme anticolonialista tras ser testigo de las atrocidades del sistema. Sus informes sobre el Congo belga y el Putumayo le dieron fama y reconocimiento en Inglaterra pero a continuación  abandonó  el servicio diplomático de la corona británica y abrazó los ideales del nacionalismo irlandés al tiempo que abandonaba el anglicanismo y se hacía católico inducido más por motivos políticos que por reflexión religiosa.  Convertido en independentista radical, su mayor frustración era no dominar el gaélico.  Su sentido práctico le indujo a buscar la ayuda de Alemania a una sublevación en Irlanda durante el trascurso de la Primera Guerra Mundial  y por tal motivo pasó de ser un héroe a un traidor a los  ojos de Inglaterra. Tras la sublevación independentista  conocida como “de Semana Santa” o “de Pascua” fue detenido, aunque no participó en la misma, y finalmente ejecutado. Su fuerte idealismo contrastaba con cierto grado de depravación, y su homosexualidad, entonces un delito, fue utilizada para desacreditarle mediante un supuesto y dudoso diario repleto de obscenidades que parece fue manipulado.
          Casement conoció en sus viajes a personajes como el explorador Henry Morton Stanley, cuya figura queda desmitificada en la obra, y también al escritor Joseph Conrad que viajó por el río Congo y en su novela  “El corazón  de las tinieblas”  expuso la tesis de que la naturaleza exuberante y salvaje  de la selva  impone al europeo civilizado  unas duras condiciones de vida que lo arrastran a la soledad, el miedo a lo desconocido, y finalmente hacia la locura. Nuestro protagonista compartió inicialmente estas ideas pero luego se dio cuenta  de que era la avaricia de los europeos y su afán de enriquecimiento rápido lo que conducía  a la pérdida de valores morales, a la crueldad y la locura.
          La novela tiene una estructura doble, es decir, dos líneas narrativas o dos tiempos entrelazados. La primera  se desarrolla  en los capítulos impares  y se  localiza en la prisión de Pentonville (Londres) donde  Casement  pasó  los últimos meses  antes de ser ejecutado en la horca  en agosto de 1916. La segunda es el relato de su vida  centrada en  sus etapas en el Congo belga, en el Putumayo, y  como nacionalista irlandés.  Ambas líneas están narradas en tercera persona lo cual parece un intento del escritor por enfriar el relato y darle un tono objetivo y desapasionado.
          En resumen, el trasfondo de la novela  es la denuncia de los estragos que el colonialismo de finales del XIX y principios del XX provocó en muchos países suramericanos y casi todos los africanos. Casi cincuenta años después se produjo la descolonización e independencia de estos países pero las secuelas de aquél  régimen colonial de las potencias europeas aún se dejan sentir.
          Una nota final. La obtención del caucho natural (latex)  fue una de las causas de aquella explotación colonial. Era un producto indispensable para el desarrollo europeo, principalmente en la incipiente industria de automoción. Ciudades  como Manaos en Brasil o Iquitos en Perú  se enriquecieron  de forma fabulosa en pocos años a costa de este comercio, pero la  fiebre del caucho duró poco. A finales de la Primera Guerra Mundial, los alemanes, sin un imperio colonial que explotar y deficitarios en este producto, inventaron el caucho sintético y ese fue el final de aquel espejismo de riqueza y ostentación.