martes, 4 de febrero de 2020

EL COMPAÑERO DE VIAJE. Curzio Malaparte


La azarosa biografía de Curzio Malaparte (1898-1957) estuvo saturada de contradicciones. Italiano de padre alemán, su nombre de pila era Kurt Erich Suckert, fue un personaje original y polifacético; diplomático, periodista y corresponsal de guerra, novelista, dramaturgo y cineasta. En política pasó de ser fascista convencido, íntimo del conde Ciano, al exilio por sus críticas a Hitler. Fue más tarde agente de enlace de los norteamericanos, durante la  invasión de Italia en la Segunda Guerra Mundial, para terminar simpatizando con el partido comunista al final de la contienda. Hasta su nombre literario refleja una clara oposición entre leyenda épica (Curcio) y cínica parodia imperial (Malaparte).
Esa vida de aparente contradicción no le desacredita como escritor, porque nadie como él supo describir, con descarnado realismo no exento de cierta lírica, el ambiente social en la Italia de posguerra. En el plano narrativo se le puede considerar el pionero del movimiento cinematográfico conocido como neorrealismo italiano.
El título de este relato corto, El compañero de viaje, está literalmente copiado de un cuento infantil de Hans Christian Andersen y esto implica cierto simbolismo antagónico. En ambos el compañero es un muerto, pero les separa la enorme distancia que media entre la fantasía de final feliz con la cruda y trágica realidad. En el prólogo se indica que estamos ante una obra inédita, no publicada hasta el año 2007, y que fue escrita en 1946 como guion de una película que no se llegó a realizar. Esa intención cinematográfica se aprecia claramente porque en algo más de treinta páginas se desarrolla, con la necesaria economía y precisión de lenguaje, escena a escena, una historia y el esbozo de unos personajes que emocionan al lector a pesar de intuir que en la pantalla ganarían en intensidad dramática.
Es la historia de Calusio un soldado alpino que, tras la derrota de su batallón en el desembarco aliado en Calabria, emprende el viaje de retorno a su tierra. Lleva un asno en el que carga el cadáver de su teniente, al que prometió en vida devolverlo a su madre en Nápoles. El relato tiene resonancias homéricas, de ahí la alusión a Scila y Caribdis y la descripción del desembarco: “El mar está negro de naves, el cielo está estriado de alas” que recuerda aquel otro de las naves aqueas ante las playas de Troya, en ese ambiente épico donde unos pocos soldados, que se saben ya derrotados, defienden un baluarte sólo por dignidad.  A partir de ahí, el superviviente Calusio inicia el viaje. Una odisea en la que se le unen otros personajes como la huérfana Concetta o Mariaguilia “la bergamasca”. El retorno al hogar y como objetivo el cumplimiento de una promesa. En el camino se cruzan con todo tipo de personajes, ladrones, estraperlistas, soldados americanos, alcahuetas y prostitutas, en escenas que ponen de manifiesto el caos de los desplazados, la miseria y el hambre, la supervivencia a toda costa, pero más aún, la humillación y la degradación de los vencidos ante unos vencedores americanos benévolos pero ingenuos e ignorantes del hundimiento moral de la población. La historia muestra además la contraposición de valores éticos, como la generosidad, la valentía y la dignidad encarnados en el protagonista, frente al miedo y desánimo general que se supera en algunas escenas especialmente emotivas. Y por fin el desenlace triste e inesperado, aunque con atisbo de esperanza futura, muy congruente con el ambiente que el escritor pretende reflejar. Pocos años después describiría con mayor amplitud ese mismo ambiente en La piel (1949) su novela más famosa.

viernes, 31 de enero de 2020

MARIANELA. Benito Pérez Galdós


Esta novela es una de las más populares de Benito Pérez Galdós (1843-1920). Junto con Fortunata y Jacinta y el ciclo narrativo de los Episodios Nacionales, es la que siempre recordamos cuando se nos pide citar alguna obra del escritor canario, el mejor exponente del realismo del XIX en nuestro país y uno de los clásicos de la literatura española.
Marianela (1878) fue adaptada al teatro por los hermanos Álvarez Quintero y llevada al cine en varias ocasiones. Ha sido emitida en serial radiofónico, versionada en telenovelas, miniseries y cómic. Con tanta difusión, es fácil conocer la historia mucho antes de haberla leído. Así pues, en esta ocasión no me parece incorrecto hacer un breve resumen de la trama argumental: Nela es una huérfana de escasa belleza y mucha bondad. Sirve de lazarillo a Pablo, un joven ciego, de rica familia, que ve el mundo a través de sus ojos y se enamora de ella. En la casa solariega, donde vive con su padre, aparece Teodoro Golfín, un médico que promete intervenirlo para que recupere la visión, y esto provoca en Marianela un conflicto interior que se resolverá de forma un tanto forzada y poco creíble, pero de un dramatismo muy efectista.
En mi opinión, el relato adolece de maniqueísmo, por la bondad o maldad sin matices de los personajes. El idilio de los enamorados resulta empalagoso por momentos. Frente a ellos, la hipocresía y el paternalismo de las clases altas y la incultura, la opresión y el embrutecimiento de los pobres. Nela vive sin queja una vida miserable con su familia de acogida que recuerda mucho el cuento de Cenicienta. Quizás esa extrema polaridad ética en el retrato psicológico de los personajes esté motivada por una clara intención de crítica social, aunque la ausencia de gradación de grises, entre el blanco y el negro, parezca algo ingenua a nuestros ojos.
La emotividad algo sensiblera de relato justifica su popularidad, pero la obra tiene una segunda lectura mucho más interesante. Es lo que los críticos conocen como novela de tesis, es decir, aquella que se escribe para demostrar una teoría o suscitar un debate ideológico sobre determinada materia, social, política o moral, entre otras. En este nuevo aspecto destaca  como personaje, el doctor Teodoro Golfín. Desde su entrada en acción no sólo es el único en apreciar la belleza moral de Nela y la injusticia que la rodea, sino que en sus discursos a los demás y en sus reflexiones expone claramente ideas políticas, sociales y filosóficas, hasta que caemos en la cuenta de que nos habla un alter ego del propio escritor. En lo político exalta al hombre hecho a sí mismo gracias a su esfuerzo, una idea típica del liberalismo. En lo social es partidario del progreso científico, técnico e industrial que saque al país del subdesarrollo, también de la educación y protección de los pobres, como acto de justicia social frente al paternalismo de la caridad cristiana, ideales propios del regeneracionismo de Joaquín Costa. En el aspecto ético, nos hace ver la inteligencia de Marianela, basada en la naturaleza y en su bondad instintiva y algo supersticiosa, que él considera propia de pueblos paganos. Aquí vemos reflejado el mito del buen salvaje, bueno por naturaleza y malo en contacto con la sociedad. Algo que se podía corregir, según Rousseau y los ilustrados, mediante la educación y unas leyes justas y civilizadoras.
Pero el tema principal que subyace en la novela es el conflicto entre el bien y la belleza. Se trata de las ideas más importantes de la filosofía platónica. Las dos cualidades máximas que el filósofo atribuye a la divinidad y fueron asumidas por nuestra civilización cristiana. En este sentido, Marianela asocia bondad y belleza en Florentina cuando la compara a la Virgen María. Cuando se refiere al ciego Pablo, Golfín alude con frecuencia a la alegoría platónica de la caverna para explicar su idealismo y la falsa asociación en su mente esas dos ideas: Sí Marianela es buena necesariamente ha de ser bella.
El conflicto, al menos en literatura, suele resolverse de forma dramática en favor de la belleza y esta novela no es caso único. Baste citar  el drama Cirano  de Bergerac de Edmond Rostand. Por el contrario, en el conocido cuento de La Bella y la Bestia, concluye favorablemente cuando éste último es liberado del hechizo y retorna a ser apuesto príncipe. Parece que en nuestro subconsciente colectivo el bien sin belleza no es deseable. 
Pérez Galdós escribió esta novela a los 35 años. Si aceptamos que las ideas que expone Teodoro Golfín, incluida su diatriba final contra el suicidio, son las propias del escritor, podemos descubrir un profundo cristianismo teñido de platonismo, a un liberal con ideas regeneracionistas y a un republicano.  En resumen, considerada como novela de tesis, merece la pena leerla para ir un poco más allá de la desmesura emotiva de tan conocido melodrama.

miércoles, 29 de enero de 2020

MÚSICA DE CÁMARA. Quinteto Almazara


En el conjunto de actos culturales instituidos por la Universidad de Jaén durante el presente curso, se ha programado, con el título de Tardes Musicales, un ciclo dedicado a la música clásica. Y dentro del mismo he tenido oportunidad de asistir a un concierto de música de cámara ofrecido por el Quinteto Almazara. Se trata de un grupo de jóvenes profesores, con un acreditado currículum de méritos, integrado por dos violines, viola, violonchelo y clave. El repertorio estuvo dedicado a la música barroca, centrado en dos nacionalidades. Los italianos, representados por Antón Vivaldi e Isabella Leonarda, de un estilo más vivaz y alegre, y el barroco inglés más solemne en mi opinión, representado por Henry Purcell y George Friedrich Händel, éste último prusiano de nacimiento, pero inglés de adopción. Todos ellos son compositores que desarrollaron su obra entre finales del XVII y principios del XVIII. El programa se elaboró a base de piezas cortas, sonatas y suites, muy poco conocidas para un público aficionado pero poco experto, del que me considero parte. Con carácter divulgativo, el primer violín se encargó de hacer una introducción a cada una de las piezas, con pocos datos técnicos sobre las mismas y algunas curiosidades de la biografía de los compositores.
         El concierto se inició con la Sonata nº12, op.1 “La Follia” de Vivaldi. Se trata de una pieza muy original. Follia significa locura o frenesí, y es el nombre de una danza popular portuguesa de carácter pastoril, que luego pasó a ser aristocrática y española y finalmente adoptada por los músicos del barroco italiano. Su originalidad consiste en una armonía que se repite de forma cadenciosa(ostinato), introduciendo en ella pequeñas variaciones y alterando el ritmo y el tempo de las mismas. Así hasta diecinueve variaciones en este caso, desde las lentas que evocan melancolía hasta las trepidantes y alocadas de carácter festivo.
         En segundo lugar, se interpretó la Suite en Sol menor Z.660 de Henry Purcell, más sosegada con relación a la anterior pero igualmente alegre y basada en esas danzas a las que eran tan aficionados los compositores de esta época. Le siguió la Sonata úndécima de las 12 sonatas que compuso Isabella Leonarda, una compositora bastante desconocida actualmente pero muy conocida en su tiempo. Pasa por ser la primera mujer a la que le fueron publicadas sus composiciones musicales. Era monja y vivió casi toda su vida en un convento de Novara. Su estilo musical es equiparable a un barroco primitivo, menos brillante en recursos técnicos y más austero, quizás en correspondencia con la condición religiosa de la autora.
         Alternando entre barroco italiano e inglés, se llegó a la Suite en Si bemol mayor. HWV354 de Händel, en cuatro cortos tiempos de danza; minueto, coro, sarabanda y gavota. Para terminar de nuevo con Vivaldi y su Concierto para cuerdas en Sol M RV.150 “Alla Rustica”, cuyo primer movimiento, Presto, es quizás el más conocido y popular.
         En mi opinión la interpretación del quinteto fue bastante buena. Lamento no poder aportar datos técnicos sobre la misma, porque mi escasa formación musical me lo impide. Pero la buena música es como el buen vino, desconocer el nombre de sus matices organolépticos no impide el disfrute de los sentidos.

viernes, 24 de enero de 2020

LA COSTA DEL SOL EN LA HORA POP. Juan Bonilla


Este libro forma parte de una colección titulada Ciudades andaluzas en la historia, editado por la Fundación José Manuel Lara y escrito por Juan Bonilla (1966). 
Quiero pensar, aún a riesgo de equivocarme, que se trata de una de esas obras que se encargan a autores de cierto prestigio, y ciertamente este escritor gaditano lo tiene acreditado con una considerable producción en narrativa, poesía y ensayo. En este último género se podría clasificar La costa del Sol en la hora pop (2007). El ensayo, definido como especialidad literaria de carácter didáctico en el que se analiza o interpreta un determinado tema, es un concepto lo suficientemente amplio para englobar desde misceláneas de temas humanísticos a la disertación científica. La característica principal, uno de los nexos que une a este tipo de obras, es la voluntad de estilo, es decir, esa mezcla de lenguaje artístico, que puede llegar hasta la prosa poética, con recursos literarios, retóricos o expresivos. Y no quiero decir que esta obra carezca de algunos, como la ironía y cierto grado de humor, tampoco le negaré una prosa depurada y profesional. Pero me cuesta percibir esa intención de estilo literario antes citado. Al margen de estas consideraciones, el libro es una buena crónica, asimilable a un informe de tipo periodístico.
Juan Bonilla analiza con bastante rigor las causas del auge y decadencia de la Costa del Sol. En el origen los pioneros, Soriano y Hohenlohe, descubridores de idílicos parajes para el veraneo de las élites extranjeras, con visitantes ilustres como Jean Cocteau o Edgar Neville, en el marco social de una España aún deprimida. Después, en pleno desarrollismo de los años 60, el éxito como vanguardia del cosmopolitismo y la modernidad que atrajo a estrellas del cine y del espectáculo. Más tarde, la masificación turística, la especulación inmobiliaria, los desastres urbanísticos y finalmente la completa degeneración, la corrupción municipal y la parasitación de todo tipo de mafias.
En particular, resulta original cuando analiza el arraigo de la estética pop en la cultura del ocio, durante aquellos glamurosos años iniciales. Una estética que degeneró en desmesura y mal gusto. Algo menos llamativo es el repaso a los fenómenos sociológicos asociados a esa modernidad que terminó por ser decadente. Aspectos tan típicos como las “españoladas” de Alfredo Landa o la aparición de depredadores a la caza de la turista, como manifestaciones negativas de la supuesta liberación sexual.
El libro pudiera ser interesante como crónica de toda una época, si no fuera porque estudia un proceso histórico tan reciente y conocido en su evolución a través de los medios de comunicación; desde los reportajes del NODO, hasta los ecos de sociedad de la prensa del corazón. Por esa razón el lector va perdiendo poco a poco interés conforme el relato se aproxima a nuestro presente. El propio autor reconoce esto cuando, en referencia a lo que él llama literatura testimonial, dice lo siguiente: “Se quiera o no literatura testimonial, lo cierto es que pasado el tiempo puede a penas disfrutarse como testimonio e ilustraciones de una época: la relación de las obras con la época es parasitaria; si el interés del lector por la época no es previo a las lecturas de las novelas, difícilmente las soportará”.
Pues eso, una época demasiado cercana a nosotros para suscitar la curiosidad, sobre todo cuando no forma parte de la ambientación de la obra, sino que es en sí misma el objeto principal del ensayo.



lunes, 6 de enero de 2020

EL SONÁMBULO DE VERDÚN. Eva Díaz Pérez


Eva Díaz Pérez (1971) acumula ya una considerable producción literaria, avalada por premios y crítica, aunque más allá del ambiente editorial andaluz no parece haber conseguido la difusión y fama que merece. Esta es la segunda que leo de sus novelas. La primera, Hijos del mediodía (2006), que fue comentada en una anterior entrada de este blog, despertó mi interés  y ahora, con esta última, pienso que deja bien acreditada su madurez creativa.
El estilo de esta escritora sevillana tiene, en mi opinión, una clara fuente de inspiración en la literatura de Borges. Digo esto por la continua reelaboración de materiales literarios que se manifiesta en la mezcla de datos biográficos ficticios atribuidos a personajes históricos y viceversa. También por recrearse en las ensoñaciones de los personajes, o las frases alegóricas y títulos de capítulo con doble significado que ofrecen distintos planos de interpretación al lector. Incluso por la creación de bestiarios insólitos y originales como, en nuestro caso, la vida trashumante de un piojo de trinchera o la aristocrática biografía de la carcoma vienesa. Todos estos elementos, y algunos más, configuran una especial sensibilidad con cierto toque de culturalismo literario, no en balde la autora es además especialista en periodismo cultural y demuestra un amplio conocimiento de las vanguardias artísticas de principios del siglo XX y finales del anterior.
El sonámbulo de Verdún (2011) es una novela histórica ambientada en la Gran Guerra, la última dirigida con mentalidad, estrategias y tácticas residuales del siglo XIX, y la primera con armamento y avances técnicos del XX. Una cruel guerra de desgaste que produjo gran mortandad, que cambió radicalmente las fronteras de Europa y tuvo secuelas políticas y económicas que condicionaron la historia del siglo pasado a nivel mundial.
Pero sería simplista quedarnos ahí, porque lo más original de la novela es la particular propuesta de Eva Díaz al indagar en la memoria histórica mediante una estructura narrativa compleja pero asequible, que induce a reflexión sobre el pasado y el futuro merced a unos recursos estilísticos cargados de sensibilidad y gusto por lo estético.
Ya de entrada, el narrador omnisciente, que se dirige al lector con frecuencia, expone su propósito en esta frase: “esta es una novela narrada entre el escepticismo y la ironía, que pasea por estancias que ya no existen, analiza los mecanismos del pasado y cuestiona la forma en que se cuentan las viejas historias”.
En el relato se entrecruzan al menos tres líneas argumentales en un juego de continuos saltos en el tiempo y el espacio. El protagonista principal es Jaroslav Smoljak, un checo de Praga movilizado por el ejército austrohúngaro, que deserta al bando aliado y termina como soldado francés en Verdún. El segundo es un contemporáneo suyo, Klaus Werger, periodista vienés que escribe falsos y épicos reportajes de propaganda en la retaguardia, a los que renuncia para enfrentarse al horror como corresponsal de guerra en las trincheras. El tercero, Fritz Wolf, es un artista de vanguardia que en la actualidad recoge restos bélicos en los campos de Verdún mientras prepara una exposición sobre la crueldad y locura de aquella guerra.
La vida de los tres protagonistas se va relacionando de forma sutil y  tangencial en el tiempo, mediante otros  personajes e historias dentro de otras, con el azar, o el destino, operando como motor determinante. El resultado es una novela coral en la que, tesela a tesela, la autora va confeccionando el gran mosaico de toda una época, casi un siglo que va desde el ocaso del imperio austrohúngaro hasta el horror nazi. Desde un aristocrático mundo de valses y polcas hasta las cámaras de gas.
El hilo conductor que da continuidad a la trama es una bala disparada desde la trinchera enemiga, congelada en el tiempo, que matará o no a Jaroslaw, condicionando su destino y el de su descendencia. De nuevo el azar, como espada de Damocles pendiente sobre vidas e historia.
Muy destacables también las descripciones de lugares y ambientes en Viena y sobre todo en Praga, ciudad cargada de historia y de arte, pero sobre todo impregnada de misterio. Un ambiente que la escritora evoca mediante las ensoñaciones de Jaroslav. Algo más que un paseo turístico por sus calles y monumentos entre los que intuimos historias y aspectos menos visibles, como las tenebrosas criptas y sus macabras reliquiasal monstruoso golem deambulando por el gueto judío; las mágicas y sugerentes marionetas y las historias míticas de su popular teatro; a Rodolfo II con sus orfebres y alquimistas en las diminutas casas de la calle del Oro en el castillo, o las famosas defenestraciones de legados imperiales desde las ventanas del palacio; los oscuros pasadizos (pruchody) entre calles sin salida o la desconcertante fila de casas privadas que ocultan la fachada principal de Nuestra Señora de Týn; los milagros del Niño Jesús de Praga o la leyenda del Caballero de Brucvík. En suma, una ciudad llena de sugerencias para el viajero que revivimos en estas páginas.
Estamos pues ante una novela interesante por su contenido y mucho más por la atractiva impronta estética que Eva Díaz Pérez aporta a sus relatos. 

viernes, 3 de enero de 2020

GRAN CONCIERTO DE AÑO NUEVO. Orquesta Sinfónica Ramón Garay


En los últimos años se prodigan en nuestra ciudad los conciertos de Navidad y Año Nuevo, estos últimos siguiendo la senda del que se interpreta anualmente en la Sala Dorada de la Musikverein. En general son un homenaje a la música centroeuropea del XIX y un nostálgico recuerdo del aristocrático ambiente de Viena que, junto con París, ostentó la hegemonía cultural en nuestro continente durante todo ese siglo. En mi caso los melifluos valses y las animadas polcas de los Strauss me hacen evocar la escena de la orquesta del Titanic, tocando impasible mientras el gran transatlántico imperial austro-húngaro se hundía a principios del XX.
         Este tipo de conciertos suelen reunir esos temas de baile junto a tradicionales canciones navideñas, todas muy populares y, por eso mismo  capaces  de convocar a gran cantidad de público en  teatros y salas de música. En mi opinión, el mayor aliciente de estas audiciones es la inclusión en el programa de algunas piezas que se alejan algo del esquema habitual sin romper del todo el predominio de las tradicionales que terminan con la popular marcha militar.
         Este año hemos asistido al Gran Concierto de Año Nuevo interpretado por la Orquesta Sinfónica Ramón Garay dirigida por Francisco Bernal. Una agrupación de unos 70 músicos, la mayor parte alumnos del Conservatorio de Jaén, creada en 2012, que está iniciando una brillante trayectoria en certámenes internacionales.
         La primera parte del programa incluyó ese tipo de obras algo divergentes de las habituales. Se inició con la obertura de Caballería Ligera de Franz von Suppé, un músico austriaco de origen belga que compuso numerosas operetas. Como dato curioso cabe señalar el triunfo de esta obertura, que todos reconocemos, frente al resto de la opereta de la que forma parte, que permaneció desde el principio casi ignorada. Por esa razón se suele interpretar separada de la misma y es una de las piezas más conocidas del compositor. El inequívoco aire de marcha militar, que evoca una carga de caballería decimonónica, resulta paradójico si tenemos en cuenta que el argumento de la obra es una historia de intrigas amorosas y el título, caballería ligera, alude al nombre de una compañía de ballet que, en la trama, dirige la protagonista. Resulta congruente, sin embargo, si consideramos que las operetas son obras cómicas y se basan a menudo en la parodia.
         En segundo lugar, se interpretó la Suite El cascanueces op.71a de Tchaikovsky. Se trata de un conjunto de ocho piezas que el genial compositor ruso seleccionó entre todas las que formaban el ballet del mismo nombre, destinadas a ser interpretadas en concierto. En realidad, esta suite obtuvo gran popularidad antes que el propio ballet y el público reconoce pronto las alegres melodías de los distintos números, desde la obertura inicial, siguiendo con las distintas danzas, la del hada del azúcar, la rusa, la árabe, la china, hasta finalizar con el muy conocido Vals de las flores.
         La segunda parte del programa se centró en las obras más tradicionales de estas fechas, comenzando por el villancico del compositor austriaco Franz Gruber, Stille Nacht, Heilige Nacht (Noche de paz…). Se interpretó después la famosa Barcarola de la opera Los cuentos de Hoffman, del alemán Jacques Offenbach, inspirada en antiguas canciones de los gondoleros venecianos. Una pieza que ha sido banda sonora de muchas películas, entre otras Titanic y La vida es bella. El concierto siguió con la interpretación de la Pizzicato Polka, compuesta por los hermanos Strauss. Una divertida polca compuesta en su totalidad con la técnica de ese nombre, que consiste en pulsar o pellizcar (pizzicato) las cuerdas de violines, violas y demás instrumentos de arco, como si fueran guitarras. Le siguió una de las obras más interpretadas, el famoso Danubio Azul, un vals que encanta al público con su romántica melodía. Finalmente se interpretó un popurrí de temas navideños. Una versión de Christmas Festival de Leroy Anderson que intercaló entre las canciones norteamericanas algunos villancicos españoles. La velada terminó con la Marcha Radetzky acompañada por las palmas del público.
         La interpretación de la orquesta fue muy buena en mi opinión, más si tenemos en cuenta la juventud de los músicos y la dificultad técnica de algunas piezas. El público que abarrotó el aforo del teatro quedó encantado y les premió con prolongados aplausos que fueron agradecidos con la interpretación de alguna obra extra y el bis de una de las danzas de El cascanueces.


jueves, 5 de diciembre de 2019

EL REY RECIBE. Eduardo Mendoza


Algunos críticos literarios, en un alarde de afán taxonómico, han clasificado la extensa producción narrativa de Eduardo Mendoza (1943) en obras serias o mayores, y obras de divertimento o menores. Entre las primeras se incluyen La verdad sobre el caso Savolta (1975) y La ciudad de los prodigios (1986), las que le dieron fama literaria. Entre las segundas, El misterio de la cripta embrujada (1978), que dio origen a toda una serie de novelas con el mismo protagonista, y El asombroso viaje de Pomponio Flato (2008), ambas con sendos comentarios en mi blog.
No todos aceptan ésta rígida clasificación, porque sus novelas de humor no carecen de rigor narrativo ni de ese estilo tan propio del escritor, mientras que las llamadas novelas serias están siempre entreveradas de rasgos humorísticos. De cualquier forma, existen elementos comunes y transversales que unifican toda la producción literaria del escritor barcelonés. Entre otros, un estilo directo y sencillo que rehúye los cultismos, y ese escepticismo irónico que en ocasiones deriva hacia la parodia.
Entre las últimas novelas de Eduardo Mendoza, hoy comentamos ésta que es la primera entrega de una trilogía titulada Las tres leyes del movimiento y se continúa con El negociado del yin y el yang (2019), quedando pendiente, según creo, la tercera entrega.
El rey recibe (2018) se puede definir como una memoria novelada, o si se quiere, la crónica de un tiempo pasado inserta en una trama de ficción. Es la historia de Rufo Batalla, un joven de 22 años que ingresa como plumilla en un periódico a finales de los años 60. Las circunstancias le obligan a cubrir la boda de un príncipe desterrado, con una señorita de la alta sociedad. Tras varias peripecias traba amistad con el príncipe Tukuulo, que así se llama el que es Bobby para los amigos. A lo largo de la trama el príncipe aparece en varios momentos, rodeado de cierto misterio, en una extraña e interesada relación con el protagonista sin llegar a definirse una clara línea argumental.
Porque la auténtica razón de la novela es rememorar toda una época a través de las vivencias de Rufo Batalla; la juventud de un joven, rebelde ante el ambiente opresivo y gris de la España del tardofranquismo, que le lleva a viajar a Estados Unidos cuando le ofrecen un trabajo burocrático en Nueva York. Allí conocerá nuevas gentes y ambientes muy diferentes sin llegar a implicarse con nada ni con nadie. Es la historia del viaje, de la búsqueda de algo que dé sentido a la propia vida y también la decepción de no llegar a una meta concreta. El protagonista, que narra su vida en primera persona, parece un claro alter ego del propio escritor y en muchas de sus reflexiones no muestra signos de la apasionada ilusión de la juventud sino del escepticismo propio de la edad adulta. Pero, en el relato, pienso que lo importante no es el retrato psicológico de Rufo Batalla, sino describir los grandes cambios sociales y políticos de los que será testigo en aquella época, que se describen con trazos breves pero muy bien perfilados.
En España, la decadente dictadura franquista, los ministros tecnócratas, el desarrollo económico de finales de los 60, la incipiente y timorata liberación femenina, el conformismo y el miedo de la generación que vivió la guerra, y el asesinato de Carrero Blanco que abortó el último intento del régimen por perpetuarse. En Estados Unidos, la lucha racial por los derechos civiles, el feminismo, el movimiento gay, la aparición de las drogas y el movimiento hippie. 
Para los que fuimos jóvenes entonces, la lectura de esta novela supone un agradable ejercicio de evocación y es fácil sentirse identificado con muchas de los ideales e inquietudes del protagonista, que compartimos en mayor o menor grado, por más que la distancia del tiempo y la perspectiva histórica nos hayan demostrado la falacia de algunas de ellas.
Pero más allá de su carácter de crónica o memoria personal, que es la esencia de la novela, encuentro un claro déficit en la misma. A saber, una trama de ficción que debería envolverla y darle un sentido narrativo coherente. Las esporádicas apariciones del príncipe Tukuulo, y su esperpéntica corte, son insuficientes para mantener la intriga, y el resto de personajes solo representan tipos sociales paradigmáticos sin llegar a ser decisorios en el desarrollo argumental. Si a esto se le añade la ausencia de un claro desenlace, quizás justificado como un continuará, se puede comprender que la lectura sea algo tediosa por momentos, a pesar del humor y la maestría narrativa que despliega el escritor.
En resumen, que buena crónica si oviesse buena historia. No obstante, la novela se lee con agrado, pero en mi opinión no es de las mejores de Eduardo Mendoza.  

miércoles, 20 de noviembre de 2019

NUESTRO CORAZÓN. Guy de Maupassant


La vida de Guy de Maupasant (1850-1893) fue corta y nada edificante desde el punto de vista ético. Se le ha descrito como misógino, misántropo y de una exacerbada promiscuidad sexual que le abocó a una prematura muerte, víctima de la sífilis. Pero el arte suele prevalecer frente a la mudable moralidad, y el juicio de la fama resultó favorable hacia el escritor, que actualmente figura como uno de los grandes de la literatura francesa en la segunda mitad del XIX. Fue discípulo de Flaubert y, junto con Émile Zola, se le considera el máximo representante del naturalismo, un movimiento que surgió como reacción al romanticismo imperante en la primera mitad de aquel siglo. Escribió varias novelas, pero es más conocido por sus cuentos. Con el primero, Bola de sebo, alcanzó notoriedad, y en el final de su carrera escribió cuentos de terror que son equiparables en calidad a los de Edgar Allan Poe, muchos de ellos frutos de la demencia, una secuela tardía de su enfermedad crónica.
Nuestro corazón puede ser catalogada en el subgénero de la novela psicológica, también conocida como realismo psicológico, porque en ella se intenta profundizar en el análisis de los sentimientos y emociones de los personajes. Se desarrolla en el ambiente de los salones de la nobleza y alta burguesía francesa, en el último tercio del XIX. Un mundo culto y refinado frecuentado por escritores y artistas, pero también hipócrita y superficial. En uno de ellos reina Michèle de Burne, una joven viuda rica y coqueta, narcisista y vanidosa, que mantiene en torno suyo toda una corte de antiguos amantes, escritores, artistas y nobles, todos atraídos por su belleza, por su conversación inteligente y por una inagotable capacidad de seducción que los mantiene ligados a ella, celosos los unos de los otros, recogiendo las migajas de un amor sin esperanza.
A ese círculo tiene acceso André Mariolle, hombre maduro y atractivo, de riqueza heredada. Una especie de diletante, con ciertas aptitudes pero sin ambición de destacar en nada. En un primer momento, conocedor de la fama de su anfitriona, parece escéptico ante su atractivo, pero finalmente no puede evitar caer en sus redes. A partir de ahí se desarrolla una historia en el más puro estilo romántico. Maupassant, utilizando un narrador omnisciente en tercera persona, con ánimo de distanciada objetividad, analiza en sus personajes los sentimientos y emociones de la pasión amorosa, esa maravillosa ilusión que convierte en sublime lo que es natural; pero también las distintas formas de entender el amor, sus etapas evolutivas y los efectos negativos del mismo; la apasionada posesión, los celos, la frialdad calculada, la frustración del deseo, entre otros muchos matices.
El estilo del relato es aquí sencillo y directo, como suele ocurrir en el realismo. Las descripciones de paisajes, del ambiente y del aspecto físico de los personajes son muy precisas, tanto como la penetración psicológica en los mismos. En particular uno de los asiduos de la mansión de Michèle Burne, el escritor Lamarthe, parece concentrar todo el pensamiento conservador de la época y sus opiniónes sobre el papel de la mujer en esa sociedad están saturadas de tintes misóginos, no sabemos si compartidos o no por el escritor.
Lo primero que pensamos, desde nuestra perspectiva actual, es que la novela es una aguda crítica de la alta sociedad francesa de entonces. Eso es congruente con el carácter misántropo e independiente de Maupassant, que rechazó honores sociales y negó su pertenencia a cualquier movimiento político o literario. Pero a medida que avanza la trama argumental notamos algo más. Y es que el protagonista principal, André Mariolle, se va configurando como el héroe de un folletín romántico en el que todo es excesivo, los celos, las cartas y apasionadas declaraciones, la desesperada frustración, y todo nos hace presagiar un trágico final en suicidio o duelo. Esa exaltación romántica, agotadora y algo tediosa, no cuadra demasiado en una novela realista. Pero en el último tercio del relato se produce un giro inesperado que nos hace presagiar un final que nos sorprende y desilusiona un tanto por su pragmatismo. Entonces entendemos que hemos asistido a una parodia romántica que es en realidad una aguda crítica a los excesos de ese estilo literario tan denostado por los escritores  naturalistas. Algo parecido a lo que Cervantes hizo con las novelas de caballería, sin ánimo de igualar en la comparación.
Para terminar, estamos ante una novela interesante si queremos entender la mentalidad de toda una época. Ahora, desilusionados de la política y escépticos ante los avances sociales, esta lectura nos infundirá un moderado optimismo. Parafraseando a Jorge Manrique: cualquier tiempo pasado no fue mejor.


viernes, 8 de noviembre de 2019

EL BAILE. Irène Némirovsky


Uno de los muchos incentivos de la lectura es la curiosidad, y su consecuencia más inmediata el descubrimiento ocasional de alguna obra que nos sorprende, o de escritores ocultos entre la infinita nómina de la literatura universal. El “boca a boca” entre lectores, o los clubs de lectura, son decisivos para abrirnos hacia nuevos horizontes literarios y encontrar, como ahora, una pequeña joya, y una autora desconocida para mí. Un nuevo nombre que valorar y añadir al grupo de los mejores.
Irène Némirovsky (1903-1942) fue como un relámpago, breve e intenso, en la literatura francesa de entreguerras. Hija de un banquero judío ucraniano afincado en París tras la revolución rusa, fue una escritora precoz. Con sólo 26 años publicó su primera novela, David Golder (1929), que la introdujo en los salones y el ambiente literario parisino. En el curso de 15 años escribió otras tantas, muchas de las cuales quedaron inéditas y guardadas en una maleta, porque la escritora, a pesar de su integración social y conversión al catolicismo, fue víctima de las leyes raciales antisemitas del gobierno de Vichy y tuvo un dramático final en el campo de Auschwitz en 1942. Por suerte sus manuscritos fueron publicados de forma póstuma tras la guerra. La que es considerada su obra cumbre, Suite francesa, fue descubierta de forma casual y editada tardíamente en 2004.
El baile (1930) es una novela corta que cuenta la historia de los Kampf, una familia de judíos alemanes súbitamente enriquecidos por una jugada bursátil en plena crisis del 29. Como nuevos ricos ansían el reconocimiento de la alta sociedad de París, y a tal efecto preparan un gran banquete y baile que los introduzca en ese lujoso mundo, hasta ahora vetado para ellos. La historia está narrada en tercera persona y enfocada directamente a la protagonista principal, Antoinette, una adolescente de 14 años, rebelde y enfrentada a la madre, que contempla los preparativos y se siente frustrada porque le han prohibido la asistencia al magno acontecimiento. Un impulsivo gesto de la joven, fruto de la venganza y de los celos, abocará a un absurdo y dramático desenlace que revelará la debilidad de los lazos familiares.
La novela es un ejemplo de concisión literaria al condensar en pocas páginas, y en un estilo claro y directo, un profundo estudio psicológico de los personajes que deja al descubierto sus carencias y pasiones. La soledad, la difícil evolución a la vida adulta, el despertar al sexo de la hija. La vanidad mundana y el egoísmo de los padres. La obra es también una aguda crítica de la alta burguesía francesa, hipócrita y superficial, y de su afición a los títulos nobiliarios. Con sólo repasar la biografía de la escritora podemos apreciar en los Kampf bastantes coincidencias con su propia familia, sin que se pueda inferir por eso el carácter autobiográfico del relato.
La trama se desarrolla con trazos precisos y un buen equilibrio entre los diálogos, justos y medidos, y cierta austeridad descriptiva. Los recursos de estilo literario son escasos. Es una de esas obras en las que predomina el fondo sobre la forma, pero eso no la desmerece en absoluto y el lector termina por agradecer ese ir directamente al grano, al análisis psicológico y al perfecto retrato de una época. En resumen, una buena novela que ha despertado mi atención hacia Irène Némirovsky, por lo que me emplazo para leer en breve Suite francesa, su obra más valorada por la crítica.

jueves, 31 de octubre de 2019

EL INVIERNO EN LISBOA. Antonio Muñoz Molina


Poco me queda que añadir, sin reiterarme, sobre la literatura de Antonio Muñoz Molina (1956). En no menos de tres entradas de este blog he tenido ocasión de comentar otras tantas de sus novelas y analizar diversos aspectos de su peculiar estilo narrativo. Ahora, a instancia de mi club de lectura, he vuelto a disfrutar de ésta que leí hace años. En mi opinión, la relectura ocasional de un libro puede ser un buen test para calibrar nuestra propia madurez como lectores, y una oportunidad para descubrir nuevos elementos estilísticos o argumentales ignorados la primera vez.
         El invierno en Lisboa (1987) fue la segunda obra del escritor ubetense, la que inició su fama. Fue premiada y versionada al cine,  como algunas más de sus novelas consideradas, no sin dudas, de serie negra. Se presta a ello no sólo por el tema, también por la analepsis literaria, uno de los recursos más típicos del autor que se adapta muy bien al lenguaje cinematográfico, la técnica conocida con la voz inglesa flashback. 
         Es la historia de un amor imposible, el que siente el pianista Santiago Biralbo por Lucrecia, víctima y mujer fatal a un tiempo. Una historia de soledad, de encuentros y despedidas en varios planos temporales. El inicial idilio en San Sebastián, tres años antes. El punto culminante tras el reencuentro en Lisboa, en el marco de una sórdida trama de contrabando de obras de arte. Y finalmente Madrid en el presente del relato, cuando Biralbo cuenta el desenlace del mismo, triste pero previsible.
La obra es un claro homenaje a la música de jazz y también al cine negro, con guiños escénicos que nos recuerdan a películas como Casablanca. Pero no debemos engañarnos, no estamos ante una novela típica de serie negra. No esperemos la acción violenta y trepidante de éstas, por más que la ambientación sea pródiga en lugares oscuros y ciudades frías y brumosas. La acción aquí es lenta y sinuosa, desvelada poco a poco a base de alusiones indirectas o implícitas en los actos de los protagonistas. La descripción del ambiente en los clubs de jazz de San Sebastián o Madrid son perfectas, igual que de las calles y barrios de Lisboa, y no tanto por lo minucioso sino por trazos muy sutiles, propios del impresionismo literario, evidentes para los familiarizados con esos lugares, mientras quedan envueltos en un halo de misterio ante aquellos otros menos conocedores de los mismos. Complicidad con el lector en el primer caso y refuerzo de la intriga en el segundo.
         La trama argumental está contada en primera persona por un narrador, amigo de Biralbo, quizás un alter ego del propio escritor, que se relaciona principalmente con el protagonista. Cuenta los hechos que éste le transmite pero no se ve envuelto directamente en la trama. Aún así, yo diría que su importancia es evidente, no solo porque sus impresiones y sentimientos subjetivos sean decisivos en el retrato psicológico de los personajes y la atmosfera que los envuelve. También porque sus reflexiones en torno al jazz, a la música y el arte en general, trascienden la propia historia y me parecen el reflejo de las ideas estéticas y literarias del propio autor.
Estamos pues ante una novela rica en matices. Una historia de amor y de generosa renuncia. La música como creación que da sentido a la vida.  La amistad desinteresada. La soledad como autoafirmación personal.
         No me cansaré de repetir que, en la literatura de Muñoz Molina, tan importante o más que la trama argumental es ese estilo propio, que lo define tan bien, en el que importa mucho el cómo se cuenta. El predominio de una estética que yo definiría como barroca no por el lenguaje, sencillo, elegante y hasta poético, sino por el inteligente uso de la elipsis narrativa como recurso literario que aporta ese halo de misterio a sus relatos.
          Estamos ante un escritor que exige mucho al lector, por eso sus novelas no gustan a todo el mundo, aunque casi todos le reconozcan calidad literaria. En el caso de ésta, dejará un tanto indiferentes a los que esperen sólo una intrigante trama policiaca. Nada que ver con Raymond Chandler o Dashiell Hammett. Gustará bastante más a esos otros que valoren esos rasgos antes citados, a veces poco perceptibles, que son las señas de identidad del autor.
         En resumen, una estupenda novela que en mi opinión ha merecido la relectura.